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El
calvinismo de Miguel Servet
Considerar a Miguel Server reformado o
protestante es algo arriesgado, pero debido a muchas de sus
ideas, el español estaba más cerca de los planteamientos
protestantes que de los católicos. Lo que podemos decir
sin duda, es que Server, tal vez por su martirio, se convirtió
en el más reconocido y admirado de nuestros heterodoxos.
Seguramente esta admiración proviene de una confusión
que intentaremos corregir más adelante.
La familia Servet se trasladó
en el 1511 en Villanueva de Sijena, un pequeño pueblo
aragonés donde su padre había sido destinado
tras ser nombrado notario real. Allí nació Miguel
y disfrutó de la holgada situación familiar.
Sus padres desearon desde el principio, que su hijo se convirtiera
en sacerdote, lo que no sabían era que terminaría
interesándose por la religión, pero en otros
aspectos. No sabemos a ciencia cierta sobre la educación
que recibió de Miguel, aunque sus biógrafos
nos hablan de una facilidad precoz para el estudio, dominando
varios idiomas en su adolescencia (latín, griego y
hebreo y era muy versado en matemáticas y filosofía
escolástica) A los catorce años entró
al servicio de Juan Quintana, un erudito monje franciscano.
A la edad de diecisiete años fue enviado a Toulouse
para estudiar derecho En la universidad leyó la Biblia,
algo totalmente prohibido en España. Allí descubrió
por primera vez, que el concepto de Trinidad no se exponía
implícitamente en el texto.
Después de dos cursos, el joven Miguel, decide acudir
a la llamada de su antiguo preceptor Quintana, que se había
convertido en confesor de Carlos V. Fue testigo de la coronación
del emperador en Bolonia. Escandalizado del boato de la curia
romana, dejo la ciudad para ir a Basilea con la intención
de unirse a los reformados. Permaneció unos meses en
la casa del pastor Ecolampadio. Después de graves desencuentros,
Miguel marchó hacia a Estrasburgo, donde conoció
a los reformadores Bucer y Capito. En 1531 publicó
De Trinitatis Erroribus Sobre los errores de la Trinidad[i].
Servet creía que los protestantes tras leer su libro,
abandonarían rápidamente la doctrina de la Trinidad.
La mayoría de los reformados se opusieron a las ideas
de Servet. Melanchton dijo acerca del libro: "En cuanto
a la Trinidad, ya sabes que siempre he temido que algún
día el tema estallara. ¡Buen Dios, cuántas
tragedias esta cuestión acarreará a las generaciones
futuras!"
Después del revuelo formado, Miguel Servet intentó
escribir un libro más conciliador con su Dialogorum
de Trinitate o Diálogos sobre la Trinidad, publicado
al año siguiente. Pero lo cambios que realizó
eran tan pequeños y su afirmaciones tan tajantes que
la agria polémica se agravó. Sus libros fueron
confiscados y se le advirtió que no visitara varias
ciudades protestantes. En el bando católico también
fueron condenadas sus obras y en 1532 la Inquisición
le conminó a regresar a España para ser juzgado.
Su hermano Juan, que era sacerdote, intentó convencerle
para que volviera a casa. Servet, atemorizado por todo lo
sucedido intentó esconderse y pasar desapercibido.
Años más tarde, recordaba así aquellos
años: Se me perseguía por todas partes para
ser arrastrado hasta la muerte.
Bajo el nombre falso de Michel de Villeneuve se instaló
en Paris, donde estudió Matemáticas y Medicina
en la universidad. Pero el la vieja Sorbona, la agitación
religiosa era aún peor que en Suiza. Nicolás
Cop, rector de la universidad, fue obligado a abandonar la
ciudad tras el discurso de apertura del nuevo curso. En Paris
Servet y Calvino se conocieron, aunque al poco tiempo el segundo
tuvo que huir de la ciudad. Al año siguiente Calvino,
arriegando la vida, decidió regresar a París
para disputar con Miguel Servet, pero el español no
se presentó a la cita, seguramente por miedo a ser
descubierto. Miguel Servet abandonó Paris, ganándose
la vida como corrector de pruebas. Tras este breve paréntesis
Servet retomó sus estudios de medicina. En 1538 ya
tenía el título de doctor, colaborando con varios
médicos famosos. Pero sus ideas innovadoras en medicina,
sobre todo en lo relacionado con la circulación pulmonar,
le trajeron muchos problemas. No se sabe con certeza si fue
Miguel Servet o un contemporáneo suyo quien primero
hizo este descubrimiento, a pesar de todo, Servet fue el primero
en publicarlo
En 1538 Servet fue condenado por la universidad, el Parlamento
y la Inquisición, por mezclar la medicina y la astrología.
