| Game over: nunca más
En estas fechas de Semana Santa tocará ver las clásicas películas religiosas de turno. Se escribirán los típicos artículos periodísticos que nos recordarán lo secularizada que está la sociedad actual y veremos alguna crónica sensacionalista que tratará de convencernos de que la historia de los evangelios no era como nos la contaban. Nada nuevo bajo el Sol, pues tampoco faltará la habitual seudoinvestigación histórica que tratará de aprovechar estas fechas para vender algún numerito extra de alguna populosa revista.
También escucharemos el suspiro del hermano que exclamará aquello de : ¡cómo ha olvidado la gente el verdadero sentido de estas fiestas! , y a otros nos tocará replicar aquello otro de: ¡no pidamos que los que no se han entregado a Jesús vivan como tales!. Vamos, las tradicionales y mohínas discusiones de Semana Santa y Navidad.
Por desgracia existen otros asuntos más importantes que también seguirán resonando. Cuando en estos días miremos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que los abusos laborales siguen entre nosotros, veremos como los inocentes continúan pagando la soberbia y arrogancia de los fuertes y comprobaremos que los enfermos mentales no se han ido. En estos días de fiesta vamos a seguir contemplando como se elogia al explotador y como el misericordioso y el humilde siguen ignorados. ¿Para que continuar con la lista? Todos conocemos el mundo que hemos creado.
Mientras trabajamos contra la injusticia –algunos bien poco, por cierto- comprobamos como ésta se reproduce y multiplica como aquellos monstruos mutantes de las películas niponas de los setenta. El dolor no se disipa, y volvemos a preguntarnos una vez más: ¿hasta cuándo?
La respuesta a esta cotidiana agonía se esconde detrás de los sobados tópicos de Semana Santa.
Afirmar que la justicia definitiva tiene su epicentro en la resurrección de Cristo es una respuesta única y total que confronta los sucedáneos de lo políticamente correcto. Aquella tarde, desde el Gólgota se escuchó el que quizás haya sido el grito más desgarrador y al mismo tiempo esperanzador que jamás haya desprendido un ser humano: ¡consumado es! Que bien podría traducirse como: ¡nunca más! , pues desde entonces nunca más se acudiría a la religión para conseguir perdón y consuelo. Se acabó. Nunca más nos quedaríamos huérfanos y sin esperanza “porque en cuanto murió, el pecado murió una vez por todas” Romanos 6, 16. Jamás volveríamos a ser desterrados por el mal, y ya no se volverían a lapidar nuestros sueños de gloria, pues aunque persistan los porqués , nunca más nos volveríamos a declarar muertos. Esa es la esencia de la Semana Santa: el Game Over de la oscuridad.
“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 21, 3-5)
Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado
al diálogo con no creyentes. |