| La canción del pirata
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
mientras yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.
Esta es una estrofa de “La canción del pirata” ( Que es mi barco mi tesoro,/mi dios la libertad,/mi ley la fuerza del viento,/mi única patria la mar, canta el estribillo). Algo muy romántico, que expresa el anhelo de libertad del ser humano, sin que nada ni nadie le constriña.
Miles de esos piratas, que alejados del halo romántico son asesinos sin alma, mataron a cerca de dos millones de sus conciudadanos. Eran el terrible “Jmer Rojo” camboyano.
Hoy en día, esos mismos hombres sedientos de sangre encontraron que su sed era insaciable, y que sólo la sangre de Jesús podía ofrecerles el perdón y la nueva vida que anhelaban.
Hoy en día, su canción sigue siendo de libertad, pero ya no es el tesoro su barco y su dios la libertad del primer impulso. Su tesoro es una persona que jamás engañó, ni prometió en vano. Que tampoco quedó por debajo de su “programa electoral”, que era el máximo amor unido a la máxima justicia: Jesucristo.
Hoy en día estos antiguos asesinos están demostrando en Camboya que una sociedad puede cambiar, no sólo al predicar el mensaje de la Biblia, sino al vivirlo. Vivir el perdón; vivir el reconocimiento de los propios errores y los ajenos; vivir que la única parcela que poseemos es aquellas que Dios quiere prestarnos: cuerpo, alma, espíritu, familia, coche, iglesia, trabajo, casa, conocimientos…
Hasta que un día descansemos de tanto esfuerzo, satisfechos si henos intentado amar de corazón y de obra al Maestro, desarraigar lo malo, construir pozos donde otros beban.
Mientras tanto, allá muevan feroz guerra ciegos reyes en Chiapas, México. O en la España de charanga y pandereta que hace de la religión folclore, o se acerca al “lado oscuro” de la inquisición (y esto pasa en todas las creencias y religiones).
A pesar de todo, proclamemos que Jesús es nuestro tesoro, que en Dios está nuestra libertad, que nuestra ley es su Palabra y nuestra patria la del Espíritu que vuela libre sobre montes y collados, sobre cadenas y vallas.
Allá muevan feroz guerra ciegos reyes…
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