| Un singular debate plural
Si nos sigue de cerca, se habrá dado cuenta que en este magazine semanal hemos tratado recientemente temas de actualidad en España desde diferentes puntos de vista, a veces complementarios y otras hasta contrarios. Y si no se ha dado cuenta, lo decimos aquí y ahora. Desde la polémica de la obra “Me cago en Dios” hasta las declaraciones del ministro del Interior español proponiendo un mayor control de los imames y mezquitas (y de todas las confesiones). Y no es la primera (ni la última) vez que pasa.
Y es que este proyecto, tal y como nació en la Alianza Evangélica Española (AEE) es “un proyecto de comunicación que se concibe desde el servicio a la pluralidad evangélica, sin que sea un medio representativo de la AEE como entidad, para lo que ya existen otros medios (las revistas Idea, Aletheia, y los Cuadernos de Ética, por ejemplo). Es por lo tanto una publicación NO representativa de la AEE en sí misma, aunque evidentemente con unos límites en lo publicado como opinión que, aunque amplios, se entiende que no rebasan lo aceptable dentro del consenso de la ortodoxia heterodoxia protestante” (así reza en sus normas de funcionamiento).
Dentro de la autonomía que se concede al Consejo de Redacción de Protestante Digital, se ha incluido en el equipo de trabajo a colaboradores de todos los posibles puntos de vista sociales y teológicos. Sin haberlo pretendido expresamente a nivel eclesial están presentes reformados, asambleas de hermanos, carismáticos, iglesias de Cristo, pentecostales, bautistas, independientes y –por supuesto- inclasificables. En lo social y político están desde los apolíticos hasta los contraculturales, desde la izquierda comprometida hasta los nacionalistas y la derecha más convencida.
Por todo ello, alrededor de la línea que marcan el
Editorial y las noticias se articulan las opiniones de todos
los colaboradores, a los que como único carnet de identidad
se les ha pedido que confíen en la Biblia como Palabra
de Dios y en Jesucristo como su Señor y Salvador. Además,
son excelentes personas y amigos capaces de convivir en la
más completa diversidad y, a veces, la polémica.
Lo que nunca condicionan son los intereses, ni siquiera los
propios de nuestra revista o de la Alianza Evangélica
Española, por una expresa renuncia que se ejercita
desde la más completa normalidad. Algo que nos llena
de alegría.
Y nos alegra no sólo porque se demuestra que es posible lo fraternal por encima de las diferencias y enfrentamientos respetuosos, sino porque de esta forma ofrecemos a nuestros lectores una de las mayores libertades: la de poder pensar -sin influencias de los intereses de una línea determinada- acerca de cómo entender la sociedad, la actualidad y la vida.
El lector/a es quien finalmente decide. Ahí está su privilegio y su responsabilidad.
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