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Resurrección y adicción
“Respeto tus creencias”, “no comparto tus ideas”, “me gusta/disgusta como piensas”... son algunas de las habituales frases que escuchamos los creyentes al compartir lo que Dios nos ha regalado. La expresión de la fe en Jesucristo como una nueva vida, y por lo tanto, nuevos objetivos, valores, autoestima, uso del tiempo, decisiones… etc. no es algo que se relacione tan fácilmente en los murmullos de la sociedad occidental. Más bien se ve al cristianismo como un concepto o idea sin severas implicaciones en quienes deciden adoptarlo. Si no eres un extremista , todo el mundo pensará que tus creencias no te marcarán gustos, ocio ni un estilo de vida muy diferente al de la mayoría de los mortales.
Esta percepción puede tener base real, pero poco o nada tiene que ver con la preeminencia pragmática del evangelio de Jesucristo. Mientras una gran parte de este mundo ve al cristianismo como un colectivo de reprimidos que quieren imponer sus pensamientos a los demás, la realidad de la obra del Espíritu es otra. Las majestuosas pinceladas con las que Dios ilustra la historia a través de sus hijos suelen permanecer vetadas para los medios de comunicación y la docencia. Los murmullos exculpatorios de una sociedad que de continuo abraza cualquier prejuicio contra el Cristo no recogen el eco de las aguas reales del evangelio.
Que cada uno haga la caricatura del evangelio que le dé la gana. Cada cual dará cuentas a un Dios que no necesita ser defendido. Si sacar los trapos sucios de humanos hipócritas, o simplemente el señalar errores de seres imperfectos sirve para destrozar en mil pedazos el desafío de Jesús de Nazaret… allá cada uno con sus silogismos. Ninguno de nosotros está aquí para obligarles a otra cosa, pero que no se equivoquen: sus análisis seguirán siendo injustos.
Quienes le dan una patada a la fe cristiana y no quieren engañarse, por favor, no tilden de concepto a Jesús de Nazaret. Es cierto que en las iglesias protestantes y católicas abundan los creyentes de ideario . El propio Satán es uno de ellos. Pero quien quiera esbozar un análisis ecuánime tiene que saber que éstos no representan a Jesús. Cierto es que el cristianismo lo encarnan seres imperfectos, personas que quizás no sean tan estupendas como algunos incrédulos, pero no podemos olvidar que si estos mediocres no hubiésemos permitido la obra de Dios en nuestras vidas probablemente ahora seríamos sicarios, proxenetas, difamadores profesionales, o cualquier otra encarnación suprema de la decadencia. Que en lugar de vivir en la podredumbre haya quienes estén pintando las paredes del baño de la iglesia es un milagro del Dios de los evangelios y no otra cosa.
Son incontables los ex toxicómanos que un día conocieron a Jesucristo y que ahora, tras el toque divino y la predisposición de otros creyentes, pueden formar familias y disponer de una profesión para su sustento. Aquellos a los que el mundo despreciaba fueron recogidos por los hijos del buen samaritano. Son vidas que ya tienen luz y que contrarrestan el odio, la falta de ejemplo, la inseguridad ciudadana, y otros males sociales que antes de entregarse a Cristo, ellos mismos representaban. Son el ejemplo de que la fe no sólo mueve montañas de droga o de alcoholismo, sino también las del maltrato, el robo, el odio, el fraude y demonios de cualquier índole. Son los milagros apócrifos, aquellos olvidados por el mundo pero que ahí están, dando cuenta de lo que es capaz el poder de quien se encaramó al Calvario.
La rehabilitación de miles de drogadictos en España a través de entidades cristianas alberga silenciosos argumentos a favor de la resurrección de Cristo. Son los dados por imposible a quien Dios ha restaurado de forma sobrenatural. Son las historias que jamás citarán los fundamentalistas de la No Religión, aquellas realidades que quienes no desean la verdad nunca se atreverán a ver. Demasiado real como para mirarlos a la cara y decirles que su Dios no es auténtico.
Luis Marián trabaja en Madrid
como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante
de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado
al diálogo con no creyentes. |
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