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Número 28 - 28 de marzo, 2004
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De fijo a móvil
MANUEL LÓPEZ

Zzzzzzz... (-1)

Apagar la luz de la mesilla de noche, confiando en la promesa de que ”a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2), mandar una pierna a Francia y la otra a Inglaterra, y quedarse plácidamente dormido como un bendito sin temor a despertarte sobresaltado por el rin-rin de una llamada de teléfono de una máquina automática de molestar a la gente pretendiendo mandar faxes no deseados... Qué bien.

Conciliar el sueño, disfrutar del descanso “como Dios manda”, desconectado del estresante tráfago de las cosas de la vida, es algo que a un servidor le parece fenómeno. Si algo siento a propósito del sueño es no poder disfrutar todos los días de la práctica de un “deporte” genial: la siesta en la cama, con pijama. No me tengo por flojo ni remolón a la hora de arrimar el hombro, pero cuando las cortinillas de los ojos piden cerrarse, estimo que hay que desenchufar , sin complejos... En mis viajes en avión, no es infrecuente que me duerma antes de despegar. El run-run de los motores, el murmullo de las voces de los pasajeros, las voces enlatadas de la megafonía, el claqueteo de los compartimentos portaequipajes al cerrarse... todo ayuda a desconectar ...

Ayer, sábado 27 de marzo, habrá sido de nuevo un día especial, por el cambio de uso horario, como todos los últimos sábados de marzo. Eso significa que, con independencia de la hora a la que nos hayamos acostado, hoy el día amanecerá una hora antes, y nosotros una hora después. Nos pasaremos el día consultando el reloj y chequeando la hora con todo el mundo.

Hoy, en el programa evangélico “Tiempo de creer” en TV2 pueden pasar cualquier contenido, pues a esas horas de la mañanita de domingo, después de la dura semana anterior y con la cuenta atrás para los afanes de la siguiente, hoy además una hora menos, ya me dirán quién es el guapo/a que se dispone a escuchar un sermón antes de desayunar...

Mi letra pequeña del pasado 6 de marzo, 918.371.866, creo que se dispone a tener un feliz desenlace. Después de no pocas investigaciones por mi cuenta conseguí contactar, a las 17:57 horas del pasado miércoles 24 de marzo, no con una máquina, como de costumbre, sino ¡con una persona humana!, fruto de una llamada a voleo a la compañía operadora Uni2. Le expuse mi problema: el “castigo” de llamadas telefónicas indiscriminadas de que estoy siendo objeto, a cualquier hora del día o de la noche. Para mi gran sorpresa y contento, me prometió “hacer algo” para solucionarlo”. Que Dios le ayude.

Por si acaso, aprovecho estas líneas para reconocer públicamente a mi anónimo benefactor en la centralita de Uni2. Confío en su palabra y le doy las gracias por anticipado. Entiendo que somos mucho más propensos a la crispación y la acritú cuando somos molestados que al agradecimiento cuando alguien hace algo por nosotros.

Que tengan un buen día, después de esta noche pasada con una hora menos [“Zzzzzzz... (-1)”].

Ah, el culto es a la misma hora de siempre: la que marcan hoy los relojes. No vale llegar a las doce al culto de las once alegando el cambio de hora, porque las once de hoy son las diez de ayer...

Manuel López Rodríguez, es periodista, director de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid
© Fotos del autor.

 
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