D o m i n i c a l
Número 25 -7 de marzo, 2004
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
Mis historias
MARIO ESCOBAR

Isabel la católica: conquistando el reino

Verdades y mentiras (III)

Ayer, en unos grandes almacenes de la ciudad, encontré una biografía de la reina Isabel escrita por un antiguo profesor mío de la Universidad. Apenas pude ojear el libro un poco, enseguida pensé en los cientos de biografías que saldrán sobre la reina Isabel durante este año. Pero, ¿por qué sigue levantando tantas pasiones una reina que murió, hace ahora quinientos años?

Fernando e Isabel, Isabel y Fernando son mucho más que unos reyes medievales. Suponen la construcción del primer estado moderno en la Península, el comienzo de un Imperio que duró trescientos años. Pero todavía, la futura reina tenía que ganar por sus propias fuerzas el trono, la tarea no iba a ser fácil.

La muerte del rey Enrique IV el 12 de diciembre de 1474 aceleró el proceso. Isabel era proclamada como reina al día siguiente en la ciudad de Segovia. Otra muerte, unos meses antes, la del privado del rey el marques de Villena, dejaba al bando de la princesa Juana sin uno de sus dirigentes más importantes. La cercanía de las dos muertes, apenas dos meses de diferencia, alarmó a la corte y convirtió a Isabel en sospechosa de envenenamiento, una práctica muy habitual entre las casas monárquicas durante la Edad Media.

La proclama de la nueva reina es clara: ¡Castilla, Castilla, por la reina doña Isabel, y por el rey Don Fernando, su legítimo marido! Este título de rey consorte no agradó a Fernando, que en ese momento estaba resolviendo unos asuntos en Aragón. Al final, la cordura y el sentido de estado le hicieron recapacitar. En ese momento lo que Castilla necesitaba era estabilidad y unidad. Con los acuerdos de Segovia el 15 de enero de 1475, quedaban fijadas las atribuciones de cada uno de los reyes.

Isabel conocía las consecuencias de su ascensión al trono, pero estaba convencida del derecho divino que le asistía al afirmar que Señor, en cuyas manos es el derecho de los reinos, por la disposición de tu Providencia, me has puesto en este estado real en que hoy estoy, suplico humildemente, Señor, que oigas agora la oración de tu sierva y muestres la verdad y manifiestes tu voluntad con tus obras maravillosas ... .

Alfonso V, tío de la princesa Juana y rey de Portugal, no tardó en ponerse del lado de la princesa para defender sus derechos. Los franceses también se unieron a la causa de la princesa. Las malas noticias no se hicieron esperar. Primero la repentina muerte del hijo que esperaba la reina, después informes sobre los movimientos de los partidarios de Juana, que tomaban posiciones en Extremadura, Murcia, Burgos, Toro y Zamora. Los reyes no tenían recursos para armar un ejercito, apenas podían mantener a su guardia personal. Las Cortes aportaron una mínima parte, los nobles leales formaron un ejército de 25.000 soldados. En poco tiempo se recuperó León, Zamora y Burgos. La reina fue clemente con sus enemigos, abandonados por las fuerzas portuguesas, queriendo cerrar para siempre la herida de la guerra civil en Castilla.

El siguiente paso de la reina fue convocar las Cortes de Madrigal, necesitaba exponer su programa de gobierno. Lo primero que dejó claro era que Dios había escogido a la pareja para reinar en Castilla. Con el fin de evitar los desmanes de bandidos, se creaba la Santa Hermandad, especie de policía rural, aunque lo que en realidad perseguía esta medida era desmilitarizar a la nobleza.

En el sur de la Península se encontraban los últimos bastiones de resistencia a los reyes. Toledo, Sevilla, Extremadura, Córdoba, Cádiz y Jerez de la Frontera.

La derrota de Portugal a las orillas del río Albuela el 24 de febrero de 1479, adelantó la paz, una paz deseada por gran parte de la nobleza portuguesa.

La paz de Alcáçobas, en la primavera de 1479, terminaba con la guerra civil. Los castigos más duros recayeron sobre algunos nobles y en especial, sobre el arzobispo de Carrillo. Portugal tuvo que ceder y negociar las fronteras, los límites marítimos y las rutas comerciales.

La paz con Francia se había firmado en enero de ese mismo año. Pero, aún quedaba un problema por solucionar, ¿qué podían hacer con la princesa Juana? Una de las propuestas era que la princesa se casara con el pequeño príncipe Juan, hijo de Isabel. La reina no aceptó esta solución. La única salida era internarla en un convento lo más alejado posible de Castilla. Al poco tiempo, la princesa profesaba en el monasterio de las clarisas de Coimbra. Pero, la reina quería dejar todo bien atado, por lo que pidió al Papa Sixto IV una bula para recluir de por vida a la princesa en el convento. Cuando en 1495 la princesa pidió ser dispensada de sus votos, Isabel escribe la siguiente carta al rey portugues: ... nos prometió e juró no consentiría ni daría en alguna manera que la monja doña Juana casase con nadie ni saliese de la religión de Santa Clara ... La reina ni olvidaba ni perdonaba.

En 1479 Fernando se convertía en rey de Aragón. La monarquía hispana se ponía en marcha, nada podría detenerla.

Mario Escobar Golderos es licenciado en historia y director de las revistas “Historia para el debate” y “Kerigma".
© M.E.G., ProtestanteDigital.com, 2004

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
. PUBLICIDAD


© 2004 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: