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Número 24 - 24 de febrero, 2004
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JUan simarro

Teología de la acción social

Aunque haya creyentes que quieren hacer un trabajo social totalmente aséptico, aunque se pueda valorar toda acción social de ayuda a las personas excluidas como un valor en sí y no subordinado a otras tareas evangelísticas, aunque haya ONGs evangélicas que tienen un voluntariado no creyente y no ven la necesidad de insistir en la bondad de tener un voluntariado evangélico en las obras evangélicas, la acción social tiene su lugar en la teología y puede devenir desde sus propios postulados, así como toda teología tiene que buscar su lugar social.

Yo soy de los que creen que la acción social tiene un valor en sí, independiente de otras tareas evangelizadoras a las que no se debe subordinar. Dar de comer al que tiene hambre tiene un valor en sí en paridad con cualquier otro acto evangelístico, de adoración, culto o alabanza.

Pero para el creyente que ha sido renovado en el sentido del nuevo nacimiento del que habla Jesús, las ideas de projimidad y de servicio no dimanan exclusivamente de factores sociales o humanitarios. Entroncan directamente con la vivencia de la fe, la fe que según el apóstol Pablo, actúa a través del amor. La acción social como fe actuante ante la marginación del prójimo, como fe que necesariamente me tiene que mover a misericordia, entronca con la teología, con la vivencia del cristianismo. Por eso la acción social puede ser cristiana, entendida desde la vivencia de la fe, un hecho teológico que podría justificar el que ONGs cristianas desearan tener solamente un voluntariado cristiano. Vivir la acción social desde la vivencia de la propia fe. Que mi acción dimane de mi compromiso con Jesús que me conecta necesariamente con el prójimo en necesidad.

El compromiso social puede ser una categoría teológica que me permite ver, analizar, interpretar y juzgar la realidad con la visión que el creyente percibe con los ojos de la fe, ver las realidades sociales a la luz de la experiencia transformadora y cambiante de la fe viva y actuante a través de un amor solidario. Ver la realidad desde la experiencia de una salvación liberadora que me convierte, a su vez, en un agente de liberación de los débiles y necesitados del mundo... Porque la experiencia de la fe los convierte en mis hermanos, mis prójimos, hijos de un mismo Padre. Y para los que piensen que los no creyentes son criaturas y no hijos de Dios, les diré que mi acción, que dimana de mi fe, también puede valer para que éstos lleguen a recibir la categoría de hijos. Los hechos hablan tanto como las palabras... y en la acción social también se deben involucrar palabras.

Por otra parte, si observo el ejemplo de Jesús, como seguidor suyo, veré varias perspectivas y realidades que me van a hacer pensar:

  • Que Jesús se ubica, desde la presentación programática de su ministerio citando al profeta Isaías en Lucas 4:18-21, en los ambientes de opresión, pobreza y marginación de las personas. Será desde este lugar teológico desde donde lance sus mensajes evangelísticos y desde donde se desarrolle toda su acción mesiánica.
  • Que es este lugar teológico, el de los pobres y los sufrientes del mundo, desde donde la Iglesia debe hacer teología. La teología se debe hacer desde las perspectivas del compromiso y solidaridad con el hombre, desde la búsqueda de la justicia y desde la dignificación de aquellos a los que se les ha robado su dignidad. Hoy, el cristianismo que se vive desde muchas insolidaridades, se debería replantear desde estas perspectivas, hacer toda una reformulación teniendo en cuenta al Jesús histórico con sus prioridades, estilos de vida y compromisos. Deberíamos cuestionarnos nuestra vivencia cristiana a la luz de la experiencia activa de una fe viva que salva no solamente para la eternidad, sino para nuestro aquí y nuestro ahora en forma de liberación y dignificación.
  • Que las experiencias de gratuidad de Dios, de salvación por gracia como un don o regalo no merecido, los conceptos bíblicos de que somos peregrinos que no tenemos ciudadanía permanente en esta tierra, el no instalarnos en la fatuidad de las riquezas ni en los sistemas o estructuras sociales injustas y perecederas, las ideas de que estamos de paso e instalados en lo provisional en espera y búsqueda de lo eterno, las ideas de que no somos nuestros y que somos dependientes, las exclusiones de egoísmos y las búsquedas a las que somos llamados los cristianos, como el compartir solidario y la esperanza única en nuestro Dios al que debemos todo lo que somos y tenemos, se viven mejor desde el lugar teológico que son los pobres y excluidos del mundo, lugar privilegiado para experimentar al Dios que nos llama a ser una mano tendida hacia el prójimo que sufre: “Por mí lo hicisteis”, dice el Señor. Frase que da fundamento teológico a toda la acción social cristiana. De ahí que se pueda hablar de una Teología de la Acción Social.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía,
escritor y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.

 
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