| Quiero escuchar a los inmigrantes islámicos
El ministro del Interior está preocupado por la utilización de las mezquitas en España para alentar el terrorismo islámico; ¿para qué controlar estas predicaciones si nos dicen que no estamos ante una confrontación de religiones o culturas?.
Se podrá contestar que los islámicos que así lo entienden son una minoría, pero aquí está el problema, no tenemos mucha idea de qué es lo que opinan los inmigrantes islámicos; sólo conozco los datos de una encuesta que indica que dos de cada tres marroquíes residentes en España apoya la realización de atentados suicidas en Irak y sé que no se puede extrapolar mucho de este dato, pero sí nos da una idea sobre su forma de entender las cosas: así, son muchos los españoles que se oponen con el mismo vigor a la ocupación de Irak pero muy pocos apoyarían el uso de atentados suicidas para darle fin.
Desde luego, la censura previa de las predicaciones de los imanes es sorprendente y al mismo tiempo ingenua. Recuerdo que durante el franquismo organizábamos conferencias de personajes de la oposición y la autoridad gubernativa nos requería un resumen previo de la charla para darnos el permiso; era totalmente ineficaz, el conferenciante solía saltarse a la torera el guión y en el peor de los casos acabábamos reuniéndonos de forma clandestina. Ésta será la consecuencia inevitable de la propuesta del ministro, y el terrorismo islamista será más peligroso cuando se sustente en las predicaciones clandestinas. El franquismo también intenté controlar nuestros cultos y las protestantes crecimos más en la clandestinidad que en la tolerancia.
No. la solución pasa por reclamar una definición clara a los inmigrantes islámicos: son ellos los que con mayor eficacia pueden frenar al terrorismo. Tenernos que ofrecerles todas las facilidades de integración, pero exigirles con la misma firmeza una clara definición: no se puede admitir que los asesinos del 11-M se hayan paseado entre nosotros, formado en nuestros centros educativos y aprovechado de nuestra ingenuidad para destrozarnos. Los primeras interesados en desenmascararles deben ser sus propias correligionarios y a éstos no podemos permitirles más la indefinición: deben manifestarse claramente por la tolerancia, }a democracia y el derecho a la vida.
Y nosotros no podemos tragarnos más el doble rasero: lo que se nos exige a nosotros se debe exigir a todos. Y pondré un ejemplo. En estos días, el gobierno americano acaba de condenar con firmeza los abusos contra prisioneros iraquíes; ha hecho lo que tenía que hacer. Lo que ya no es de recibo es que nuestros medios informen de la "indignación de los pueblos islámicos", pueblos en los que estos actos son cotidianos y bendecidos por sus dirigentes religiosos, sus gobiernos y ¡ojo! la mayoría de la población. Así, estamos aún esperando que una sola persona desde el mundo islámico, incluidos los inmigrantes en España, condene el brutal descuartizamiento de los cuatro civiles americanos en Faluya, y el paseo triunfal de sus restos entre el fervor de toda la población.
Tiene que haber reciprocidad; si no la exigimos, estaremos ofreciendo debilidad y nuestros hijos estarán perdidos. Se me dirá que no es posible presionar a las tiranías islámicas (en ocasiones apoyadas por la torpe política exterior americana) y exigirles esa reciprocidad. A quienes definitivamente se la podemos exigir es a sus inmigrantes aquí: que se definan. Quisiera escucharles condenar al terrorismo islámico y defender para los cristianos de Marruecos, Arabia, Sudán, Nigeria u Indonesia lo mismo que reclaman para ellos aquí, empezando por la libertad de culto. Con la misma exigencia, con 1a misma decisión.
X. Manuel Suárez es médico, escritor y Consejero de Medios de Comunicación del Consello Evanxélico Galego.
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X.M. Suárez, ProtestanteDigital.com (España, 2004) |