De nuevo huyó, para instalarse primero en Lyon, y después
en Viena, convirtiéndose en médico personal
del arzobispo Pierre Palmier. Durante doce años de
vida tranquila en Viena, nada hacía presagiar el trágico
final de Servet.
LA RELACIÓN CON CALVINO
Continuando con su labor literaria, en 1542, publicó
una nueva edición de la obra de Ptolomeo suavizando
algunos de sus ideas, pero su proyecto más ambicioso
era la edición de la Biblia de Pagnino, completada
en siete volúmenes en 1545. Con esta edición,
realizó la primera crítica moderna al texto
bíblico. A pesar de todo, Servet seguía intersado
en la teología, por lo que publicó su tratado
teológico, Christianismi Restitutio o La Restauración
del Cristianismo. No pudo evitar reanudar su agria polémica
con un viejo conocido, Juan Calvino, con el que reanudó
una agitada relación epistolar desde 1546. Calvino
ya había escrito su Institutio Christianae Religioniso
o Institución de la Religión Cristiana y era
el líder espiritual de Ginebra. Hasta ese momento,
la teología de Calvino apenas había tocado el
tema de la Trinidad, pero tras una acusación por Pierre
Carola de unitarista, de la que Calvino fue absuelto por un
sínodo en Lausana, Calvino se empeñó en combatir cualquier signo de unitarismo
Servet envió a Calvino un manuscrito de su todavía
inédita Restitutio. Calvino le correspondió
enviándole un ejemplar de su Institutio, pero Miguel
Servet se lo devolvió repleto de anotaciones, que ridiculizaban
su texto. Calvino, cansado de esta estéril disputa,
decidió interrumpir la correspondencia.
De manera provocativa Miguel Servet envío un ejemplar
de su Restitutio a Calvino. En el texto se incluían
treinta cartas de Servet enviadas a Calvino. Calvino, enfadado,
reveló la verdadera identidad de "Villeneuve"
a la Inquisición de Viena. Tras su arresto e interrogatorio,
Servet escapó de la cárcel. Pero tenía
pocos sitios donde refugiarse. Perseguido en España,
Italia, Francia, amenazado en Suiza y otras ciudades de Alemania.
Al final optó por el norte de Italia, donde creía
que sus textos eran bien acogidos, pero inexplicablemente
se dirigió después hacia Ginebra. Una vez en
la ciudad se presentó en la iglesia donde solía
predicar Calvino, alguien le reconoció y fue arrestado
y juzgado por herejía ante las autoridades de la ciudad.
EL JUICIO DE GINEBRA
La acusación presentada por Nicolás de la Fontaine
en contra de Miguel Servet, en el Ayuntamiento de Ginebra,
acusaba a Miguel Servet de no aceptar la Trinidad y de no
aprobar el bautizo celebrado durante la niñez. Una
vez condenado, Calvino pidió que Miguel Servet fuera
decapitado, para que no sufriera tanto, pero el Ayuntamiento
insistió en que fuera quemado en la hoguera.
Miguel de Servet mantuvo la compostura hasta el último
momento. Muriendo entre las llamas, se dice que gritó:
¡Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate
de mí! Farel, que había presenciado la ejecución,
comentó que Miguel Servet, desafiante hasta el final,
podría haberse salvado si en su lugar hubiese gritado:
Jesús, el Hijo Eterno. Unos meses más tarde,
Miguel Servet fue ejecutado en efigie por la Inquisición
de Francia.
La muerte de Miguel Servet abrió entre los reformados.
un debate acerca de la tolerancia. Algunos estuvieron a favor
la condena como el caso del magistrado italiano Gribaldo,
pero otros como David Joris escribía desde Basiliea
a los distintos gobiernos de las ciudades protestantes de
Suiza para pedir clemencia. Pero la mayor parte de los líderes
reformados apoyaron la ejecución de Miguel Servet,
como Melanchthon que refiriendose a ella comento que era un
ejemplo piadoso que merecía ser recordado para toda
la posteridad. Calvino nunca mostró el menor arrepentimiento
por ella. Utilizada por los católicos durante años
para criticar a los reformados.
Una obra anónima sobre el castigo de los herejes,
pedía la tolerancia. Gracias a obras como esta se abrió
en debate sobre la cuestión del castigo o la tolerancia
de las herejías, consiguiendo un mayor grado de tolerancia.
A pesar de que, durante un tiempo, los herejes fueron ocasionalmente
castigados con la muerte en algunos países protestantes,
desde ese momento, la oposición a la pena máxima
se había extendido de forma general. La muerte de Miguel
Servet contribuyó a una mayor apertura hacia la libertad
religiosa.
SERVET ¿PROTESTANTE O CATÓLICO?
Pero, como decíamos al principio, ¿se puede
considerar a Miguel Servet protestante o católico?
Sería fácil mantener a Servet en el limbo religioso,
o como se ha tendido en las últimas décadas,
incluirlo en la lista de agnósticos y ateos que, supuestamente
lograron el progreso de la razón y de la ciencia. Tal
vez, diciendo lo que no era Servet, podamos deducir lo que
era realmente. En primer lugar no era ateo ni agnóstico.
Esta afirmación rotunda está firmente apoyada
por su confesión final, mientras era quemado en la
hoguera: Oh, Jesús, Hijo del Dios Eterno, apiádate
de mí! Pero nuestro argumento viene apoyado, por otros
comentarios de Servet. En una carta[ii] escrita en la cárcel,
en la que se defiende de las acusaciones de Calvino Servet
nos dice Juan Calvino falsamente me acusa de haber dicho lo
que sigue: 1. Que las almas son mortales. 2. Que Cristo únicamente
adquirió de la Virgen María una cuarta parte
de su cuerpo. Se trata de cosas horribles. Entre todas las
herejías y todo los delitos, no existe ninguno tan
grande como pretender que el alma es mortal. En todo lo demás,
puede haber esperanza de salvación, mientras que no
la hay con tal herejía. Quien lo pretenda no cree en
la existencia de Dios, ni en la justicia, ni en la resurrección,
ni en Jesucristo, ni en las Sagradas Escrituras ni nada más.
Sólo cree que todo muere y que el hombre y la bestia
son una misma cosa. Si yo hubiera dicho o escrito tal cosa,
yo mismo me condenaría a muerte.
Con esta declaración Servet confirma lo que anunciábamos,
ya que condena el ateismo quien lo pretenda no cree en la
existencia de Dios...Si yo hubiera dicho ...tal cosa...me
condenaría a muerte. Si nos fijamos, al citar los principios
básicos del cristianismo cita: la justicia, ni en la
resurrección, ni en Jesucristo, ni en las Sagradas
Escrituras. No habla de advocación a santos, sacramentos
o cualquier otro tipo de creencias. Todas estas, ideas y doctrinas
reformadas. Editó la Biblia, de cuyo estudio se había
ocupado toda la vida, la base de su fe también era
Bíblica. Por otro lado, Servet tenía un concepto
distinto de la iglesia, el no quería reformarla, quería
restituirla a su estado primitivo. La restitución, expresada
en su libro Christianismi Restitutio, publicado en Viena en
1553. Esta obra estaba dirigida a los teólogos, y nos
confirma muchas de sus creencias. En ella ataca al papado
y transmite una fe puramente cristocéntrica al afirmar:
Ahora Cristo no está muerto, como para tener necesidad
de un sucesor; ni ausente como para requerir un vicario o
un regente. Cristo vive, Cristo nos basta, Cristo nos está
presente y está a nuestra disposición realmente
como pontífice[iii].
Por si nos quedara alguna duda del protestantismo de Servet,
el mismo nos narra su conversión al decir que la causa
que me fue encomendada por un cierto impulso divino para que
la defendiese yo, que estaba celoso de tu verdad. Comencé esta tarea en otro tiempo, y ahora de nuevo me siento movido
a proseguirla.
Nieto nos anuncia por último, que había en
la tenaz lucha de Servet contra Calvino cuando nos dice que
las cartas a Calvino y el enviarle el manuscrito de Restitutio,
y al final su propio enfrentamiento con él, era su
deseo de realizar la suprema misión de convertirlo.[iv]
Servet creía en el fondo que el único capaz
de entender sus proposiciones teológicas, que sólo
era tiempo que las aceptara, en ese sentido era más
calvinista que el propio Calvino, esperando que terminara
por creer lo que el defendía.
Mario
Escobar Golderos es licenciado en historia y director de las
revistas “Historia para el debate” y “Kerigma".
[i] El libro se editó en Hagenau
(Alsacia), en el verano de 1531, Servet quería que
su escrito fuera un verdadero revulsivo, que abriera el debate
sobre la doctrina de la Trinidad. El libro se tradujo a varios
idiomas, ya que en un principio fue escrito en latín.
Tan sólo recibió reimpresión en 1721
en Regensburg
[ii] Redactada en la prisión de
Ginebra, a 22 de septiembre de 1553.
[iii] Restitution, Ed. Alcalá,
Madrid, 1980. P. 503-504.
[iv] Nieto, El Renacimiento y la otra
España, DROZ, Genève, 1997. p. 430.
(c) M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2004) |
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