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Terror y dolor sin palabras
Sobrecogida recibo hace escasos minutos la terrible noticia. Madrid se tiñe de tragedia ante actos incalificables de irracionalidad humana. Anegada de incomprensión intento escribir, sabiendo que ninguna palabra podrá calmar el dolor, la indignación que se siente en estos momentos.
Me he despertado esta mañana acariciando los primeros sones de una precoz primavera, deseando disfrutar de un día que auguraba ser espléndido, pero he sentido -como lo han experimentado muchas personas- el azote helado de la maldad en toda su crudeza.
No tengo frases para describir este sentimiento de indignación, no conozco un término exacto que pueda expresar este resquemor que me daña por dentro. Sólo puedo exteriorizar mi más enérgica repulsa ante vilezas como estas, actitudes inhumanas cargadas de odio, repugnantes...
Lo lamento profundamente, sintiendo pesar por cada persona que de forma directa haya perdido a un ser querido.
Lo siento por todos y cada uno de nosotros, los que amamos la libertad, el derecho a la vida, porque con sucesos tan indignos perdemos una parte de nosotros mismo.
Y especialmente lo siento por ellos, los asesinos, pues creyéndose fuertes, poderosos, simplemente consiguen hacerse más y más presos de su propia sinrazón, esclavos de la maldad. Acabarán pagando de forma justa todo cuanto hacen. No creo en la justicia del hombre, pero sigo creyendo el la sabia justicia de Dios.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |