| Adiós Santiago Matamoros,
hola Santiago peregrino
Después de 512 años se intentan enterrar los últimos iconos de las guerras de reconquista. En la catedral de Compostelana se desmonta a Santiago Matamoros, para subir a los altares a Santiago Peregrino. ¿Un signo de los tiempos? Todos queremos parecer políticamente correctos. Mientras, el ministro de Interior propone leerse todos los sermones religiosos de España, para que luego digan que los españoles no leemos. Compañeros articulistas, a partir de ahora deberemos esmerarnos más, el número de lectores de nuestros artículos está apunto de multiplicarse. La policía, la Guardia Civil, los servicios secretos, el ejército y hasta el Pentágono quiere saber lo peligrosos que podemos llegar a ser los radicales religiosos.
Palos de ciego de una sociedad confundida, en muchos sentidos peregrina, perdida entre las innumerables ofertas culturales, religiosas y laicistas. Los políticos, mientras tanto, siguen defendiendo que la religión debe practicarse y expresarse de manera privada. No se enteran de nada. Cristianos, musulmanes, judíos o cualquier otra religión, tiene y debe tener una expresión pública. El Pueblo de Dios , los Fieles de Alá o el Pueblo Elegido , no pueden esconderse tras las puertas de sus templos, entre otras cosas, porque el señor ministro quiere entrar en ellos con sus micrófonos y escuchar las largas prédicas religiosas.
Policía, represión, control, seguridad. ¿El precio de la libertas es qué seamos cada día un poco menos nosotros mismos?
Los musulmanes, por su lado, andan pidiendo libertades que sus correligionarios niegan a los cristianos en los países de mayoría islámica. Critican el estar bajo sospecha, al tiempo que islamistas persiguen a cristianos en Chad, Nigeria, Pakistán o Indonesia, por sólo citar algunos países.
Locke decía hace más de trescientos años que todo lo que pedimos es que cada hombre pueda disfrutar de los mismos derechos que son permisibles a los demás ciudadanos...En una palabra, que todas las cosas que la ley permite hacer en las ocasiones ordinarias de la vida, sean licitas para cada Iglesia en el culto divino. Que ni la vida del hombre, ni su cuerpo, ni su casa o propiedades sufran por esta causa... Cada cual ha de ser responsable de sus propias faltas, y ningún hombre ha de caer bajo sospecha u odio, por las malas acciones de otro... Que el Dios todo poderoso nos conceda que el Evangelio de la paz sea al fin predicado, y que los magistrados civiles, preocupándose más de conformar sus propias conciencias a la ley de Dios que de someter las de los demás mediante leyes humanas... (1)
¿Qué más podemos decir? Querido gobierno, más Locke y menos Torquemada.
(1) Locke, John, Ensayo y carta sobre la tolerancia, Alianza, Madrid, 1999
Mario Escobar Golderos es licenciado en historia y director de la revista“Historia para el debate”
(c) M. Escobar , ProtestanteDigital.com (España, 2004) |