| Las Romas imperial y vaticana
Ha existido un cambio inesperado al frente del Gobierno de España, donde el Partido Socialista (PSOE) ha sustituido al Partido Popular (PP). Al margen de análisis políticos y de voto, creemos que lo más importante como cristianos es valorar las implicaciones que este giro puede suponer para los creyentes.
Siguiendo la idea de la carta que hemos recibido de un lector, podemos analizar aspectos, diferencias y posibilidades de ambos tipos de Gobierno comparando el Imperio de Roma y la Roma vaticana (sin que con ello identifiquemos directamente unos y otros).
Durante la Roma imperial (hasta la persecución) el cristianismo se difundió gracias a la pax romana , que permitió al apóstol Pablo y sus compañeros de fe extender el Evangelio en la Europa de su tiempo. Una buena muestra es que en muchos aspectos, en cuanto a legislación, el Derecho actual arraiga en el Derecho romano. Pero, sin lugar a dudas, Roma era de una moral profundamente contraria al mensaje de la Biblia, y así lo denunciaron los primeros cristianos.
Por otra parte, el gobierno de quienes se identifican con la Roma vaticana era/es en teoría de una moralidad cristiana, aunque en la práctica muchos dirigentes políticos vinculados al catolicismo defienden el aborto, practican la infidelidad matrimonial de manera más que conocida, y se divorcian para casarse –con las bendiciones de “la” Iglesia- con otras mujeres, generalmente bastante más jóvenes que la esposa original; sin entrar en otras cuestiones, que podríamos entrar. Y junto a esto, el espíritu de la Contrareforma –también de renovación moral- sólo sirvió para aniquilar o marginar la libertad religiosa en España.
Lo ideal –no lo dudamos- sería una legislación con valores morales y que defienda la libertad religiosa. Pero esto, nos tememos, no ocurre de forma generalizada ni en la misma Iglesia. Por otro lado, tampoco se puede obligar al pueblo de una nación a cumplir una ley de valores cristianos que en la realidad diaria no se aprueba ni se practica. Desgraciada experiencia existe de la España franquista en este sentido. Y actualmente sería querer imponer una legislación moral a una sociedad a mitad de camino entre Corinto y Sodoma & Gomorra.
Por ello, entendemos que -sin dejar de defender y luchar en cuanto a opinión pública el ideal de la ética cristiana- lo esencial es que exista libertad para que la Iglesia –como cualquier otro colectivo social, ni más ni menos- pueda difundir sin coacciones su mensaje y valores, que sí puede producir una reforma moral interior y profunda. En este sentido, según evidencian los informes de FEREDE el anterior Gobierno ha recibido en cuestión de libertades un suspenso monumental.
Ahora falta por ver si el nuevo Gobierno será capaz de dar un giro al ejercicio y desarrollo práctico de la libertad religiosa. Y al decir capaz hablamos no sólo de sus propias decisiones, sino también de las personas e instituciones protestantes en su labor de relación y diálogo. Por cierto, que desde aquí recomendamos a la FEREDE –si es que se admiten recomendaciones- que no deje de potenciar el diálogo con el “nuevo” PP. Seguro que ahora estará mucho más receptivo, y su ayuda no sería desdeñable en algún que otro momento.
Como resumen, y recogiendo la idea de nuestro lector, si tuviésemos que elegir a la fuerza entre dos opciones que ninguna de ellas nos parece adecuada, preferiríamos antes a la Roma imperial que a la Roma vaticana; de la misma forma que en un país árabe no daríamos de entrada la prioridad a los aspectos morales de sus sus leyes, pero sí nos gustaría que existiese en cambio libertad religiosa. Un hecho, por desgracia, muy poco frecuente.
Un último dato: Jesús fue más cercano con los publicanos y pecadores que con los pulcros y correctos fariseos; sin que evidentemente esto signifique intención de voto alguno. Las prostitutas y los ladrones, dijo Jesús, estaban más cerca del reino de los cielos. Un dato a meditar.
Pedro Tarquis es médico y director de Protestante Digital |