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Número 29 - 30 de marzo, 2004
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JOSÉ DE SEGOVIA

El complejo de Peter Pan

Vuelve a las pantallas una nueva versión de Peter Pan , el niño que se negó a crecer y buscó refugio en el país de Nuncajamás . El clásico y popular personaje creado por el escritor escocés James Matthew Barrie (1860-1937) ha cumplido ya un siglo. Las ediciones de sus libros no han cesado, como tampoco sus interpretaciones y adaptaciones al cine, la televisión y el teatro. ¿Dónde está la fascinación de Peter Pan ?, ¿en qué se basa la complejidad de esta historia?

Para Barrie, la aventura se define como el deseo de estar en otro lugar o ser otro. El país de Nuncajamás podría estar al otro lado del estanque londinense que en Kensington Gardens se conoce como The Long Water Serpentine, donde está la estatua de Peter Pan desde 1912 . Pero la isla no está allí en realidad, sino en la imaginación de muchos niños, aunque sólo algunos logren volar hasta allá. ¿Cómo se llega hasta allí? Según Peter Pan, siguiendo “la segunda estrella a la derecha, y luego todo seguido hasta la mañana”. Bueno, en realidad allí no se llega, sino que es la isla la que te encuentra. Por lo menos a los personajes de esta historia, “la propia isla estaba buscándolos”.

Nuncajamás está cubierta por una continua neblina, pero tras ella están los pieles rojas, Garfio y sus piratas, las hadas y los niños perdidos. Allí el tiempo se cuenta sólo por lunas. Porque Garfio tenía el único reloj de Nuncajamás, pero se lo tragó el cocodrilo que le arrancó la mano. Su sonido es desde entonces la conciencia del paso inevitable del tiempo. En esta isla nieva, aunque haya selvas, lagunas con flamencos y arrecifes de coral. Hay un río misterioso, cavernas y tierras inexploradas con amenazadoras montañas. Está el peligro de piratas y pieles rojas , que junto con los padres son los adultos de esta historia. Ya que aquí “todos los niños, menos uno crecen”. Para él, “morir sería una aventura terriblemente formidable”.

Al principio Peter Pan aparece desnudo. Tiene una semana de vida y es “humano sólo a medias”. Puesto que no es “ni lo uno ni lo otro”, ni pájaro, ni niño. Es simplemente El Niño. Conserva sus primeros dientes, es presuntuoso, inquieto y un espadachín consumado. No quiere crecer, por lo que no ha aprendido a escribir. Pero aunque tiene penosos sueños, lo olvida todo inmediatamente. Lo malo es que no tiene piedad alguna, ya que en esta novela, los niños son “los seres más crueles del mundo”.

La infancia de su autor está marcada por la terrible muerte de su hermano mayor. Se cuenta que a los 6 años su desconsolada madre le confunde en la penumbra de la habitación con su hermano recién fallecido, pero Barrie no la contradice. Es desde ese mundo fantasmal que comienza a escribir sus obras de teatro. Años después se encuentra en la Universidad con su admirado Robert Louis Stevenson. En esa confusión entre ficción y realidad, el autor de La isla del tesoro le aconseja que “no debe ser como sus libros”, sino que “debe ser sus libros”. Le alienta a “no dejar de jugar nunca”, convencido de que “nada de lo que ocurre después de los doce años de edad importa demasiado”, ya que “lo segundo mejor después de ser niño es escribir sobre ser niño”.

Peter Pan aparece por primera vez en la novela de Barrie, titulada El pequeño pájaro blanco en 1902, pero se convierte dos años más tarde en el protagonista de las historias de Peter Pan y Wendy y Peter Pan en los jardines de Kensington (1906). Su encuentro fortuito en este parque con los niños George y Jack Llewelyn Davies, mientras paseaban a su perro Porthos , le lleva a contarles estos cuentos maravillosos sobre un “niño perdido capaz de comprender el idioma de las aves y las hadas”. Tras la inicial preocupación de los padres, Barrie se hace amigo de la familia, y con 37 años, pero menos de metro y medio de estatura se convierte en el compañero ideal de sus juegos. Cuando los padres mueren, uno detrás de otro en 1910, los acaba adoptando.

Barrie estaba casado con una actriz llamada Mary Ansell, pero ella se cansa de hacer madre de estos cinco huérfanos, cada vez más difíciles, por lo que acaba pidiendo el divorcio. La muerte de George en las trincheras de la Primera Guerra Mundial anuncia el final de sus sueños. Su hermano Michael, el favorito del escritor, se ahoga luego en 1921 en un estanque, junto a uno de sus compañeros de Oxford. Es considerada una “muerte accidental”, pero se sospecha de “un pacto suicida homosexual”. En cualquier caso Barrie se derrumba y ya nunca vuelve a ser el mismo. A partir de entonces las fotos le muestran triste y con los ojos rodeados de arrugas. En 1922 dona todos los derechos de su obra al hospital infantil de Great Ormond Street, que tiene ahora un ala dedicada al escritor. Los últimos años los pasa encerrado en una mansión, de donde apenas sale, muriendo en Londres en 1937, cuando tenía 77 años.

