| Las venas abiertas de mi ciudad
Vuelvo al tren, una vez más, como cada día. A este tren de las 7:40 que pudo haber sido mi último tren el 11M, pero no lo fue, gracias a un providencial retraso de cinco minutos. Vuelvo al tren y lo hago, no porque tenga vocación de héroe, sino porque es la mejor opción que tengo para desplazarme al trabajo, desde San Fernando de Henares a Puente Alcocer, en Villaverde. Y, además, lo hago porque creo que los madrileños necesitamos volver a la normalidad, por nuestro propio bien.
Una joven amable me ofrece un diario gratuito mientras echo mano del abono de transportes. Hasta allí, todo normal. Adentro de la estación, dos soldados vestidos de combate y fuertemente armados me hacen volver al mundo real…, al de la guerra, al de la sangre y la violencia, que penden amenazantes sobre nuestras cabezas, como una espada de Damocles. Ya en el tren, leo en el diario que el líder de un colectivo gay se lamenta de que, cuando besa a su pareja en público, la gente los mire "sorprendida". Mientras tanto -justo sentados delante de mí-, dos jóvenes sudamericanos, de no más de 20 años de edad, se lían un "porro" entre risas y sin que, al parecer, les molesten las miradas incrédulas de los demás pasajeros. Vuelvo la vista otra vez al diario y leo la entrevista a un director de teatro que se refiere con desprecio a quienes le cuestionan por haber escogido, para su obra, un título deliberadamente ofensivo y blasfemo para los creyentes de cualquier religión (y que se exibe en una entidad subvencionada con el dinero de todos...).
Entonces cierro los ojos y en mi imaginación me veo circulando por las venas y las arterias de una sociedad enferma, malherida y con síntomas de decadencia, que necesita una regeneración moral y espiritual urgente… Y en mi recorrido imaginario pienso que, tal vez, no sería mala idea que, aquellos que tienen que tomarle el pulso a nuestra realidad social (políticos, sociólogos, religiosos, periodistas, artistas, etc.), se metan en las venas abiertas del transporte público y observen lo que la gente hace, lo que lee y lo que se refleja en sus rostros… Tal vez así sabríamos lo que está pasando por debajo de la epidermis de nuestra comunidad, y podrían aportarse ayudas y soluciones eficaces…, antes de que sea demasiado tarde.
Jorge Fernández es pastor en Madrid y miembro de la Junta Directiva de Diaconía España.
(c)
J. Fdez
, ProtestanteDigital.com (España, 2004) |