| Fanatismo laicista
Desde estas páginas existe una clara apuesta por la separación de Iglesia y Estado, entendiendo por tal la aconfesionalidad del mismo, unida a un respeto a todas las creencias, incluyendo a los que no tienen ninguna (si esto último es posible). Por esta razón, una línea indudable que mantenemos es la denuncia crítica (esperamos e intentamos que de manera respetuosa) de cualquier fanatismo religioso, sea éste cristiano, islámico… o laico.
Porque evidentemente existe un fanatismo laico, que niega a las religiones lo que exige para sí mismo: libertad de expresión y el mismo respeto a las ideas ajenas que a las propias.
Por ejemplo, puede correr en la pantalla de una película la sangre de cadáveres destrozados, con vísceras que se derraman, decapitaciones a cámara lenta e incluso canibalismo y víctimas toruradas por depravados, sin mucho más que algún que otro comentario negativo. Sin embargo, la crueldad manifiesta y real que vivió Jesús en “La Pasión” (aunque en nuestra opinión exagerada y fuera de la perspectiva de los Evangelios, como hemos manifestado) produce no sólo opiniones contrarias -algo respetable- sino viscerales, me atrevería a decir que en algunas ocasiones violentas, en personas a las que Jesús y su pasión les da exactamente lo mismo.
No hablamos de creyentes a los que les importa y afecta lo que se expone de Jesús, sino de no creyentes a los que no les molesta en exceso la casquería al uso, pero sí que ese Jesús en el que no creen (a lo más creen en El tanto como en los vampiros) sufriese intensa y brutalmente.
Otro ejemplo. La postura protestante admite el preservativo como método anticonceptivo, y por lo tanto como método de prevención del sida. Sin embargo, si se pide que se admite y recomiende como otra opción posible la fidelidad dentro de la pareja o la abstinencia sexual voluntaria, surge el fanatismo laico: censurado o ridiculizado ¿Por qué? Dicho sea de paso, las campañas de fidelidad/abstinencia sexual aparentemente tienen más éxito que las del uso y abuso del preservativo (sin que con esto estemos negando su valor).
Seguramente a este laicismo feroz les encantaría que los creyentes fuésemos miembros y practicantes virtuales de esa iglesia online que, con un curioso criterio, se ha autodenominado la “Iglesia de los Tontos”. Una iglesia que existe en el limbo electrónico de los vivos, con su e-sacerdote. Nos imaginamos el mensaje: “El verbo se hizo electrón y habitó entre nosotros”.
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