| Ser como ellos
Los jóvenes dicen que quieren ser como Beckham. No sólo por la película que lleva este título. En una reciente encuesta el ídolo-futbolista ocupaba la primera preferencia de los jóvenes ingleses, desplazando a Jesucristo más allá del décimo lugar. ¿Cómo quién queremos ser los cristianos? Hablemos de ejemplos cercanos para quienes hacemos este medio, aquí en España, que son de alguna manera noticia en esta edición.
Vemos a Manuel Espejo, fundador del movimiento Asamblea Cristiana hace 25 años en Jerez. Dejó una prometedora carrera de director de orquesta en Madrid para irse a su tierra natal como repartidor de leche. Un cuarto de siglo después, con una hernia de disco debido al esfuerzo que tuvo que hacer como cargador, junto a su esposa Conchi ven un pujante movimiento al que han dado todo y por el que se han negado a muchas cosas que cualquier español consideraría un derecho irrenunciable. A sus espaldas queda la muerte de un hijo cuando venía de uno de sus muchos viajes pastorales recorriendo Andalucía. Un conductor borracho inundó su carril y le embistió de frente. El y Conchi siguieron fieles a su Señor, en medio del dolor, que no les impidió hablar del perdón de Dios al mismo conductor que les había roto la vida en medio de la carretera. El antiguo ebrio-asesino abrazó la fe cristiana.
Por el mismo camino de generosa entrega van José María Romo y su esposa María Reyes, pastores de una iglesia de Asambleas de Dios y que acaban de alquilar una estación de tren abandonada en Zaragoza para alojar el gran crecimiento de la “parroquia”. Partiendo de cero y tras muchos esfuerzos y desvelos, que sólo ellos y Dios conocen en verdadera profundidad; entre éstos, como la mayor parte de los pastores, un sueldo escaso para un esfuerzo inconmensurable.
Pablo Martínez Vila va a ser el único español evangélico (hasta donde conocemos) que participe como ponente en el Fórum de las Culturas 2004 de Barcelona. Lo ha llevado casi como un secreto, ya que han tenido que ser otros los que den “el soplo”. Con protagonismo cero, este eminente psiquiatra cierra su solicitada consulta –de la que vive- cada jueves para dedicar la segunda parte de la semana a servir a Dios y a los demás, entre otras cosas en la Presidencia de la Alianza Evangélica Española. Ni siquiera la enfermedad le ha restado actividad, aunque el precio –puertas del alma hacia dentro- nadie lo sepa. Es solicitado en numerosas e importantes conferencias internacionales sin que casi nadie lo sepa en España, porque no lo dice. El éxito de sus libros, traducidos a todas las lenguas, es la mejor e involuntaria tarjeta de visita que tiene.
Seguimos con Juan Antonio Monroy. Más que conocido, con un ministerio internacional como escritor y predicador, pocos conocen su faceta más humana. Ha apoyado a lo largo de su vida multitud de ministerios, de carreras universitarias para creyentes sin medios, y en sus posibilidades actuales lo sigue haciendo. Con sus obras completas publicadas, ha pedido a ProtestanteDigital una sección para promocionar la excelencia de la obra… de Jose María Martínez, otro ejemplo de vida consumida en entrega humilde y continua sin esperar nada a cambio en la iglesia de Verdi (Barcelona). Con una edad en la que muchos se retiran para un merecido descanso, Monroy y Martínez se mantienen en la brecha, preocupados esencialmente de ser útiles a quienes están a su alrededor. Como aspecto curioso, ambos están a la última, integrados en la era digital. Monroy en ProtestanteDigital y Martínez en PensamientoCristiano (.com). Y es que la generosidad y Dios rejuvenecen.
Sería bueno que los jóvenes quisieran ser como
ellos, porque son un pálido reflejo cercano de Aquél
que lo dio todo, sin medida ni interés personal alguno.
Es bueno recordar que hay muchos cristianos como los que aquí
hemos mencionado brevemente, con toda una trayectoria de vida
que señala que merece la pena vivir en medio de nuestra
sociedad para y como Jesús. Es bueno también que,
aunque a ellos no les guste, se les reconozca como ejemplo.
Un ejemplo necesario que entre todos debemos saber reconocer
y valorar como lo que es: un tesoro. Al fin y al cabo, sólo
decimos lo que ya lo dijo el apóstol Pablo: “Sed imitadores
de mí, como yo lo soy de Cristo”. |