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Con sincera admiración
Tras el telón, se oyen los aplausos, la algarabía de cuantos accediendo al evento han sido fascinados por lo representado allí. Tras el telón, somos protagonistas premiados por la ovación del público. Sin embargo, en el patio de butacas, se es espectador abrumado por lo acontecido encima del escenario. Es difícil ser al mismo tiempo espectador y protagonista. Es difícil decidir en que lugar se quiere estar.
Desde el 25 de abril hasta el 2 de mayo, la iglesia a la cual pertenezco celebra su 25 aniversario. Una fecha muy significativa para todos los que de una forma u otra hemos vivido muy de cerca el transitar del tiempo, y como en su itinerario ha ido dejando en cada miembro de esta gran familia un sabor inigualable a sueño cumplido.
Han sido años plagados de dificultades, de ganas por mejorar. Años en los que las vidas más maduras dejaron de mostrar su carga de sabiduría y abandonaron el lugar respetable que ocupaban, dejando huecos vacíos. Hoy, vestidos de gala celebramos con entusiasmo este cumpleaños que a todos nos llena de una alegre nostalgia .
El principal protagonista de esta historia ha sido siempre Dios, un Dios soberano y amigo que atiende al clamor de sus hijos. Pero si he de hablar de un protagonista humano, hablo de él, de Manuel Espejo. Un hombre que acunó un sueño y contó con la ayuda de Dios para hacerlo realidad.
Un hombre que no se amilanó ante las tempestades que le acechaban, sino que ceñido de valentía nos estimuló a todos a confiar en la cercanía de Dios y su beneplácito para la realización de aquel proyecto. Han sido muchos los momentos tensos que hemos tenido que soportar, pero sinceramente, gracias a un siervo como Manuel Espejo , la embarcación en la que habíamos decidido navegar no ha zozobrado.
Elogio su sabiduría a la hora de llevar a cabo el hermoso ministerio de dirigir un pueblo. Me desprendo de estas frases que manifiestan mi admiración hacia un corazón tan entregado, tan lleno de sencillez. Vierto mis halagos para que desemboquen en su persona, agradeciéndole no sólo lo que es, sino lo que hace que seamos quienes tenemos el placer de conocerle .
Junto a él hemos aprendido que la lucha, por muy ardua que esta sea, tiene al final su recompensa. Hoy, 25 años después de aquellos inicios, recolectamos parte de los sembrado, una siega fructífera que nos estimula a seguir cultivando el amor de Dios en los corazones que aún no le conocen.
Tras el telón, oímos hoy las voces agradecidas que nos transmiten una ofrenda de cariño en reconocimiento a nuestra labor . Me alegro de no ser espectadora y haber elegido vivir entre bambalinas, porque, aunque son muchas las trabas que se nos presentan a la hora de salir al escenario, siempre confiamos en la presencia de un majestuoso Señor, que nos susurra las palabras que hemos de expresar cuando se nos olvida el guión. Y como no, también le tenemos a él, a un amigo, pastor y consejero que nos alienta con gran cariño a seguir en este sendero colmado de rosas y espinas.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |