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Zapatos
Hoy, admito abiertamente tener una manía. Es una costumbre que creía poco común, pero que con el paso de los años he descubierto que hay muchas personas que comparten esta rareza. Me entusiasma mirar los zapatos de la gente. A mi parecer, esa pieza tan imprescindible en la indumentaria del ser humano, dice mucho de quien los porta.
Es por ello que cuando estoy a solas en un sitio público, me dedico a observar con qué tipo de calzado atavían sus pies quienes pasan ante mi y desconocen esta atípica manía.
En una cafetería, entre sorbo y sorbo de café, voy desenmascarando; cual investigadora, como serán los propietarios de esos zapatos que discurren a mi alrededor.
Los hay de aspecto cómodo, de suave piel con confortable suela de goma. Los podemos encontrar elegantes, con ese sutil brillo que incomoda a los que no suelen pasearlos muy limpios. Otros son de vertiginoso tacón, llevados de manera sorprendente por mujeres que se balancean graciosamente encima de ellos. Y están ellas, las aparatosas zapatillas deportivas, que portan su marca como signo de exclusividad.
Una cabalgata de cordones, cremalleras, suelas multicolor, pasean ante mis curiosos ojos, desconociendo el análisis al cual los someto.
Todos envolvemos nuestros pies con el calzado aparentemente más apropiado. Hay quienes atienden más a la forma estética que a la comodidad que estos les puedan proporcionar, pero por lo general cada calzado dice algo de su propietario.
Mientras observo ese desfile de pies enjutados en botas, zapatillas, etc... intento describir mentalmente a la persona que los posee, imaginándome como puede ser. En ocasiones admito acertar y al levantar la vista del suelo encontrarme con alguien que se parece muy mucho a la que me he imaginado. En cambio, muchas veces no me aproximo en lo más mínimo a la realidad, admitiendo como errónea la hipótesis barajada sobre lo mucho que dice el calzado de su propietario.
Si conocer a las personas se redujera a la simpleza de observar sus zapatos nos ahorraríamos muchas desilusiones; pero, claro está, no es lógico encasillar a alguien por la forma de ataviar sus pies.
Lo que es bien cierto es que no podemos juzgar a nadie hasta no haber andado un par de millas dentro de sus mocasines, después de ese largo paseo tendremos de seguro una imagen más acertada de él o ella.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |