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Número 34 - 7 de mayo, 2004
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dLirios y troyanos
LUIS MARIÁN

Al señor Ministro del Interior

El nuevo Ministro del Interior, José Antonio Alonso acaba de proponer un sistema de control y censura previa sobre los cultos religiosos: “Hay que ir a un registro de control de actividades religiosas, de todas […] podemos exigir al predicador del culto que se sepa quién es y qué va a decir en la iglesia”.

No, no se crea usted que esta leyendo algún documento del Komintern o de un archivo medieval, no. Con la excusa de combatir al terrorismo islámico el señor Alonso pretende imponer la posibilidad de un seguimiento previo de manifestaciones que se produzcan en iglesias protestantes y católicas. No nos asustemos, pues quizás Don Alonso tiene información secreta que recoge evidencias que apuntan a que numerosos pastores evangélicos están predicando a favor del terrorismo organizado. Sólo habrá que esperar a que el Ministro nos informe de ello.

Pero mientras esto sucede, lo único que sí sabemos hasta ahora es que las iglesias protestantes hemos sufrido discriminación a diferentes niveles. Pocos recursos del Estado son los que se han empleado para apoyar las más que contrastadas labores de bien social que se vienen realizando. Servicios a la comunidad que deberían haber sido cubiertos por el Estado han sido acometidos –con escaso o nulo apoyo de las Instituciones Públicas- por nuestras iglesias. Pues bien, ahora parece que sí que vamos a ser objetos de partidas presupuestarias de las Administración Central… ¡pero para controlar lo que hacemos y pasar por la censura previa!

Siendo evangélico es evidente que los sentimientos ante semejante disparate fluctúan entre la estupefacción y la incredulidad, pues la indignación no ha podido asentarte todavía ante el desbordamiento proveniente de algo tan inconcebible. Pero querido amigo agnóstico o ateo, usted tiene los mismos motivos que yo para sentirse indignado, pues a partir de ahora sus impuestos van a ser destinados a controlar una minoría religiosa que combate abiertamente cualquier forma de terrorismo o de mal en general, y si no lo cree, lea el Sermón del Monte (Mateo 5) y sorpréndase de cual es la columna vertebral de la doctrina objeto de posible control. El caso es que nuestras reiteradas predicaciones a favor de la justicia social, la paz, e incluso el amor a los enemigos son ahora objeto de control policial. Este será el sensacional servicio que ocupará a nuestras limitadas fuerzas del orden.

Mientras aumenta el vandalismo juvenil, los malos tratos crecen, la inseguridad ciudadana nos aplasta y el terror se apodera de nuestro estado democrático, parte de los impuestos en materia de seguridad se usarán para investigar los sermones que han transformado los corazones de quienes un día fueron ladrones, drogadictos, maltratadores, asesinos, borrachos… etc.; un contrastado y amplio curriculum de bien social y espiritual que ahora sirve… para que nos vigilen.

Pero con esta decisión de extrapolar un problema exclusivamente islámico a otras confesiones religiosas siento el macabro deseo de jugar en el mismo tablero del Ministro y preguntarle: ¿Por qué no se realiza esta censura previa a todos los medios de comunicación y periodistas, ya que las plataformas de difusión informativa sí que han servido –a diferencia de nuestros púlpitos- como propagadoras del terrorismo?. Y a los partidos políticos: ¿por qué no usa contra todos ellos los mismos patrones de seguimiento utilizados contra ETA y su partido político afín?. ¿Y no son acaso más susceptible de control -antes que las iglesias evangélicas- las opiniones de muchos catedráticos? Revise usted los datos y respóndanos. ¿De verdad piensa, que con la excusa de combatir el terrorismo, hay que traer la censura, y para más INRI aplicarla sobre las iglesias cristianas antes que a mítines, conferencias, radio, televisión, universidad, institutos, teatro, prensa, cine, asociaciones culturales…?

De todos modos, hay que ver el lado positivo de las cosas. En lo que a mí respecta, en cuanto el Big Brother entre en funcionamiento adoptaré un nuevo talante y daré un cariz más evangelístico a mis sermones del domingo, pues quizás ahora algún funcionario del Estado experimente su conversión a la fe cristiana cuando los lean. ¿No es maravilloso?, a partir de ahora, el CNI, o quien sea (Dios no hace acepción de personas), se enfrentará a discursos sobre la gracia, la redención, el perdón, la humildad o sobre cómo Dios los ha amado desde siempre. Para optimizar recursos públicos y facilitar el trabajo de los nuevos vigilantes ya les adelanto que mi próxima predicación girará entorno al siguiente versículo : “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo” Levítico 19, 15. A ver si vale.

 

Luis Marián trabaja en Madrid como documentalista en la Universidad Carlos III,
y Coordinador de la Biblioteca Protestante de Madrid. Es estudiante de periodismo y cofundador
de www.delirante.org un portal juvenil cristiano enfocado al diálogo con no creyentes.

 
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