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Número 24 - 27 de febrero, 2004
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wenceslao calvo

Trillo y la lengua

‘‘Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.’ (Santiago 3:1-12)

Unas desafortunadas palabras del ministro de Defensa del Gobierno español han puesto en una situación embarazosa al mismo Gobierno y han creado un clima de nerviosismo en las ya de por sí delicadas relaciones diplomáticas con Marruecos. El pasado viernes 20 de febrero en Santa Pola, en una cena con militantes de su partido, el titular de Defensa aseguró que le hubiera gustado haber sido “ministro de Defensa hace ocho años... para haber tomado la isla de Perejil ocho años antes y que nuestros pescadores pudieran faenar en aguas de Marruecos...’ Inmediatamente la ministra de Asuntos Exteriores tenía que ponerse en contacto con las autoridades marroquíes para deshacer el entuerto que las palabras de su colega de gabinete pudieran haber creado.

No es la primera vez que se le escapa algo a Federico Trillo, pues cuando era Presidente del Congreso de los Diputados y pensando que tenía su micrófono cerrado, cuando en realidad lo tenía abierto, pronunció una expresión un tanto ordinaria que fue motivo de chanza durante algún tiempo, y es que esos dichosos artilugios que llamamos micrófonos se han revelado como verdaderas armas de doble filo, pues aunque son amplificadores de ideas programáticas y elocuentes discursos, también pueden ser, jugando malas pasadas, altavoces que abochornen al orador de turno. No obstante, lo del Congreso fue una anécdota en comparación con lo de Santa Pola, que ha tenido repercusiones internacionales. Lo primero quedaba en casa pero lo segundo trascendía de casa. Lo primero era un exabrupto espontáneo hecho público sin querer pero lo segundo, en el entusiasmado transcurso de una copiosa cena y en el arrebatado ambiente de campaña electoral, era una declaración de intenciones en toda regla. Posteriormente el ministro ha lamentado sus palabras y se ha desdicho de las mismas.

¡Qué importancia tan grande tienen las palabras que pronunciamos! No es de extrañar que hayan sido objeto de meditaciones y sentencias a lo largo de los tiempos y de las culturas. Vayan algunas muestras como ejemplo:


‘El hombre superior debe ser lento en sus palabras pero diligente en su conducta.’ (Confucio).
‘El que es profuso en palabras es mezquino en hechos.’ (Raleigh).
‘Los seres humanos nacen con dos oídos pero con una sola lengua, para que hablen la mitad de lo que escuchan.’ (Cotton).
‘Mientras la palabra está sin pronunciar tú eres el dueño de ella, pero una vez pronunciada ella se adueña de ti.’ (Proverbio árabe).
‘Hay muchos hombres que podrían gobernar multitudes si pudieran gobernar su lengua.’ (George D. Prentice).
‘Al examinar la lengua del paciente los médicos conocen las enfermedades del cuerpo, así los filósofos las enfermedades del corazón.’ (Justino).
‘Creo que la primera virtud es dominar la lengua. El que sabe permanecer en silencio hasta cuando lleva razón es el que más cerca está de los dioses.’ (Catón)
‘Por la boca muere el pez.’ (Dicho español).
‘Una palabra es una cosa insignificante, pero una sola es capaz de fijar el destino de un ser humano.’ (Josh Billings).


La Biblia tiene mucha enseñanza sobre la importancia de las palabras que pronunciamos y seguramente es en el libro de Proverbios donde encontraremos más abundancia de referencias a este tema. Pero el pasaje clásico al respecto es el texto arriba mencionado del cual podemos extraer provechosas lecciones:

1. La lengua tiene una carga de influencia en relación directa al puesto de responsabilidad que una persona ocupa. De ahí la palabra de precaución ‘No os hagáis maestros muchos de vosotros.’

2. La lengua es la piedra de toque que nos da la medida de nuestra madurez. Si la madurez consiste en el dominio propio y la inmadurez en la falta de dominio propio, entonces el dominio de nuestra lengua es el termómetro que nos indica cuán maduros somos. ‘Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto.’

3. El desgobierno de la lengua redunda en destrucción y ruina a nuestro alrededor. Más de una iglesia ha sido destruida por la lengua. ¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!.

4. El alcance de la lengua va más allá de nuestro entorno inmediato y sus repercusiones escapan a nuestro control. Tiene un efecto catalizador para poner en marcha todo un proceso devastador. ‘Inflama la rueda de la creación.’

5. El daño que hace la lengua es irreversible así como el daño que hace la víbora lo es. ‘Llena de veneno mortal.’

6. El adversario se encarga de enredar y liar lo que ha salido por nuestra lengua. ‘Ella misma es inflamada por el infierno.’

7. La contradicción de la lengua no es más que la contradicción de nuestro carácter porque la lengua no es otra cosa que la proyección de nuestro carácter. ‘Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.’

El ministro de Defensa ha sido puesto en evidencia y a estas horas se arrepiente de sus palabras. Tengamos nosotros cuidado no sea que nos pase algo parecido o peor. Que sopesemos nuestras palabras (habladas o escritas) para no tener que lamentarlas.

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España.

 
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