| LA AMARGA PASION DE CRISTO, por
Ana Catalina Emmerich, Editorial Planeta, Avenida Diagonal 662, 08034 Barcelona (CRÍTICA DE JUAN DE RABAT)
La película LA PASIÓN, realizada por Mel Gibson e interpretada en su papel principal por el actor Jim Caviezel, ha revolucionado la cinematografía esta primavera.
La película no fue rodada en Jerusalén, lo que habría sido ideal, sino en Matera y Craco, en el Sur de Italia, y en los Estudios Cinecita, de Roma. El rodaje se hizo sólo en 79 días, pero llevó dos años de preparación. Entre los actores hay católicos, protestantes, judíos, musulmanes, budistas y hasta agnósticos.
La versión original se proyecta en latín y arameo, con subtítulos en otros idiomas.
Caviezel dedicó en algunos momentos hasta 10 horas en la sala de maquillaje para lograr identificarse con Jesús en las etapas más agónicas de la pasión.
- Treinta litros de líquido rojo fueron derramados durante el rodaje sobre las espaldas del actor que daba vida a Jesús.
- Producir la película costó a Mel Gibson 25 millones de dólares.
- Sólo en los cinco primeros días de proyección se recaudaron 117 millones de dólares.
- Cuatro mil salas estrenaron la película el mismo día en Estados Unidos y Canadá.
- En la primera semana de proyección en nuestro país 700.000 españoles vieron LA PASIÓN en 300 cines, con una recaudación de dos millones y medio de euros.
Todos los detalles anteriores son más o menos conocidos. Pero la gran mayoría ignora la versión literaria en la que se basó el guión de la película. Se trata del libro LA AMARGA PASIÓN DE CRISTO, escrito por Ana Catalina Emmerich y recientemente publicado en español por la Editorial Planeta.
En Estados Unidos se vendieron en quince días 150.000 ejemplares de este libro.
Ana Catalina Emmerich nació el 8 de septiembre de 1774 en Westtalia, Alemania. Desde pequeña se habituó a la vida de oración y afirmaba que hablaba con ángeles. A los 28 años consiguió entrar a un convento religioso. Su débil salud le causó grandes sufrimientos. Cuando Jerónimo Bonaparte secularizó el convento en 1812, Ana Catalina se refugió en casa de una viuda. Ayunaba durante semanas enteras. A partir de la Navidad de aquél mismo año comenzaron a aparecer en su cuerpo los estigmas de la pasión de Cristo, según cuentan los relatos que tratan de su vida.
En septiembre de 1818 la visitó por primera vez el famoso escritor y poeta alemán Clemens Brentano. Las reuniones entre la mística y el escritor se prolongaron hasta la muerte de Ana Catalina.
Bretano fue anotando cuidadosamente todo lo que Ana Catalina le contaba acerca de sus visiones de la pasión de Cristo y en 1833 publicó en alemán LA DOLOROSA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN LAS MEDITACIONES DE ANA CATALINA EMMERICH. La obra fue traducida a diferentes idiomas; se han hecho de la misma numerosas versiones. Cuando cayó en manos de Mel Gibson, el realizador cinematográfico se declaró fascinado por el contenido y decidió convertirlo en película.
El libro de Emmerich-Brentano consta de 251 páginas, con un total de 71 capítulos breves. En la nota final se afirma que son las visiones que la monja alemana tuvo de la pasión de Cristo desde el 18 de febrero hasta el 6 de abril de 1823.
Poco podía ella sospechar que sus visiones harían millonarias en dólares a muchas personas en los comienzos del siglo XXI.
La vida tiene estas sorpresas.
Juan de Rabat es escritor y crítico literario.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
JOB, LA FE EN CONFLICTO, José María Martínez,
Editorial Clie, Galvani 113, 08224 Terrassa (Barcelona). Terrassa 1975, 266 páginas. (CRÍTICA DE JUAN A. MONROY)
¡Cuántos discursos ha originado a través de los siglos el libro de Job! ¡Cuántos pensamientos enfrentados, cuántas ideas discordantes, cuántas vacilaciones de escritores cristianos que no han sabido encontrar respuestas a los problemas éticos que plantea el libro! Autores creyentes han llegado a decir que el libro de Job es la parte de la Biblia en la que más difícil resulta ponerse del lado de Dios. Que el libro de Job es el talón de Aquiles de Dios porque plantea hechos, pero oculta las respuestas. Es el centro de la diana para los que dudan.
A José María Martínez, según escribe en el prólogo fechado en 1975, el libro de Job le resultó cada vez más fascinante a medida que estudiaba el texto bíblico. Unas páginas más adelante el autor adelanta que "no es su valor poético lo que da a la obra una posición de encumbramiento. Lo que realmente hace de ella una joya inestimable es su calidad hondamente humana, por un lado, y su hálito divino por otro". Cita a Carlyle: "Nada hay escrito en la Biblia o fuera de ella de igual mérito literario".
José María Martínez divide el contenido de su obra guiado por los discursos de los personajes que intervienen en el libro de Job. Después del prólogo, que incluye los dos primeros capítulos, analiza el primer ciclo de discursos, hasta el capítulo 14. Del 15 al 22 se inscribe el segundo ciclo, y el tercer ciclo de discursos llega hasta el capítulo 31.
En la estirada final del libro, que se cierra con el capítulo 42, el misterio adquiere plena revelación; lo que parecía oscuro se ilumina; el aparente silencio se explica y la razón obtiene respuestas de victoria.
El tema clave en el libro de Job es el sufrimiento humano, más concretamente el sufrimiento de los creyentes en Dios. Si existe un Dios todopoderoso, ¿por qué sufren los inocentes y prosperan los malos?
José María Martínez no elude estas cuestiones. Las amplía. En un párrafo que puede ser considerado como compendio temático, escribe: "Las grandes interrogantes que surgen a lo largo del poema han preocupado a la humanidad de todos los tiempos. ¿Por qué la prosperidad y el dolor no siempre corresponden a la integridad moral y a la maldad respectivamente? ¿Se interesa Dios por los hombres o no? En caso afirmativo, ¿es un Dios amigo o un adversario? ¿Es posible llegar a conocerle? ¿Es regido el universo conforme a principios de justicia? ¿Vale la pena vivir? ¿Hay algo después de la muerte?"
Quien haya seguido las experiencias vitales del autor a lo largo de años puede apreciar en la introducción algunas evocaciones autobiográficas. José María Martínez, que ha servido a Dios con absoluta integridad y con dedicación total, jamás ha disfrutado una posición económica desahogada. Más bien ahogada. Y ha sufrido mucho. Dolores del alma que los desalmados causan con profundas heridas y dolores físicos. Desde joven ha tenido una salud débil, lo que le ha obligado a frecuentar hospitales.
Pero al igual que él dice de Job, cuando está viviendo los últimos años de estancia en la tierra Martínez es un hombre purificado y espiritualmente enriquecido.
Una particularidad en la obra de José María Martínez es la sabia urdidumbre entre la exegética teológica y la trama pastoral. Traza su comentario siguiendo los cánones de la exposición bíblica, pero al propio tiempo tiene en cuenta el mundo interior del creyente sencillo y le dice que aún cuando llegue a encontrarse en la línea de fuego, abatido y con dudas. Dios siempre tiene a punto una tarea restauradora que nos eleva más allá de todas nuestras angustias.
Juan Antonio Monroy es un conocido escritor y conferenciante internacional.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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