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Defender la libertad religiosa
Regreso de un viaje de dos semanas a Cuba. Como hago siempre que voy a esa isla, salí de Madrid cargado con tres maletas y un maletín. Llevaba alimentos no perecederos, medicinas, ropa, material escolar para niños y dinero. Dinero suficiente para el salario de seis meses a 11 pastores y para terminar de construir el edificio que ocupa una iglesia de doscientos miembros en la ciudad de Matanzas. Aunque desde Pinar del Rió en el norte a Guantánamo en el extremo oriente la isla sólo mide 1.100 kilómetros, yo recorrí 3.782. Visité ciudades y pueblos del interior. Expuse el mensaje de la Palabra en medios urbanos y rurales. En locales parcialmente habilitados, en ranchitos al aire libre y en viviendas modestísimas.
Tuvimos 27 conversiones.
El Gobierno cubano me autorizó la entrada de 20.000 Biblias. Es la tercera vez que obtengo este privilegio. Primero fueron 10.000 ejemplares del Nuevo Testamento. Años más tarde se me toleró una partida de 20.000 Biblias. Ahora, otras 20.000.
A través de José Luis Andavert, de la Sociedad Bíblica en España, las Biblias se imprimieron en Colombia y fueron enviadas por barco a La Habana. Han sido pagadas, como las anteriores, por la Fundación Heraldo de la Verdad, que presido en España. José López, director de la Sociedad Bíblica en Cuba, se hizo cargo de las Biblias. Diez mil ejemplares están destinados a los oyentes del programa de radio de 15 minutos que desde Ecuador produzco diariamente para Cuba. Los otros 10.000 ejemplares los ofrecí para su distribución gratuita entre todas las denominaciones evangélicas, según las necesidades de cada una.
Llegado a Madrid repaso cuidadosamente todos los boletines que envía ACPress por correo electrónico. Una noticia fechada en Zaragoza el 2 de marzo me llamó poderosamente la atención. Decía que la Alianza Evangélica había decidido la creación de una Comisión de Libertad Religiosa. Añadía la información que para evitar malentendidos con la FEREDE, esta Comisión “se centrará en situaciones relacionadas con la falta de libertad religiosa fuera de España”.
¿Quién está perdiendo el juicio? ¿Quién desvaría? ¿Quién está anulando los principios sobre los que fueron fundados el Cristianismo de Cristo?
¿Por qué la FEREDE ha de considerar como un malentendido el hecho de que otras organizaciones evangélicas defiendan la libertad religiosa? Aquí debe haber un error. Un grave error. Conozco bien al secretario ejecutivo de la FEREDE, Mariano Blázquez. No creo que semejante idea, negra como los carbones del infierno, proceda de él.
La libertad religiosa en España debe defenderla la FEREDE, la Alianza Evangélica, absolutamente todos y cada uno de los organismos interdenominacionales, las iglesias locales. Hasta el miembro más oscuro de la congregación más remota debe defender a gritos la libertad religiosa en España. Cada cual con los mejores medios que tenga a su alcance.
En 1956 escribí Defensa de los protestantes españoles , para defender el derecho a la libertad religiosa en España. En 1962 fundé en Marruecos la revista bimestral La Verdad, que tenía formato de periódico, dedicada a la defensa de la libertad religiosa. En 1966 inicié en Madrid la revista Restauración, con la intención de abrir brechas en el entramado de intolerancia religiosa que vivía el país. Y creo que los centenares de artículos publicados en estas y en otras publicaciones que siguieron algo tuvieron que ver con la apertura religiosa decretada por los distintos gobiernos que ha tenido España, empezando por los de Franco.
Nunca entendí que el clamor a favor de la libertad religiosa fuera competencia exclusiva de la entonces Comisión de Defensa Evangélica ni de la FEREDE que tomó el relevo. Nadie me prohibió esta noble tarea. Ni recibí una sola insinuación de que me metía en camisas de once varas.
Si la nueva Comisión de la Alianza Evangélica se impone no defender los principios de la libertad religiosa por no molestar a la FEREDE, estará traicionando los principios del Cristianismo y traicionando a aquellos hermanos nuestros, o primos lejanos, que necesitan amparo contra la intolerancia, el único dogma que no se tolera en los Evangelios.
Cualquiera que no alce su voz en defensa de la libertad religiosa altera el ideal cristiano y deja de prestar un servicio al ser humano. Más que una exclusiva o un privilegio, la defensa de la libertad religiosa es obligación ineludible de todo cristiano.
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España) |