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Usoz y Río, y Wiffen: dos bibliófilos en las Cortes de Isabel II
La singular vida de Luis Usoz y Río merece un espacio destacado entre los reformados españoles del siglo XIX. