| Justicia y amor
En Macedonia, un país de mayoría ortodoxa y musulmana, se levantó un Presidente que era pastor protestante, y que desgraciadamente acaba de morir en un accidente aéreo. En la España de mayoría católica, no sólo no existen figuras políticas evangélicas, sino que aún esperamos un trato que se pueda considerar igualitario. Lo primero es responsabilidad de los propios protestantes, pero lo segundo es una obligación del Gobierno.
Ante esta situación parece casi indispensable o bien resignarse (en una resignación que desde nuestro punto de vista tiene poco de cristiana) o enfrentarse de manera respetuosa pero decidida.
Aplaudimos la decisión de la FEREDE de luchar sin miedo a perder nada, puesto que a estas alturas casi todo está perdido; y la valentía de Manuel Sarrias –Secretario general de la Unión Evangélica Bautista Española- en su denuncia de la confesionalidad encubierta del Estado español, en el encuentro al que Aznar por primera vez invitó (a su pesar, eso sí, lean la noticia) a un evangélico español.
Desde Protestante Digital apoyamos todas estas medidas, y nos consta que la Alianza Evangélica Española (AEE) apoyaría la petición, aún no solicitada, para que mueva sus hilos europeos y poder así alcanzar al Parlamento de la Unión Europea. Aplaudimos también esta disposición de la AEE a ayudar si su ayuda es pedida, en ese talante de crear y potenciar las redes -no sólo virtuales como esta revista- sino especialmente humanas. Porque las soluciones (y los problemas) son nudos sin resolver, redes que nunca quisieron entrelazarse.
Aunque al final, lo importante y estimulante es no perder ese fruto que vemos cosechado en la comunidad quechúa de Perú, que al margen de actividades políticas ha experimentado toda la dimensión del auténtico amor en su doble dimensión: vertical y horizontal. Horizontal en los hombres y mujeres del equipo de la Comisión de Participación y Ayuda que dirige la Dra. Francisca Capa, un ejemplo de entrega, coherencia y responsabilidad. Vertical porque aunque este equipo ha sabido expresar que los cristianos amamos sin esperar nada a cambio, sí han sabido esperar el momento en que responder al pueblo quechúa esa pregunta que finalmente llegó: ¿qué Dios tenéis que os lleva a ayudarnos de esta manera?
Luchemos por la justicia, pero por encima de todo vivamos el amor. Al fin y al cabo, es el maravilloso yugo que nos dejó Jesús de Nazareth. |