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Número 34 - 09 de mayo, 2004
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Sergio de LIs

Mundo futuro

La humanidad cambiará mucho, si el Señor no viene pronto. Se podrá llegar a los cien años; se especula que será más inteligente, puesto que el cerebro será mayor. Lo malo es que este aumento intelectual tendría un coste dramático: sentirían menos emociones y serían casi insensibles. Esto ya lo apuntaba Aldous Huxley en su obra más conocida quizá: Un mundo feliz. En ella, lo mismo que hicieron Orwell y Bradbury cuando imaginaron las sociedades futuras, describe un mundo aparentemente feliz, diseñado para ser perfecto. Pero, lo cierto es que Aldous, que ideó el título citando una obra de Shakespeare, La tempestad, y en la que Miranda dice: "¡Oh, maravilla! ¡Cuántas buenas criaturas hay aquí! ¡Cuán bello es el género humano! ¡Oh mundo feliz en el que viven tales personas!", utiliza esa expresión, su título, de forma irónica.

Pero, seguramente, la visión más sombría la ofrece Ray Bradbury en Farenheit 451: ¿Podéis imaginar que un Gobierno nos impidiera poseer libros, incluso leerlos? ¿Qué seríamos sin nuestra querida Biblia...? En esa obra, los bomberos preparan y encienden las piras donde se queman los libros,... porque hay que ser inocentemente feliz, y leer obliga a pensar y eso puede impedir la felicidad. O sea: una humanidad idiotizada, insensible pero, feliz. Como la nuestra. El futuro ya está aquí. Aunque, menos mal, ha ideado una forma de eliminar los libros, práctica pero no definitiva para los que los amamos: por medio de la televisión, Internet y demás, los condena al olvido.

EL FUTURO PUEDE ESPERAR...

No obstante, a veces se conocen iniciativas alentadoras, como esa de EL MUNDO de insertar en la primera página un poema, desde que la guerra en Irak pareció inminente; además, poemas que hablaban de paz y del dolor de lo bélico, incluían también a autores irakíes.

Y como demostrando que ese mundo futuro, tan inquietante, puede aun tardar en llegar, a nuestra Redacción llega la literatura y, además, poesía. Primero, fueron varios ejemplares de antologías poéticas, después un CD con dieciséis poemas y finalmente un poemario. Un libro regalado constituye siempre una incógnita, un reto a nuestra curiosidad e interés; pero, si es poesía, nos embarga el temor de no estar a la altura del poeta al leer sus versos, cierta vergüenza por acceder a su intimidad, nos sentimos acomplejados.

Entre esos libros, está el poemario -el segundo- de alguien tan conocido como es Pedro Tarquis. Al igual que los funcionarios de antaño, que hicieran famosa la imposición del "vuelva usted mañana" -seguramente, porque estaban ocupados en escribir sus cosas y no podían atender al público-, Pedro escribe en medio de sus trabajos: él se enfrenta a las radiografías, a las recetas, a las reuniones, a los comunicados de prensa y a mil obligaciones más, pero su alma escribe con tinta indeleble lo que su necesidad de estar a solas consigo mismo le dicta. Por eso confiesa: Escribo para escucharme y saber / si aún gorgotea el pozo de mi alma ("Ahuyentando soledades").

No sabemos si Pedro esta adscrito a alguna tendencia poética, si alguien más capacitado que nosotros nos dejaría con la boca abierta, al descubrir tal o cuál significado, o su identificación con la escuela de... Pero lo que sí sabemos es que su sensibilidad vibra, primero, con Dios, y después con todo lo humano: amor, hijos, familia, la tierra natal...

He aquí una muestra de ello:

Llévame al mar cuando muera

Una ola es un poema,
dos olas una montaña,

tres olas la cordillera

de espuma de Punta Brava.

Llévame al mar cuando muera,
llévame al mar marinero,

que oiga atronar las gargantas

de los cañones de las mareas.

Un pino es una lanzada verde,
dos pinos, una araucaria,

tres pinos son esmeraldas

junto al cofre abierto de Ucanca.

Llévame allí cuando muera,
llévame guanche a mi patria,

que vea el vuelo de la luna roja

por los cielos azules de Masca.

Un beso tuyo es una promesa,
dos besos una orquídea blanca,

tres besos son. nuestros hijos,

nuestro hogar, nuestro Dios, nuestra casa.

Llévame en tu corazón cuando muera,
llévame amor en mi amada,

que pueda besar tu suspiro

cuando despierte el alba.

Una oración es un ruego,
dos oraciones, espada.

Tres oraciones el reto

de la noche más larga.

Llévame, mi Dios, cuando muera,
llévate, por tu gracia, mi alma,

que junto a ti permanezca,

siempre mar. Siempre cielo, beso y alba
.

 

(De Mundo futuro, publicado en el nº 208 de Edificación Cristiana) RESUMIDO

© Revista Edificación Cristiana, nº 208. Resumido por el autor.

 
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