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Matar en nombre de Dios
Llegan noticias que hacen dudar si el ser humano desciende de Dios, del orangután, del lobo o de la hiena. En la tarde el sábado 21 de febrero un centenar de hombres armados irrumpieron en un campamento de refugiados situado a 360 kilómetros al norte de Kampala, capital de Uganda, y mataron a 192 personas, incluidas mujeres, ancianos y niños. “No tengo palabras para describir lo que he visto”, dijo a la Agencia France Presse Sebhat Ayele, un misionero eritreo que trabaja en el campamento. “La escena es terrible”, añadió.
Los autores de la masacre fueron en su mayoría niños y adolescentes integrados –el dolor me apuñala el alma- en un llamado Ejército de Resistencia del Señor. Su líder, Joseph Kony, dice que quiere instaurar en esa zona de la maltratada África un régimen basado en los Diez Mandamientos.
(Si tiene usted gana de hacerlo, deje de leer, vaya al baño y vomite. No es para menos).
Según Amnistía Internacional, en este Ejército de Resistencia del Señor hay en la actualidad entre 4.000 y 5.000 niños. Niños que matan para imponer el ideario de los Diez Mandamientos.
Pensándolo con calma, nada hay nuevo bajo el sol.
La religión lleva en sí misma la guerra como las nubes llevan la lluvia.
La primera guerra de la que tenemos noticia tuvo lugar en el cielo. Una guerra misteriosa que sólo se refiere en el capítulo 12 de Apocalipsis.
En el capítulo 21 del libro de los Números se alude a un extraño libro llamado “Libro de las guerras de Jehová”. Los estudiosos del Antiguo Testamento dicen que este libro anda perdido. Mejor. Ojalá no aparezca nunca. En todo caso, sería un libro de las guerras de Jehová fomentadas y contadas por hombres.
Las tres religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islam han sido religiones guerreras.
El Judaísmo fue construido sobre cinco grandes episodios guerreros: El éxodo de Egipto, las guerras contra los filisteos, el exilio a Babilonia, la guerra de los Macabeos y el sitio de Masada.
Para los judíos, el grito de guerra era un grito religioso, el grito de Jehová.
Cuando el pueblo judío se organizó como nación en 1948, los padres del nuevo Estado estudiaron dos posibles nombres: Judá o Israel. Judá significa alabanza, elogio. Demasiado blando, pensaron. Eligieron Israel, que es nombre de lucha (Génesis 32), de combate, de guerra.
El Islam, que tantas cosas heredó del judaísmo, también heredó el amor aborrecible a la guerra.
El Islam hace acto de presencia en Arabia a principios del siglo VII. En 20 años se expande por todo el Oriente Medio. En menos de un siglo conquista inmensos territorios desde la India hasta España y parte de Francia.
Blandiendo la espada de la nueva religión, con el Korán como guía religiosa y motor guerrero, a lomos de cabalgaduras encendidas por el chirrido de los sables, los ejércitos musulmanes masacran, conquistan, matan en nombre de Dios, el nuevo Dios llamado padre de la guerra.
¿Ha sido diferente el Cristianismo? Durante los tres primeros siglos los cristianos se dejaban matar. Después del año 312 fueron ellos los que mataban.
¡Y de qué manera! La historia del Cristianismo es una historia de sangre.
Desde el siglo IV al siglo XX el Cristianismo ha protagonizado dieciséis siglos de guerras sangrientas. Las Cruzadas se mantuvieron durante seis siglos, desde el XI al XVII. La Inquisición mató en nombre de Dios desde el siglo XI hasta que las Cortes de Cádiz dijeron en 1820 ¡basta ya! Lutero encendió a Europa en una matanza que duró 30 años. Todos, unos y otros, lo hacían en nombre de Dios, por amor a Dios, por defender el honor de Dios, por satisfacer a Dios. ¡Demencial!
Hasta hoy, cuando en 1936 un caudillo elegido “por la gracia de Dios” provoca un millón de muertes. Y más recientemente, ahora mismo – lo dice el título de un libro que anda por ahí- ETA NACIÓ EN UN SEMINARIO.
Lo último es lo primero en este artículo: Un tal Joseph Kony, que debe tener el alma tan negra como la piel del cuerpo, crea un Ejército de Resistencia del Señor, rapta, droga y forma a 5000 niños en la locura de matar y quiere crear un Estado regido por los diez mandamientos ¿También el de “no matarás”?
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España) |