Rasgarse las vestiduras
En una pequeña sala del Círculo de Bellas Artes de Madrid, en la que sólo caben unas cincuenta personas, se estrenó en los últimos días de abril una obra teatral con título escandaloso, blasfemo, según algunos: ME CAGO EN DIOS.
La reacción de la jerarquía católica fue fulminante. El Cardenal Rouco Varela, presidente de los obispos españoles, se rasgó las vestiduras y arremetió contra el autor y el director de la obra alegando que el texto teatral ofendía los sentimientos de los católicos. Atiéndase a esto: Así lo repitió la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien es cuñada del autor de la obra en cuestión. En declaraciones a la periodista Rosana Rivas (El País 29-4-2004), dijo: "No voy a permitir que con dinero público se atente contra la dignidad de los creyentes católicos". ¿Qué pasa, señora? ¿Los que no somos católicos no somos creyentes? ¿Los que somos protestantes no tenemos dignidad?
En lugar de tanta parafernalia, tanto escándalo barato de cara a la galería, la jerarquía católica debería preguntarse por qué el autor de la obra, hombre de 50 años, culto, diplomático de carrera, con título de nobleza, educado en los jesuitas y graduado en ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola, ahora sale con esa embestida a la fe cristiana.
Por otro lado, ¿ha dicho Ramírez de Haro, autor de la obra, algo nuevo en España? La frase que compone el título, que no quiero escribir más, ¿no la oímos todos los días, a todas horas, en la calle y en los bares, en los trabajos y en el Metro, en los campos de fútbol y en las plazas de toros? En la España católica hacerse eso en Dios es el pan nuestro de cada día. No ocurre así en los países protestantes.
¿Ha ofendido Ramírez de Haro el sentimiento de los católicos? Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes cada semana santa, cortando las calles y paseando imágenes por delante de sus puertas. Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes cuando miembros de la jerarquía de la Iglesia aparecen a diario junto a personalidades políticas en actos organizados por un Estado que se dice constitucionalmente laico.
Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes obligando a sus hijos a estudiar una religión en la cual no creen. Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes al invertir muchos miles de euros del erario público para adecentar (así se dice) una catedral con motivo de una boda principesca.
Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre, decide dar a la Iglesia católica 300.000 euros para que familias católicas celebren "misas para los abuelos". Esto, añadido a la partida de 45 millones de euros que la Comunidad de Madrid destina a la Iglesia católica en el presupuesto de este año.
Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes al recibir la millonaria subvención del Estado (medio billón de pesetas al año. EL PAÍS 19-9-2001).
Los católicos ofenden los sentimientos de los no creyentes al gozar la Iglesia de privilegios fiscales que a ellos se les niegan. En fin, si sigo, no paro. Mejor lo dejo aquí.
Yo soy creyente. Hace mucho tiempo que incorporé a Cristo en mi vida. Proclamo la existencia de Dios con argumentos que me brotan del alma y de la razón. Trato de convencer al no creyente del error en el que vive. Pero ni el título de la obra, ni la obra misma, que no he visto ni tengo interés en ver, me ofrenden de manera alguna. ¿Tan faltos de razón estamos?
¿Creemos de verdad que esa menudencia puede ofender a Dios? ¿Creemos que Dios necesita ser defendido de algo o de alguien? Denunciamos la mota y ocultamos la viga. Al cielo llegan todos los días los olores nauseabundos de una sociedad occidental llamada cristiana que defeca en los principios de la fe, la moral, la justicia y el amor predicados por Cristo. Y Dios, ni se inmuta.
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España) |