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“ELEAZAR O EL MANANTIAL Y
LA ZARZA ”
Por
Michel Tournier, Santillana Ediciones, Torrelaguna, 60, 28043-Madrid. Teléfono 91-7449060, Madrid 2003, 133 páginas (crítica de JUAN DE RABAT)
Michel Tournier, nacido en Paris en 1924, es una de las figuras capitales de la literatura francesa de nuestro tiempo. Ha publicado novelas muy leídas, como MEDIANOCHE DE AMOR, EL ÁRBOL Y EL CAMINO, EL REY DE LOS ALISOS, que le valió el prestigioso Premio Goncourt, VIERNES O LOS LIMBOS DEL PACÍFICO, distinguida con el Gran Prix du Roman de la Academia francesa, y otras que han sido aplaudidas en varios idiomas.
Recomiendo este hermoso libro. Tiene pocas páginas, el tipo de letra es grande, las líneas están bien espaciadas, y el argumento prende, ilumina.
Michel Tournier ha confesado que las historias de la Biblia constituyen una continua fuente de inspiración para sus libros. Cuenta que la novela la compuso cuando un especialista en el texto hebreo del Antiguo Testamento le planteó esta pregunta: “¿Cómo es posible que Moisés, el gran patriarca, el único que ha sostenido la mirada en plena revelación de Dios, fuera excluido de la tierra prometida?”.
Tournier parte de la historia del Éxodo en la construcción de su personaje principal: Eleazar, un pastor protestante que emigra a Estados Unidos, la tierra prometida.
La acción se sitúa en la Irlanda del siglo XIX. Eleazar es un hombre de condición humilde que alcanza el pastorado en la Iglesia Anglicana. Conoce a una joven tullida, Esther, hija de terratenientes, que ven en el matrimonio la forma de librarse de ella. De la pareja nacen dos niños sanos, llenos de vida: Cora y Benjamín.
Eleazar, que ejerce su ministerio religioso en zonas católicas de Irlanda, sufre las consecuencias de la intolerancia religiosa. Pero “sentía a veces un impulso de solidaridad y de ternura hacia aquellos hermanos separados, y soñaba entonces con una conversión al catolicismo”.
La fatalidad se cruza un día en su camino. En un erial desolado, bordeado por la rocalla del acantilado, contempla una escena “que lo devolvió brutalmente a su adolescencia”.
Un individuo golpeaba con un látigo a un adolescente pastor de ovejas.
-Deténgase, por el amor de Dios”, exclamó.
Pero el hombre seguía golpeando. Obedeciendo a un impulso más fuerte que su voluntad, Eleazar descarga su bastón varias veces sobre la cabeza del individuo y lo mata. Entre él y el joven lanzaron el cadáver al vacío, donde rugía la marea ascendente.
Es una réplica casi literal de Moisés matando al egipcio que golpeaba a un hebreo.
Como lo es también la huida a tierras de Madián.
Eleazar reúne a su familia y parte hacia Estados Unidos. En la tierra prometida se suceden los peligros. Los desiertos que cruzaban en carromatos se les antojaban como un vacío poblado de miradas. Los indios y los forajidos constituían una amenaza constante. La fe de Eleazar desfallecía. Su esposa, Esther, aguantaba. “Dado que era más profundamente cristiana que el pastor, poseía un sentido doloroso del sacrificio y sabía que los decretos de Dios pueden ser sangrientos”.
Con todo, la dimensión simbólica de la novela, que mantiene el aliento narrativo, no asfixia.
La tierra prometida a la que Eleazar conduce a su familia es California. La puede ver, pero no llega a ella del todo. Cansado, enfermo, dice a la familia: “La zarza me hizo saber que Dios no me permitiría descender a ese valle lleno de vegetación. Como tampoco permitió a Moisés pisar la tierra de Canán. No me quedan fuerzas, de todos modos. No podría dar un paso más. Siento que la vida me abandona minuto a minuto. Os ordeno que me dejéis ir solo a donde Dios me espera”.
Se dirige hacia un bosquecillo cercano y allí muere. A la mañana siguiente Esther y los niños van a rezar sobre su cuerpo y luego lo entierran.
La novela de Tournier está bien escrita y traducida con sumo cuidado. Ilumina la acción con destellos de la mejor literatura y se lee con gran placer.
