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Oda a la primavera
Mayo, acicalado de aromas arremete contra los demás meses del calendario. Ha aparecido vestido de flores, henchido de elogios, rebosante de versos para ambientar los besos de los enamorados.
Mayo llegó con un hatillo de cánticos primaverales que suscitan alegría, camuflando la pereza del invierno con razones nuevas para la algarabía.
Me contagia la primavera con su luz, y sin ser muy consciente de ello, me veo envuelta en una actividad amena de contemplación, recreándome con agrado de todo cuanto observo, de aquello que percibo.
Esta estación aporta una esencia diferente a la rutina de cada día. Nos desperezamos de la modorra ocasionada por los grises días de la fría época invernal y ataviamos la rutina con colores frescos, nuevos, vivos. Una claridad radiante me asalta de mañana, recibiendo las caricias de un tímido sol que me da la bienvenida.
A diferencia de otras estaciones, posee la primavera un encanto especial, esa tenue brisa de alborozo que convierte lo cotidiano en nuevo, resaltándolo todo con un toque mágico de constante calidez.
Descubro un año más la tibieza que se desprende en las primeras horas del día, quedando todo salpicado por el cándido sol matutino que aún se presenta benévolo, pero que dentro de algunas semanas mostrará su ferocidad .
Hoy rezuman en mis oídos un himno con sones de reposo. Delicada melodía que me hace recordar que el invierno ya pasó y la estación de la canción ha llegado.
Yolanda Tamayo es colaboradora de la revista Ventana Abierta (Asamblea Cristiana).
© Y. Tamayo, 2004, España |