| La alternativa cristiana al pragmatismo
Hemos visto en los artículos anteriores cómo el pragmatismo, llevado a sus últimas consecuencias, deshumaniza y arruina vidas ¿Cómo responder a sus retos? ¿Tiene él evangelio argumentos para contrarrestar esta ideología? Y sobre todo, ¿tiene algo que ofrecer para aliviar la sequedad emocional y espiritual de tantas personas sumidas en el desierto de una existencia absurda? La fe cristiana es, en su misma esencia, lo opuesto del pragmatismo.
Para entenderlo hemos de repasar su escala de valores. La cosmovisión del pragmatismo es:
• Yo primero.
• Sólo importan el aquí y ahora.
• Los resultados materiales son los válidos.
La escala de valores que Cristo nos enseña es, exactamente la contraria: Dios y el prójimo son lo primero: Y uno de ellos intérprete tic la ley, preguntó por tentarle: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? -¿cuál es el resumen de la vida?-. Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo ti¡ corazón, y con toda ti¡ alma, t/ con toda tu mente. Este es cl primero t/ grande mandamiento Y el segundo es semejante Amarás n ti¡ prójimo corno n ti mismo>> (Mateo 22:35).
En vez de vivir para el yo el cristiano vive para los dos grandes <tus» con los que se relaciona: el Tú que está arriba, Dios, v cl tú a su lado que es el prójimo.
En cuanto al valor exclusivo del «aquí y' ahora», el evangelio nos abre una gran ventana de futuro y nos invita a «poner la mira en las cosas de arriba», en la herencia inmarcesible que tenemos guardada en los cielos en Cristo.
Ello no significa un escapismo inconsciente de las obligaciones Y deberes aquí en la tierra. En todo momento se nos exhorta a cumplir nuestra responsabilidad con «el César». La ética social forma parte integral del mensaje del Evangelio. Podríamos, decir que el creyente tiene los dos pies en el suelo, pero la mirada en el cielo. Un creyente que sólo tenga la mirada en el cielo puede caer en un misticismo hueco. Pero, igualmente, la persona que tiene los dos pies en la tierra y la mirada también en la tierra acabará siendo un pragmático, preocupado solo por el «aquí y el ahora».
Por último, en la escala de valores del cristiano, el éxito y los resultados no se miden por un criterio material, sino espiritual.
La fidelidad y el amor a Dios, la obediencia, la mayordomía sabia de nuestra vida y la preocupación por el prójimo son algunos de los parámetros con los que Dios va a medir la calidad de nuestra obra. Así nos lo enseña la parábola de los talentos: Ven, buen siervo y fiel sobre poco has sido fiel, sobre mucho ti, pondré Y, en especial, las luminosas palabras de Jesús en Mateo 25 donde nos exhorta a una vida de entrega plena al prójimo, pero por amor al Señor mismo. Este móvil ultimo nos libera de la tiranía de los resultados tangibles o «contables»: Venid benditos de mi Padre heredad cl reino preparado para vosotros (...I. Porque tuve hambre y me distéis de comer, tuve sed y me disteis de beber ( ... ). De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños a mí lo hicisteis (Mateo 25:34-4O).
En Lucas 12, el pasaje que describe al «rico insensato», nos impresiona la conclusión de aquella vida gastada de forma muy similar a como lo haría el pragmático de hoy: Necio, esta noche vienen a pedir ti( alma. Podríamos parafrasear el texto y decir: «Has vivido como un egoísta toda tu vida, pensando sólo en ti; ahora quieres vivir como un hedonista, y te dices: 'regocíjate: bebe, come. Consideras lo mucho que has acumulado, los resultados de todo tu trabajo, y te consideras rico. Pero Dios te dice: Necio, esta noche vienen a pedir tu alma». ¡Cuánta similitud entre el rico necio y el hombre pragmático de hoy!
En conclusión, necesitamos revisar sinceramente nuestra escala de valores para descubrir hasta qué punto nos ha moldeado la filosofía de este dios secular: el pragmatismo. Deberíamos hacerlo como personas individuales y como iglesia. Tres preguntas nos ayudan a hacer este autoexamen: ¿para quién vivo?, ¿dónde tengo la mirada: en el suelo o en el cielo?, ¿cómo mido el éxito o el fracaso de mi vida? En último término hay sólo dos alternativas de vida, dos estilos posibles: como el rico necio -un pragmático- o como Cristo.
Pablo Martínez Vila
ejerce como médico psiquiatra en Barcelona (España), donde también colabora corro anciano en una iglesia bautista. Además es presidente honorario de los GBU y presidente de la Alianza Evangélica Española, y un conocido conferenciante y expositor bíblico en España y otros países.
© P. Mnez. Vila, revista Andamio
(GBU), España 2004, ProtestanteDigital.com |