Juan de Rabat, escritor y crítico literario.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
BJMM (Biblioteca José María Martínez)
“CRISTO EL INCOMPARABLE
”, Ediciones Evangélicas Europeas.
Sin fecha, 54 páginas . (Crítica
de JUAN ANTONIO MONROY)
Aunque los editores olvidaron poner la fecha de impresión, el segundo libro de José Martínez fue escrito después de TU VIDA CRISTIANA, hacia 1962. Es una obra breve en la que el autor expone ideas originales y extrae enseñanzas de la epístola que Pablo escribió a los colosenses.
Si aceptamos que la iglesia en Colosas fue fundada en torno al año 50 después de Cristo, ¿cuántos comentarios se habrán escrito sobre esta epístola a lo largo de veinte siglos? ¿Pueden añadirse conceptos nuevos, desentrañar misterios que los siglos hayan ocultado? Me atrevo a decir que José María Martínez lo hace, iluminada su mente por el Espíritu que todo lo escudriña y casi todo lo revela, forzando el pensamiento hasta exigirle nueva luz, dejando que su pluma corra sobre el papel como un niño sobre la nieve que goza por vez primera.
La Iglesia en Colosas había caído en una serie de herejías que, entre otras desviaciones, se negaban a centrar sus creencias y prácticas religiosas en Cristo. Es la razón que mueve a Pablo a ofrecer en su carta una cristología propiamente dicha.
Por este camino anda José María Martínez. Siguiendo uno a uno los argumentos de Pablo, Martínez establece su propia cristología. Esta intención da título al libro. Cristo es incomparable, a decir, la figura de Cristo no admite comparación alguna, está más allá y por encima de todas las comparaciones. “En El habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (2:9-10).
No queda aquí Martínez. En cinco breves capítulos nos explica por qué, según visión propia, Cristo es incomparable.
Lo es por su propia grandeza, que hasta un racionalista como Ernesto Renán se vio obligado a admitir en su famoso libro VIDA DE JESÚS. Martínez va más lejos. Y acierta cuando escribe: “¿Quién podría medir la largura y la anchura, la profundidad y la altura de un tema como el de la persona de nuestro adorable Redentor?”.
A la grandeza de Su persona se une la grandeza de Su obra. El autor destaca algunos de los aspectos fundamentales de la obra de Jesús, señalando en primer lugar la redención del género humano, expiando sus culpas en la cruz. Entre la estrella blanca que prestigió a Belén y la cruz que ensombreció a Jerusalén, la obra de Cristo estuvo marcada por un hacer constante.
De aquí nos viene el contenido del tercer capítulo en el pequeño libro de José María Martínez. La redención fue la obra suficiente de Cristo. Con esta verdad en su alma, Martínez aguijonea al creyente: “Los cristianos no tienen necesidad de perder su tiempo escarbando en las especulaciones humanas”. Y argumenta sus razones: “En Cristo y en su absoluta suficiencia tenemos “todo lo que concierne a la salvación”.
Luego la consecuencia es lógica para el cristiano renovado, o debería serlo: engrandecer a Cristo en su vida. Hacer del Incomparable un modelo a seguir. Para Martínez, un segundo título de la epístola a los colosenses podría ser: “Aplicando la grandeza de Cristo a la vida del cristiano”. Esto supone pasar bruscamente en la lectura de la epístola de la parte doctrinal a la parte práctica.
A mi me resultan ilustrativas y encantadoras las cinco páginas y media que componen el último capítulo de CRISTO EL INCOMPARABLE.
José María Martínez escribe breves semblanzas de los personajes que Pablo menciona en esta epístola: Tiquico, Onésimo, Aristarco, Marcos Epafras, Lucas y Demas. A Jesucristo se le da por supuesto.
Los amantes de los sermones biográficos tienen aquí siete nombres, siete puntos para un sermón, sin apartarse de la epístola a los Colosenses.
Desde el punto de vista de contenido y del lenguaje, el parentesco entre la epístola a los Colosenses, que José María Martínez maneja, y la epístola a los Efesios es estrecho. En ambas cartas se tratan las mismas ideas y se exponen casi en los mismos términos. Pero es en Colosenses donde adquiere mayor dimensión la figura de CRISTO EL INCOMPARABLE.
© J. A. Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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