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Número 29 - 30 de marzo, 2004
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JUan simarro

11-M y libertad interreligiosa

Es de lamentar la cerrazón monolítica y dogmática de la Iglesia Católica y de las instituciones en España al hacer un funeral católico por los muertos del 11-M, cuando por todos es sabido que entre los muertos había creyentes de otras confesiones religiosas. Se pone de manifiesto, una vez más, que la Iglesia va por detrás del pensamiento de la sociedad, que la religión siempre va a remolque y que la Iglesia Católica impregna con su poder terrenal a las estructuras de una sociedad constitucionalmente laica que reconoce la paridad entre todas las confesiones religiosas de España. Pero con los españoles de a pie es otra cosa. Se sienten libres en sus pensamientos interreligiosos, lo cual puede molestar por igual tanto a católicos, como a las demás confesiones religiosas. Esto es porque hay poca apertura, mucho dogmatismo y poco amor hacia la apertura al otro, al diferente a nosotros.

No hace mucho tiempo, las personas sólo conocían una sola religión que, además, la consideraban como la única verdadera o la única y verdadera. Las posibilidades de opción entre religiones e incluso el conocimiento de otras religiones, era prácticamente imposible. Hoy, no obstante, la situación ha cambiado en varios sentidos.

Primeramente, y así lo afirman muchos estudios serios, entre los españoles hay un credo selectivo, una especie de credo a la carta en donde cada uno cree aquello que le interesa o que escoge, y deja a un lado lo demás, aunque mayoritariamente se llamen católicos. Así por ejemplo, habría cristianos que no creerían en el demonio, ni en el infierno, otros no creen en el pecado y otras disensiones.

En segundo lugar, se aproxima a un cincuenta por ciento de los españoles que no creen en una única religión verdadera. Es un porcentaje altísimo en una España aparentemente dominada por un catolicismo histórico. La situación cambia, la población se seculariza y los que aún tienen creencias, en estos grandes porcentajes, no creen en una única religión verdadera, sino en un conjunto de verdades o principios no exclusivos de una religión, sino que se encuentran diseminados en la mayoría de las religiones del mundo.

Hoy, en pueblos y en ciudades, quizás más en las ciudades que en los pueblos, las personas tienen acceso fácil al “mercado religioso”. Las personas pueden conocer, comparar y optar entre las diferentes religiones. Pero lo que ocurre es que las personas están aplicando criterios selectivos y hay muchos que participan de creencias de varias religiones. Escogen aquello que más les gusta de cada religión. Esto está ocurriendo en Europa, en Latinoamérica y en el mundo en general. No sé si a esto se le podría llamar un diálogo interreligioso a nivel personal o individual, pero puede haber cristianos que, a su vez, se interesan por la New Age, por el espiritismo o, también, un católico que se interese por algunas cuestiones propias del protestantismo o del mundo del Islam. Es como si necesitasen cubrir diferentes vacíos de su vida espiritual que no la encuentran en una única religión. Se da, por tanto, un diálogo interreligioso a nivel personal, interno. Una libertad interreligiosa o, si se le puede llamar así, una “libertad intrareligiosa”.

Y aquí pueden ocurrir problemas frente a las instituciones. La Iglesia Católica como institución no vería bien esta práctica de la libertad intrareligiosa, la Iglesia Protestante tampoco y, estos creyentes, se sienten presionados por estructuras que ven excesivamente rígidas. Así, muchos pueden sufrir o pueden acabar renunciando a la iglesia como institución e intentan vivir su religión a la carta, aquello que han podido encontrar en el “mercado de las religiones”.

¿Cuál debe ser la actitud de la Iglesia ante estos fenómenos? ¿Debe ser intransigente y rígida? ¿Se debe situar cada religión como la depositaria de la verdad absoluta o debe tener un posicionamiento de humildad reconociendo que la verdad absoluta es sólo Jesús y que, quizás, una religión no abarca necesariamente todas las facetas de esa verdad? ¿Podremos reconocer que en otra religión puede haber elementos de la verdad que nosotros no conozcamos? ¿Se puede entender la libertad religiosa como una búsqueda de la verdad allí donde ésta se encuentre? ¿Es válido el diálogo interior interreligioso y la toma de decisiones personales aún a riesgo de equivocarse?

Aún rechazando estas posibilidades, debemos ser humildes, abiertos, no dogmáticos, mostrar la verdad lo más escrituralmente posibles y pedirle al Señor que nos dé gracia y sabiduría... y mucho amor. Amor en apertura y acogida al otro. Quizás juntos y cogidos de la mano del Señor, encontremos la auténtica verdad absoluta y eterna. Porque para los evangélicos o protestantes la verdad absoluta es Jesús y está en la Biblia, pero no cabe duda que muchas veces y en muchos de nuestros posicionamientos en relación con el respeto al otro, en relación con las problemáticas sociales y económicas que oprimen a los más débiles, en relación con nuestros estilos de vida y prioridades, estamos aún lejos de los posicionamientos de Jesús... Quizás no más que otras confesiones religiosas. Pero debemos ser humildes, abiertos y, fundamentalmente en estos días de funerales oficiales, pedir a la Iglesia Católica en España más respeto y apertura a los oficios interreligiosos por amor y consideración a los muertos musulmanes, protestantes o de otras confesiones religiosas que no se han sentido representados en la catedral de la Almudena ni ante los mandatarios del mundo.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.

 
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