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Número 26 - 14 de marzo, 2004
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pablo Martínez VILA

Pragmatismo: su naturaleza materialista

"El triunfo del materialismo"
Miguel Alcántara (óleo sobre tela)

El pragmatismo busca una satisfacción inmediata de cualquier necesidad o deseo: el hedonismo. Esta característica se une a la primera, el egoísmo: ambas se han visto en los dos artículos anteriores. Al diseccionar el pragmatismo de nuestra sociedad, encontramos una tercera característica: valora el éxito según resultados tangibles, mensurables, en especial los que se pueden medir con números.

Las cifras son el tótem que, finalmente, determina el fracaso o el éxito de un proyecto. Todo se valora según los números. En este sentido podemos decir que es un sistema materialista. La primera conclusión del pragmático era: «Si no lo necesito, no lo quiero»; la segunda: «¿Por qué no ahora?». Este tercer aspecto lo podemos resumir con el dicho «los números cantan».

Los resultados valorados en cifras constituyen el criterio fundamental para decidir si algo va bien o mal, si funciona o no funciona. Vaya por delante que este criterio es lógico y aceptable en el mundo empresarial. Pero si se aplica de forma ilimitada v deshumanizada, el lugar de trabajo deviene una forma moderna y legalizada de esclavitud.

Los aspectos positivos del capitalismo pueden trocarse en un infierno si los únicos que cuentan son los números de la empresa.

Un ejemplo de la vida comercial nos lo ilustra. Los agentes comerciales de una empresa se ven sometidos a una presión extraordinaria por parte de sus superiores. ¡Por supuesto que vender es su trabajo! ¡Su obligación es vender! Pero ya no parece tan lógico que, con demasiada frecuencia, se les obligue a hacer «la cuadratura del círculo», exigiéndoles resultados casi imposibles bajo amenaza de perder incentivos o incluso su lugar de trabajo. Lo único que cuenta es que, a final de mes o a final de año, los números salgan. Hay que vender y vender. No importa que el precio sea engañar al cliente o hipotecar la salud del comercial, o su vida personal y familiar. Así, muchos acaban en la consulta del médico con un infarto de miocardio, con estrés severo, con depresión u con la familia rota.

Cuando una empresa supedita la salud física y emocional de sus obreros a los resultados económicos de final de año, se está dejando llevar por un pragmatismo deshumanizante que, a la larga, será un negativo para la propia empresa.

Pablo Martínez Vila ejerce como médico psiquiatra en Barcelona (España), donde también colabora corro anciano en una iglesia bautista. Además es presidente honorario de los GBU y presidente de la Alianza Evangélica Española, y un conocido conferenciante y expositor bíblico en España y otros países.

© P. Mnez. Vila, revista Andamio (GBU), España 2004, ProtestanteDigital

 
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