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Número 37 - 25 de mayo, 2004
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JUan simarro

Respuesta a Máximo García
Sobre teología protestante

He leído con interés el artículo de Máximo García sobre nuevos paradigmas teológicos en la Teología Protestante. Desde la amistad y el respeto, me gustaría decir que estos paradigmas teológicos no nos llaman la atención a muchos de los protestantes españoles, pues ya estamos en ellos, en la medida de nuestras posibilidades, desde hace ya muchas décadas. Así, cuando se habla como parte del nuevo paradigma teológico protestante la preocupación por lo que afecta al Tercer o Cuarto Mundo, nos extraña que a eso se le llame nuevo en la Teología Protestante. Y menos afirmar que vamos “hacia” ello.

También sería extraño llamar nuevo paradigma a la preocupación por lo que afecta al Tercer o Cuarto Mundo, si lo miramos desde el punto de vista de tantos escritos desde la teología católica. Después de tanta teología hecha desde estos posicionamientos – y no me refiero solamente a la Teología de la Liberación –, nos extraña esta novedad. En esos paradigmas estamos muchos protestantes en el mundo, desde hace mucho tiempo, tanto a nivel teológico como a nivel de vivencia práctica diaria del cristianismo. Protestantes que nos estamos moviendo y concienciando dentro del mismo campo evangélico, a pie de iglesia y a pie de la experiencia del cristiano normal, que, en algunos casos, nada o poco tiene que ver con esa élite de teólogos progresistas que batallan en el seno de los congresos de teología. Lo que yo aceptaría es que se hablara de nuevos paradigmas de acción y compromiso, ya que, realmente, la acción de los cristianos ha sido escasa en esas líneas y debe potenciarse.

Por otra parte, me extraña que esos teólogos progresistas protestantes se muevan en el seno de la Asociación de Teólogos Juan XXIII y en otros foros sociales alejados de la vida del protestantismo en España. Yo creo que más bien deberían ser ellos mismos los que, moviéndose en el seno del campo evangélico español, dejaran sentir su influencia sobre él en la línea de estos nuevos paradigmas teológicos. A partir de aquí, libres son de moverse en todas las asociaciones que quieran.

Dicen que son contrapeso a las manifestaciones sectarias. Y yo digo que serán contrapeso en algunos sectores de opinión teológica minoritarios, pero que no son el contrapeso que realmente se necesitaría en el campo evangélico, en el que deberían estar “gritando a voz en cuello” como dice el profeta Isaías. La Teología que se hace en congresos y que no lleva su influencia al seno del pueblo evangélico, y no convierte en agentes de liberación a los cristianos evangélicos, tanto en el mundo rico como en el seno del Tercer o Cuarto Mundo y en el seno de todos los lugares de conflicto que se dan en nuestra sociedad, se convierten en mero divertimento teológico... Y yo no noto la influencia de los teólogos progresistas, que se reúnen en la Asociación de Teólogos Juan XXIII, en el seno del pueblo evangélico español, aún con todo el respeto que me merece esta Asociación. Sólo en la acción y en la vivencia de un cristianismo vivido en el día a día, puede dar sentido a las reflexiones teológicas. Y yo llamo a ello a los teólogos progresistas protestantes.

Por otra parte, está tan necesitado el debate teológico del pueblo evangélico español de estos teólogos progresistas, que me extraña que se vayan a debatir a la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Debemos crear nuestras propias estructuras de debate teológico. Debemos perfilar nuestros propios congresos de teología en los que se dé cauce a estos nuevos paradigmas, que pueden ser nuevos o extraños para muchos de los protestantes españoles, pero no tanto para otros que han batallado y batallan en esta línea, tanto desde el punto de vista de la reflexión teológica, como desde la vida comprometida con los más débiles. Debemos crear nuestros propios foros y debate teológico. Los teólogos progresistas podrían ser un detonante que animara al compromiso de los creyentes con la sociedad y sus problemáticas. Un compromiso que ayudara a los evangélicos españoles a no estar de espaldas, ni en su reflexión teológica ni en su vivencia diaria del cristianismo, al dolor de los hombres. Pero este detonante no se consigue sólo en el debate de los congresos.

Estos teólogos que se llaman progresistas y hablan de una “Teología Combativa” , deberían estar en primera línea de acción, dejando sentir su influencia en las comunidades evangélicas y en los protestantes de a pie en España, pues aunque habla de los compromisos autóctonos en Latinoamérica y África, nos deja a los cristianos del Primer Mundo como ajenos a esta “Teología Combativa” . Se necesita concienciación entre los cristianos del mundo rico para que asuman nuevos compromisos con los países pobres en la línea de la justicia social. Sólo así tendrá sentido una reflexión teológica de este estilo en el Primer Mundo.

En cuanto a la relectura de la fe desde el eje central de la Reforma: la justificación por la fe, más bien habría que iluminar la fe desde una relectura de la Biblia en su globalidad, pues quizás el concepto de “justificación por la fe”, mal interpretado, ha hecho que muchos protestantes eludan el compromiso social y vean los valores del Reino como algo metahistórico. La fe, en su contexto bíblico, ya implica la preocupación por la sociedad y por el prójimo que sufre. Por eso la define el apóstol Pablo como “obrando a través del amor” . La fe ya implica el estar atento a las demandas de la sociedad actual y no puede estar de espaldas al prójimo, a no ser que caigamos en el concepto de “fe muerta”. Y esto se ve en todo el contexto bíblico donde la fe se muestra como actuante y comprometida tanto con la sociedad como con el prójimo. La fe y el amor caminan juntos en el texto bíblico.

A nadie que conozca el texto profético, los evangelios, el estilo de vida y prioridades de Jesús, le puede parecer un nuevo paradigma teológico “la dignidad personal y comunitaria y ayudar a luchar a favor de la justicia social”. Pero si a los teólogos progresistas les pareciera algo nuevo, lo deberían defender en España con el compromiso personal. A la vez que reflexión teológica, se deberían mantener formas de vida comprometidas y activas en pro de la dignificación de los pobres, de su integración, de denuncia de unas estructuras sociales injustas tendente a la posible implantación de un nuevo orden social. Para ello, los propios teólogos, sean de la Asociación Juan XXIII o actúen en solitario, deben convertirse en agentes de liberación de los débiles a los que se les ha arrebatado su dignidad, vivir a pie de comunidad o de iglesia, rescatar los valores del Reino y hacerles funcionar como contracultura en la sociedad desigual y opresora que tenemos hoy. Sólo así se podrá luchar contra la “espiritualidad alienante” de la que se habla en el artículo.

Y para los protestantes españoles es necesario que estos teólogos progresistas no nos hablen sólo desde Asociaciones Teológicas que nos son extrañas, sino desde nuestras propias estructuras que apoyen un debate teológico interno. Hay que crear tejido teológico protestante en España y más debate teológico propiamente evangélico.

Juan Simarro Fernández, licenciado en Filosofía, escritor
y director de Misión Evangélica Urbana de Madrid.
© J. Simarro, 2004, Madrid, España.

 
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