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Número 32 - 23 de abril, 2004
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Decadencia de Maradona

‘‘Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.’ (Deuteronomio 30:11-14)

‘Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.’ (Romanos 10:8-13)

Pe unos años a esta parte Maradona ha sido protagonista azaroso de las cabeceras y portadas de los medios de comunicación; si anteriormente lo fue por sus goles y triunfos en los campos de fútbol por los que fue reconocido como el mejor jugador del siglo XX, desde los años noventa en adelante lo es por sus continuos problemas personales de los que no ha levantado cabeza. Y como suele ocurrir con la bola de nieve, que cuando comienza a rodar por la cuesta abajo apenas es perceptible pero a medida que avanza su volumen y velocidad crecen de forma vertiginosa, así le está ocurriendo a él. Su patente deterioro físico no es más que el reflejo del otro deterioro interno que lo está destruyendo. Viéndolo, uno no puede dejar de pensar en los últimos años de decadencia de aquel otro rey llamado Elvis Presley, que con muchos kilos de más y adicto a los estupefacientes acabó su vida de forma prematura y trágica. Las últimas imágenes de Elvis hablan por sí mismas de la ruina de alguien que fue encumbrado hasta las cimas más altas de la fama y la gloria para terminar ahogado en su propio vómito.

¡Cuántas estrellas del deporte y del espectáculo han recorrido hasta el final todas las etapas que Maradona está cubriendo en esa loca carrera hacia la autodestrucción! Pareciera que la naturaleza humana no puede soportar las alturas, como Ícaro precipitado al mar cuando estaba tan cerca de alcanzar al astro rey, y es que la mezcla de fragilidad, inherente al ser humano, y grandeza resulta un combinado muy difícil de mantener. Un combinado con suficiente capacidad destructiva como para llevarse por delante incluso al que piensa ser el más fuerte.

Aquel muchacho, Manuel Francisco Dos Santos, que ganó dos copas del mundo y 3 ligas de su país, que formó parte de una de las delanteras más grandes de toda la historia, que fue elegido mejor jugador del mundo, que supo vencer las graves dificultades físicas con las que nació para la práctica del fútbol, no pudo, sin embargo, en la cumbre de su fama, dominar su afición al alcohol y a las mujeres. Garrincha murió sin haber cumplido 50 años como consecuencia directa de los desórdenes de su alocada vida. O aquel otro muchacho de Belfast que llegó a ser un portento con el balón en sus pies, que alcanzó el galardón de mejor jugador europeo del año, que tenía un apellido incomparable... pero que no pudo controlar, como hacía con la pelota, sus deseos desordenados, pues como él mismo confesó: ‘Nací con un gran don pero eso viene a veces acompañado con una vena destructiva.' Best terminó alcoholizado, en la bancarrota y en la cárcel, echando por tierra una carrera que tocó techo prematuramente y que cayó de forma fulminante a causa de su indisciplina.

Sí, da pena ver a Maradona, especialmente al contemplarlo de manera retrospectiva en estos personajes que ya anunciaban de manera tan clara aquello en lo que él mismo se ha convertido. Pero si pena da ver a Maradona, pena igualmente da ver a tantos seguidores que lo veneran como a un dios. El ídolo caído, el héroe con pies de barro, tiene hasta una hermandad de creyentes que lo ha convertido en objeto de culto, que celebran su natividad, le cantan alabanzas y rinden pleitesía. Adoradores que adoran a quien ni a sí mismo puede sostenerse. Nada puede ser más triste. Nada más insensato. Aquí tiene su cumplimiento aquella frase de Chesterton: ‘Cuando alguien no cree en Dios no es que no crea en nada, es que cree en cualquier cosa.' Los jóvenes que acudieron al mítico festival musical de Woodstock en agosto de 1969 portaban camisetas con la leyenda: Hendrix is God. Desdichadamente al famoso guitarrista le quedaban sólo trece meses de vida, segada por una sobredosis de barbitúricos; fin similar al que tuvieron otros dioses de aquella generación como Jim Morrison o Janis Joplin.

Maradona se fue hasta Cuba para tratar de desengancharse de su adicción a la cocaína, pero la solución puede estar mucho más cerca de lo que él imagina; de hecho, conozco a cientos y cientos de hombres y mujeres que han obtenido la victoria sobre la cocaína, la heroína, las anfetaminas o el alcohol sin necesidad de realizar largos desplazamientos porque han entendido varias cosas esenciales:

•  Que la raíz de su problema no estaba en su entorno familiar o social, sino en su propio corazón, en esa vena destructiva de la cual George Best era consciente y de la que todos somos portadores por nacimiento.

•  Que esa vena destructiva no es en sí el alcohol ni las drogas, sino que su raíz es más profunda. La adicción a los estupefacientes es sólo el síntoma de un mal mucho más profundo que se llama pecado.

•  Que ese mal es por el que Jesucristo vino a este mundo, para reparar el daño producido y restaurar lo que se había arruinado, haciendo hombres y mujeres nuevos conforme a la imagen de Dios.

•  Que es por medio del arrepentimiento y de la fe Jesucristo como tales cosas se obtienen.

Como dice el primer texto bíblico arriba citado, no se trata de buscar respuestas en lugares remotos o inalcanzables porque la solución está mucho más cercana de lo que nosotros pensamos, ya que como dice el segundo texto está en uno mismo, en su boca y en su corazón, es decir, en la proclamación de Cristo como Señor y en la confianza puesta en él como Salvador. Maradona: no culpes a otros de tu fracaso, enfréntate contigo mismo y luego ven a Jesús. Seguidores de Maradona: no sigáis más a un pobre mortal, sino al que verdaderamente es digno de admiración y adoración porque Él sí es verdadero Dios.

 

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España.

 
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