| Cristianos y el poder político
Sigo con interés lo que de debate político de partido hay en Protestante Digital. Y digo y enfatizo “de partido” ya que de eso se trata. Y no creo que sea lo más adecuado para una revista evangélica. Los cristianos, y por ende los protestantes, no deben poner su centro de atención en la política de partido, aunque se milite en alguno de ellos, sino que hay que tener una visión más amplia y más crítica, ya que todos los partidos políticos están muy lejos de los ideales de justicia y de sociedad justa que proclama la Biblia. Están tan lejos que me quedo con la idea de Monroy “Todos los partidos políticos son iguales”. Aunque sé que hay diferencias y mi voto tiene una dirección clara. Pero Jesús y el cristianismo siempre ha sido crítico con las autoridades políticas y estaría en contracultura de los que se someten al partido ganador, sea cual sea el signo.
Y hay muchos protestantes que aún predican que toda persona se someta a las autoridades políticas superiores. Es porque su visión no pasa de la política “de partido”. Les falta visión y no ven cuál puede ser su misión profética.
Algunos cristianos han predicado, de forma continuada, el sometimiento a las autoridades superiores como establecidas por Dios, siguiendo al Apóstol Pablo en su Epístola a los Romanos: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios...” Sin embargo, si vemos el Nuevo Testamento en todo su contexto y, fundamentalmente, la vida de Jesús, su trato con los oprimidos por los sistemas y autoridades políticas y religiosas, las implicaciones de su doctrina del Reino en su búsqueda de la mejora de la situación de las personas en desventaja social, veríamos que la praxis del Reino no se adapta plenamente a un sometimiento incondicional a cualquier tipo de autoridad política o eclesiástica. Tampoco creo que Jesús se sometiera a la línea de ningún partido.
Pablo, en el capítulo 13 de Romanos está contemplando una autoridad que castiga y que lleva espada, lo cual, también, a muchos cristianos les ha llevado a justificar el castigo al “malo” incluyendo la pena de muerte y otras atrocidades. Y lo peor, es que, ante el holocausto de más de media humanidad sacrificada por la opresión y la pobreza debida al despojo de los débiles, ante el imperio de la injusticia institucionalizada, ante el hecho de ver continuamente desde el mundo rico que el despojo del pobre está en nuestras mesas, como dirían los profetas, tampoco reaccionan los cristianos y se adaptan al poder político y económico del mundo sometiéndose a sus líneas opresoras e injustas que excluyen a tantos países y a tantos pueblos. Cosa común, en mayor o menor medida, a todos los partidos. Por tanto el sometimiento a las autoridades políticas no sólo va a mostrarse en el abandono individual de muchos que son presa de la injusta aplicación de ciertas leyes, privación de libertades, incumplimiento de los derechos humanos en el ámbito individual en casos concretos, en la privación de la vida de un individuo, sino que este sometimiento aprueba estructuras injustas que agobian, empobrecen y marginan de forma colectiva a la mayor parte de la humanidad, ante el silencio y sometimiento de los cristianos.
Este ha sido y es el gran pecado de omisión de muchos de los llamados cristianos. El silencio que, en sometimiento a autoridades injustas, hace cómplices. No se debe criticar solamente “el silencio protestante” ante las relaciones con las políticas “de partido”. Las estructuras de maldad de un mundo desigual son apoyadas, en la práctica, de forma similar por todos los partidos. Nuestra crítica y nuestra voz debe ser más global y con más altas miras.
Jesús quería la transformación del mundo y de la sociedad injusta. Jesús quería eliminar la injusticia y conseguir la dignificación de los débiles. No era un político alineado con ningún partido de la sociedad del momento, pero lo que no se puede dudar es que el mensaje del Reino de Jesús tenía implicaciones políticas y deseos de cambio radical de las estructuras sociales injustas del mundo. El mensaje del Reino era como torbellino que arrasaba a todas aquellas autoridades políticas o religiosas que oprimían a los débiles o pasaban de la dignidad o de los derechos de cualquier persona humana, fuera ésta mujer, o niño, enfermo, injustamente tratado, ignorante o pobre.
No cabe duda hoy que, si los cristianos analizan el mundo, el poder político y económico con sus autoridades establecidas, el neoliberalismo apoyado por las autoridades del mundo rico que agranda las distancias entre la riqueza y la pobreza, la acumulación desmedida de bienes bendecida por las autoridades políticas y el aprovechamiento de los recursos del mundo a favor de unas minorías, veremos que muchas de las realizaciones y consecuciones del poder político y económico, están a años luz de los principios del Reino que irrumpe en nuestra historia con Jesús. A la luz de estos principios, no puede el cristiano predicar el sometimiento a toda autoridad superior, ni el seguir unas líneas de partidos con respecto a otros.. Más bien tenemos que sacar los valores bíblicos que serán contracultura ante el poder de los grandes de este mundo. Muchas veces, estos poderes establecidos según la legalidad de nuestros países y sociedades, están fundamentados sobre ideas de egoísmo y de injusticia, ideas heredadas que deberían ser ya anacrónicas si pensáramos desde los parámetros del Reino de Dios, porque van en contra del bien común de todos, de la justicia social que reclama la Biblia, de la bienaventuranza del ser humano y, fundamentalmente, del amor que predicó Jesús.
¿Cómo, pues, interpretar textos como el de Romanos 13? No es tan difícil. En hermenéutica existe el principio llamado de la analogía de la fe, es decir, ningún texto de forma aislada, puede contradecir a ningún otro de la Biblia. Ningún texto bíblico puede contradecir a otro. O, lo que es más fácil, no se puede analizar ni aplicar un texto fuera de todo el contexto bíblico. En todo caso podrán complementarse o armonizarse. Es posible que los cristianos tampoco tengamos que vivir como ácratas que no se adaptan ni respetan a ningún poder temporal establecido... Pero hay que ver todo el contexto bíblico.
La Biblia enseña a criticar a la autoridad establecida, cuando se apoyan o apoyan estructuras sociales que oprimen, marginan o esclavizan al hombre despojándoles su dignidad. La denuncia social de los profetas ya iba en esta línea y Jesús se alinea con ellos en la declaración programática que hizo al inicio de su ministerio citando al Profeta Isaías en Lucas 4:16-21, en donde claramente se decanta a favor de los pobres y oprimidos, a favor de los quebrantados y de los privados de libertad. Quizás tengan razón los que afirman que la figura del Jesús cercano a los pobres, crítico frente a la situación social y religiosa injusta, con unos valores del Reino que dignificaban a los últimos y a los pequeños y que criticaban la acumulación “necia” de la riqueza, se ha espiritualizado demasiado arrebatándole su fermento denunciador y cuestionador de la autoridad política, social, económica o religiosa. En estas líneas globales de denuncia nos debemos ubicar y veremos como, necesariamente, nos hemos de situar por encima de la “política de partido”. Por tanto, a los que siguen el debate de Protestante Digital yo diría: Ni Aznar ni Felipe González. Ni Manuel López ni César Vidal... mis amigos del alma. La clave es vivir un cristianismo enraizado en la realidad que necesariamente es crítico con todas las políticas de partido de nuestro mundo desigual, manejadas indiscutiblemente por los poderes económicos e informativos.
Juan Simarro Fernández, licenciado
en Filosofía,
escritor
y director de Misión Evangélica Urbana
de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España. |