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El sermón, luego; ahora sólo noticias
Tenía que haber dicho que no, pero el verano pasado me dejé caer en la trampa amistosa y fraternal que me tendieron de dar un par de conferencias en el Encuentro de Escritores Cristianos celebrado en Alcalá de Henares nada menos que sobre la “viabilidad de un proyecto de diario evangélico intercontinental en español”.
Siento haber defraudado a los asistentes, porque del tema encargado se me ocurrieron más dudas y preguntas que certezas y respuestas, de manera que al final mis disertaciones – charletas estaría mejor dicho– discurrieron por derroteros mucho menos pretenciosos. Hablé sobre cosas elementales del día a día de la práctica del periodismo, desde cómo ir aprendiendo a distinguir qué es noticia y qué es opinión –y, de paso, qué cosas pueden ser noticiables u opinables– hasta cómo funciona una Redacción, vista desde dentro y también, claro está, desde del punto de vista de los lectores, oyentes o televidentes.
Debido sin duda a la exagerada publicidad que a uno le hacen los amigos, lo cierto es que cada vez llegan más peticiones de consejos, proyectos y aún fórmulas mágicas sobre diversos aspectos relacionados con el mundo de la comunicación aplicada al campo evangélico, desde cómo rediseñar una revista existente a cómo poner en marcha un Departamento de Comunicación o plantear una campaña de Relaciones Institucionales.
A juzgar por la demanda internacional, diríase que hay clientes potenciales en número más que suficiente como para crear entre un grupo de expertos de España y América una compañía dedicada en exclusiva a la asesoría de Proyectos de Comunicación en el campo evangélico/protestante iberoamericano.
Lo siento, pero sobrevaloran mis capacidades, además de mi tiempo libre disponible. De modo que cada vez que me piden recetas o proyectos, y entre tanto no se crea la citada empresa de asesoría, lo único que me cabe es remitirles al director de este sitio en la red, Pedro Tarquis, quien está resuelto a organizar un Curso Internacional de Verano de Periodismo Evangélico para 2005, en cuyos preparativos estamos trabajando con un año de antelación, como debe ser. Todavía no ha sido convocado oficialmente, pero por si acaso yo me atrevería a recomendar a los interesados/as que fueran reservando plaza a Curso2005@ProtestanteDigital.com
Mientras tanto, a los líderes evangélicos no cabe hacerles recomendación mejor que la de que repartan juego, que den cancha a los expertos en comunicación e imagen que seguro tienen a mano, a poco que busquen, entre la feligresía de sus iglesias. A los –escasos– comunicadores en activo reconocidos por sus iglesias y organizaciones eclesiásticas, toda la simpatía y el apoyo, no sólo de un servidor, sino de todo el equipo de Redacción de esta revista digital. Oramos por ellos; hace mucha falta. Finalmente, al grupo más importante, los aspirantes a comunicadores evangélicos, la primera recomendación que cabe darles no es otra que la de que no dejen de mantenerse informados, de 0 a 24 horas, los 365 días del año. Luego, que escriban, pero sin dejar de entrenarse a diario en el “deporte” obligatorio de la autocrítica, que no tengan prisa en convertir a las masas y cambiar de golpe el mundo con sus escritos.
“Entre nosotros”, advertía en su Manual de Periodismo Evangélico el gran Arnoldo Canclini, “el defecto más común es confundir el artículo de revista con el sermón escrito”
Esta aseveración de quien fuera maestro de periodistas evangélicos del mundo de habla española sigue plenamente vigente, cincuenta años después de publicado su célebre manual. Los nuevos medios –radio, tv, internet, periodismo electrónico– cuentan con una gran presencia evangélica, pero cantidad no equivale a calidad. Cambian los soportes, pero lo que permanece inmutable es el tic sermoneador de nuestra prensa.
Mauel López Rodríguez, es periodista, director
de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid. |