| ¿Matar al mensajero?
Jesús murió por ser fiel al mensaje que tenía de parte del Padre, por encima de intereses institucionales, sociales, políticos y religiosos. Esta costumbre de matar al mensajero es antigua, tanto que se ha acuñado como una frase conocida y, desgraciadamente, aplicable a muchas circunstancias de la vida.
Otro aspecto a la hora de anunciar un mensaje es la que contiene aquel cuento infantil del traje invisible del rey. El monarca paseaba desnudo cubierto (en teoría) de un hermoso ropaje que sólo los tontos no podían ver. Y nadie quería pasar por tonto, ni arriesgarse a contrariar al rey; hasta que un niño inocente dice sencillamente la verdad de lo que ve: que el rey está desnudo.
A Jesús también lo mataron por decir la verdad.
Curiosamente, Jesús nos llama a llevar su cruz, así que debemos asumir que intenten acabar con nosotros si no decimos lo que es políticamente correcto, lo que conviene. No es bueno para vivir tranquilo decir la verdad de lo que vemos, leemos y oímos.
Desde luego, es peligroso no estar en el sistema. Porque la libertad de no estar enredados en la multitud de pequeñas cadenas que atan a las personas con los intereses nos hace verdaderamente libres… y peligrosos. No para Jesús, ni para la Iglesia verdadera, pero sí para el sistema que nos quiere controlar o comprar, se llame política, religión, institución o empresa.
Pero es aún mucho más peligroso llamarse cristiano, seguidor de Cristo, y no coger la cruz sino vivir en los pasillos de las correctas o tranquilas apariencias, que sólo conducen a un sepulcro blanqueado.
Sigamos a Jesús, y demos la vida por el mensaje de la verdad libre y comprometida. Al fin y al cabo, tras el Calvario siempre nos inunda una resurrección a lo nuevo. Ese es el mensaje último de verdad y poder que sólo a través de la cruz podemos comprobar en el Jesús que esta semana, tras más de dos mil años, volvemos a recordar en su muerte y resurrección.
Murió (lo asesinaron) porque era un mensajero de la verdad. Resucitó porque era verdadero su mensaje.
Eso es lo que transformó a sus discípulos,
lo que proclamaban. Anunciemos y vivamos, pues, el mensaje
y la verdad que están en Jesús. Descansemos.
A este mensajero ya no lo pueden matar, porque vive y reina
para siempre. Y porque El vive, nosotros también viviremos.
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