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Número 29 - 4 de abril, 2004
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MANUEL LÓPEZ

Sangre, terror... y dólares

No puedo creer, ni quiero, en el Jesús del madero,
sino en el que anduvo en la mar...
-Antonio Machado

Una tremebunda apología del sufrimiento, una acongojante apoteosis de la tortura, una esquizofrénica borrachera de sangre, una atroz recreación visual de la muerte... todo ello en una despiadada sucesión de planos macro, en una rastrera y deleznable exaltación del regusto por la morbosidad. “La visión de lo brutal en su estadio más embrutecedor” (Ángel Fernández-Santos, en El País ). Ah, y todo ello envuelto en el calculado montaje de una operación de libro de mercadotecnia de la industria audiovisual. Que no decaiga el espectáculo.

La película de moda, La Pasión de Cristo , de Mel Gibson, es la exaltación a escala planetaria de las “Tres Eses”: “sufrimiento, sangre, sensación” en una nauseabunda reiteración de lo obvio: morbo a tope a todo color en pantalla panorámica y sonido cuadrafónico. El filme pareciera haber sido hecho para alzarse con el “Óscar a la brutalidad”, como apunta el profesor de teología Samuele Bacchiocchi.

“No te harás imagen...” (Éxodo, 20:4). No deja de resultar altamente revelador el dato de la flagrante contradicción de los entornos fundamentalistas –evangelicales–, por una parte guardianes de las esencias de la fe y hasta cruzados de la ideología conservadora y, de otro lado, ardorosos propagandistas de la película del terrorífico baño de sangre de Gibson.

De los ríos de tinta de comentarios, críticas y pronunciamientos de todo tipo que la película ha desatado, me quedo con las opiniones de Harold Segura y Hilario Wynarczyk, colegas columnistas ambos en el portal protestante de Latinoamérica y el Caribe www.alcnoticias.org . En opinión de Segura, la película falsea los cuatro Evangelios, pues en éstos, recuerda, “el ‘factor sangre' no ocupa el espacio central de los relatos”, para concluir que “la pasión –la de los textos bíblicos– no es un espectáculo sangriento; más bien se enfoca en el acto de amor que nos redime por medio de la “sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:28)”. Wynarczyk hace la radiografía perfecta del asunto último de la película: “Creo que es un gran negocio”.

Ahí estamos. Gibson profana el nombre de Dios al hacer de la Pasión de su Hijo un filme de terror de los de “alto y refinado negocio”.

Todo este truculento montaje multinacional de una película que pasará a la historia del cine como triste estigma de sangre, terror y... dólares me recuerda, por pasiva, el mensaje del primer tratado cristiano que leí, hace de ello cuarenta años: ·”Las Heridas de Cristo”, de Don R. Falkenberg, fundador de The Bible Meditation League . La diferencia es como de la noche al día. Falkenberg describe las heridas de Cristo; Gibson se regodea en la representación del dolor por el dolor. Falkenberg se propone humildemente evangelizar; Gibson busca descaradamente... dólares.

Con Antonio Machado, somos legión los cristianos de a pie que nos negamos a sumarnos al coro de los que se han quedado en el espectáculo del derramamiento de sangre de Jesús. En vida aquí, Jesús anduvo en la mar. Después de muerto, por nuestros pecados... ¡¡¡resucitó!!!

Nota.- Aparte del referido tratado de Falkenberg, me permito recordar a aquellos lectores interesados la lectura de La Pasión de Cristo desde un punto de vista médico , del doctor R. Barragán Jain, en Internet :   http://www.churchforum.org.mx/info/Cuaresma/pasion_medico.htm

Manuel López Rodríguez, es periodista, director de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid

 
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