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Número 30 - 11 de abril, 2004
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Cesar vidAl manzanareS 

“La Pasión”, película judía

Me sentí un tanto inquieto cuando escuché los rumores sobre el antisemitismo de «La Pasión de Cristo» de Mel Gibson. Algo me tranquilicé al ver que eran propalados fundamentalmente por esa progresía que siempre encuentra un argumento para justificar los ataques terroristas contra Israel. Sin embargo, siguiendo mis normas, decidí no opinar hasta ver la película.

Ya contemplada, he llegado a la conclusión de que, seguramente sin pretenderlo, Gibson ha filmado una de las películas más medularmente judías de la historia del cine.

De entrada, comienza con un texto del Cuarto canto del Siervo incluido en el profeta Isaías 52, 13 a 53, 12. En otras palabras, Jesús sólo es comprensible encuadrándolo en su judaísmo.

No sólo eso. La película concede a María un papel más amplio que el que aparece en los Evangelios, pero, curiosamente, la perspectiva es muy judía. Por ejemplo, Gibson no interpreta el texto de Génesis 3 ¬donde se dice que la cabeza de la Serpiente será aplastada¬ como una referencia a María, tal y como han señalado no pocos autores católicos, sino a la judía, como una profecía que cumple el Mesías.

De la misma manera, María aparece descrita no sobre la base de viñetas católicas sino de cuadros maternos judíos como el de la Raquel de la que habló Jeremías.

Permítaseme ir más allá. La misma relación entre judíos y gentiles (los romanos) es descrita según múltiples paralelos en la Historia judía. En general, esos gentiles se regodean en su maldad o se mantienen al margen sin impedirla. El pobre Cireneo, obligado a llevar la cruz de Jesús, es precisamente insultado por un legionario con la palabra «Iudaeus» y la compasiva judía que intenta dar de beber al condenado se ve obstaculizada por un soldado romano.

Ni siquiera los personajes judíos negativos chocan con la tradición judía. Anás y Caifás son los traidores a una tradición salvadora que, durante siglos, no han dudado en oprimir a su propio pueblo o en perseguir a profetas como Ezequiel, Amós o Jeremías.

Concluye la película ¬en su inmenso dolor¬ con la afirmación esperanzada de que la muerte no es el final y de que la salvación está vinculada al Mesías. Difícilmente habría podido pensarse en un final más judío.

César Vidal Manzanares es un conocido escritor, historiador y teólogo.
© La Razón, 7 de abril de 2004, ProtestanteDigital.com.

 
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