En 1960 Peter Llewelyn Davies es ya un respetado editor, pero no soporta que le pregunten qué se siente al haber inspirado a uno de los más populares personajes de la literatura infantil. Finalmente se arroja bajo las ruedas del metro desde el andén de la estación londinense de Sloane Square. Sus amigos dicen que solía referirse siempre a Peter Pan como “esa espantosa obra maestra”. Ya que lo que algunos consideran una historia “para niños”, es en realidad un texto terrible, destinado “a quienes alguna vez habían sido niños”. Esto es algo choca a los que nos hemos críado con la versión animada de Disney (1953), ya que incluso Spielberg insiste luego con Hook en el aspecto más banal de esta historia. Habría que ir tal vez a la cinta muda de Herbert Brenon de 1924, que emitió TVE a una hora de máxima audiencia en La2 durante una Noche Temática, para recuperar quizás su lado más oscuro.

En la novela al fin y al cabo, es la muerte de Garfio en las manos de un insolente y cruel Peter Pan, y no el regreso de Wendy y los niños, el verdadero colofón de la obra. El pirata es calificado antes de morir como un “hombre extraordinario”, cuyos últimos pensamientos son imágenes “de los campos de recreo de su infancia”. La versión que ha hecho ahora el australiano P. J. Hogan se queda todavía a medio camino, pero muestra algo del aspecto siniestro, ignorado por Disney y Spielberg. Falta sin embargo el final de la novela, pero se hacen guiños al espectador avisado, como el hecho de que el padre de Wendy y Garfio sea interpretado por el mismo actor. Se inventa algún personaje, como la tía solterona que encarna Lynn Redgrave, pero no se cae en la ñoñería, sino que se ahonda en la inmadurez de un Peter Pan, incapaz de aceptar toda responsabilidad.

El dilema de Peter Pan es al fin Ey al cabo el de todos nosotros: crecer o no crecer, esa es la cuestión. Los psicólogos nos hablan por eso del complejo de Peter Pan como uno de los principales males del hombre contemporáneo. Pero la verdad es que todos somos por naturaleza inmaduros. Dominados por nuestras emociones, nos movemos regidos por la insolente presunción que acompaña tantos actos de crueldad, como si la única fidelidad a la que nos debemos es la que queremos mantener con nosotros mismos. Porque no nos engañemos, el hombre es un ser profundamente egoísta. Pero que sin embargo vive en la ilusión de creerse que en el fondo se trata de alguien maravilloso, provisto de un verdadero corazón de oro. No es extraño que el profeta Jeremías dijera: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (17:9). Ya que no sabemos realmente quiénes somos.

El mito de la bondad innata del hombre está tan arraigado en el pensamiento contemporáneo, que ha llegado a ser el dogma humanista por antonomasia. Aunque los hechos parecen contradecir nuestras teorías. La filosofía ilustrada de Rousseau le hace escribir orgulloso al cardenal de París, que “el hombre es un ser naturalmente bueno”, por lo que dice en sus Confesiones que no se arrepiente de nada. El cínico Voltaire, conocedor de la realidad de su vida, tras entregar a sus cinco hijos a la inclusa y dejar a su “amada Teresa”, muerta de hombre, comenta por eso irónicamente: “¡Ay que ver lo que puede hacer la bondad de Rousseau!”. El filósofo Bertrand Russell asegura que “existe abundante evidencia externa de que Rousseau estaba destituido de todas las virtudes ordinarias”. Pero “sin embargo no parece preocuparle, ya que creía que poseía un buen corazón”. Así de ciegos estamos a la realidad de nuestra vida.

La Biblia nos dice por eso que nos hemos hecho “enemigos en nuestra mente, haciendo malas obras” ( Colosenses 1:21). Puesto que “los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” ( Juan 3:19). Por eso “no hay quien haga lo bueno, no hay siquiera uno” ( Romanos 3:12). Comparados con otros, no nos parece que seamos tan malas personas, pero olvidamos que así “no se justificara delante de Dios ningún ser humano ( Salmo 143:2). Tenemos que superar el complejo de Peter Pan, y asumir nuestra responsabilidad. Sólo así podemos llegar a ser verdaderamente hombres. Es por eso que Pedro dice que “desechando pues todo engaño e hipocresía”, debemos desear como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” ( 1 P. 2:1-2). Eso es “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” ( 2 P. 3:18).

MAS EN INTERNET SOBRE PETER PAN

ricochet-jeunes.org/es/biblio/base1/peterpan.html
jmbarrie.net
selfknowledge.com/26au.htm
f as.harvard.edu/-art/peter1.html
online-literature.com/barrie/peterpan
literatureproject.com/peterpan/index.htm
falcon.jmu.edu/-ramseyil/barrie.htm

José de Segovia Barrón es periodista, teólogo y pastor en Madrid.
© J. de Segovia, Madrid, España.

 
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