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Número 34 - 7 de mayo, 2004
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wenceslao calvo

En busca del arca perdida

‘Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo el Señor: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. Y vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió el Señor de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo el Señor: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor. Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé. Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet. Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.’ (Génesis 6:1-13)

Hace pocos días saltaba a los medios la noticia de que un grupo de exploradores va a iniciar el próximo 15 de julio la ascensión al monte Ararat para buscar el arca de Noé. Parece ser que con los deshielos provocados por las altas temperaturas del verano pasado, los satélites han detectado un objeto que pudiera ser el arca en cuestión. A tal fin, un empresario americano, Daniel McGivern, es el promotor de la investigación afirmando que traerá a su regreso pruebas fotográficas del hallazgo. Desde luego McGivern no es el primero que intenta dar con la famosa nave, aunque tal vez sea, de entre todos, quien más recursos tecnológicos y financieros tenga a su disposición para el empeño.

Los testimonios sobre la existencia del arca se han multiplicado a lo largo del tiempo, aunque fluctúan entre la mera proclamación verbal sin pruebas objetivas y otros más fundamentados pero no faltos de solidez. Así, algunos pilotos afirman haber visto en las cimas de Ararat un objeto que se parecía a un barco; pero también son pilotos los que afirman haber visto naves interplanetarias interponiéndose en su ruta sin que hasta el momento la debatida cuestión de los OVNIS no haya pasado de ser una especulación. Un explorador francés, Ferdinand Navarra, realizó tres viajes al monte Ararat en la década de los cincuenta del siglo pasado, llegando a realizar unas fotografías de un trozo de madera incrustado en el hielo que él afirmaba ser parte del arca de Noé. La noticia levantó gran expectación en todo el mundo, siendo comentada hasta en el New York Times. Pero el problema surgió cuando se aplicó la prueba del Carbono 14, según la cual la madera tenía una antigüedad que oscilaba entre mil y mil doscientos años de antigüedad, aunque como suele ocurrir en estos casos los partidarios de que la madera tuviera seis o siete mil años cuestionaron la objetividad del método empleado, quedando sumido todo el asunto en una confusa controversia. También el astronauta James Irwin, que pisó la Luna, dedicó los últimos años de su vida a la búsqueda del arca aunque sin obtener resultados tangibles.

Y es que el arca pertenece a esas cuestiones que a los humanos nos gustaría zanjar ya sea para reafirmar o para denigrar ciertas creencias. Durante años la Sábana Santa de Turín, la famosa síndone , levantó grandes expectativas, al ser la única prueba supuestamente científica que había de la resurrección de Jesús; se editaron libros, se convocó a expertos, se analizó milímetro a milímetro la tela, se enervaron pasiones, se proclamaron victorias... aunque al final todo quedó en agua de borrajas ante el dictamen final de la NASA: La tela no tenía dos mil años de antigüedad sino unos setecientos. En estas cuestiones resulta difícil separar lo sensacionalista de lo objetivo, habiendo siempre mentes calenturientas que, lejos de buscar la verdad y la imparcialidad, ven entes fantasmales donde no los hay y dan por sentado de antemano que su imaginación es la realidad. Por eso, todo lo que tenga que ver con la antigüedad ha de estar sujeto a una escrupulosa investigación, pues es sabido que en el mundo de la arqueología ha habido descomunales engaños tras los cuales sólo se movía el afán de vanagloria y de dinero. Y si a la antigüedad se une el tema de lo sagrado entonces ya tenemos todos los ingredientes necesarios para que el hallazgo del arca se convierta en todo un campo de batalla entre los defensores de la fiabilidad de la Biblia y los detractores de la misma.

No sé si el esfuerzo de Daniel McGivern se verá coronado por el éxito, aunque personalmente mi confianza en la fiabilidad de la Biblia no se verá afectada, en un sentido u otro, por el resultado de esa expedición pues yo sé a quién he creído. Sin embargo, que la búsqueda del arca de Noé sea noticia en los tiempos que vivimos para mí tiene otro significado: que lo importante no es la exploración y hallazgo del objeto sino el análisis de las circunstancias que llevaron al mundo de entonces a aquella catástrofe conocida como el diluvio universal.

El pasaje arriba citado nos da las claves para entender las razones de aquel cataclismo:

•  Una apostasía del pueblo de Dios materializada en un deseo sexual desordenado que antepone la codicia carnal a los principios fundamentales.

•  Una maldad y una violencia generalizadas que sobrepasan todo lo imaginable. Esa maldad es abundante: ‘mucha' , es permanente: ‘de continuo' ; es profunda: ‘todo designio' . Y la violencia está difundida por doquier: ‘llena' .

Me parece que nuestro mundo se va pareciendo cada vez más al mundo de Noé. Lo que actualmente se denomina post-modernismo no es más que un eufemismo de la palabra apostasía. La ordenación en USA y en Europa de clérigos homosexuales pertenecientes a iglesias protestantes históricas es la constatación del abandono por una parte de la cristiandad occidental de sus fundamentos. Por otro lado, la intensidad de la maldad y de la violencia actuales son características que nos vinculan directamente al mundo de Noé. Pero aunque aquella generación recibió un serio aviso (en el recorte de su duración de vida) antes de que llegara la catástrofe, sin embargo nadie reaccionó ante el juicio que tal aviso evocaba.

Pero el pasaje arriba citado además de hablar de juicio habla también de salvación.

•  Una salvación que es por gracia:
‘Noé halló gracia ante los ojos del Señor'
.

•  Una salvación que es para justicia:
‘Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones.'

•  Una salvación que se traduce en un estilo de vida:
con Dios caminó Noé.'

Juicio y salvación. Ese es el mensaje del arca para entonces y para hoy. Un juicio que se avecina sobre toda la faz de la tierra. Una salvación perfecta preparada para los que se toman en serio el anuncio del juicio y la promesa de salvación. Que seamos inteligentes para aprender la lección que el arca de Noé nos transmite.

 

Wenceslao Calvo es conferenciante y pastor en una iglesia de Madrid.
© W. Calvo, 2004, Madrid, España.

 
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