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11M: la buena gente
No termino de asimilar lo acontecido, aún después de algunos días sigo creyendo que todo ha sido una pesadilla, que pronto despertaré para suspirar aliviada ante una realidad distinta. Pero cada informativo, cada charla, desgraciadamente me hacen reconocer la cruda y dura verdad.
Aquí estoy, aún dolida, pero con una necesidad clara de expresar lo "positivo" de toda esta barbarie. El aspecto benévolo, humanitario, lo he sonsacado de todos vosotros, seres anónimos que habéis protagonizado una entrega desmedida en medio de este caos.
Sois héroes y heroínas de esta cruel historia, personas que dejando a un lado los miedos y el mal sabor de boca, regidos por la valentía y abnegados a la comodidad de verlo todo desde lejos, tomasteis la determinación de ayudar.
Las manos se extendieron formando una cadena irrompible de solidaridad. Las voces se aunaron para crear un himno de ánimo, vertido sobre quienes abrumados comprobaban que la vida les había robado vida.
Todos, en medio de ese dolor con mayúsculas hemos sentido la necesidad de hermanarnos, de hacer algo juntos, aunque sólo fuera el acto de salir a la calle y guardar silencio.
Y así lo hicimos.Bajo una fina lluvia de llanto manifestamos nuestro dolor, sintiendo como unidos no estabamos tan rotos. Olvidando por momentos nuestras diferencias, aquello que nos hace distintos. No había edades, nombres, razas, ideales, existía simplemente el deseo de callar y que el silencio dijera aquello que los labios no podían.
Hoy al igual que ayer, seguramente igual que mañana, no habrá palabras para expresar condolencias, pero tampoco las habrá para promulgar agradecimientos. He descubierto que este país está lleno de muy buena gente.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |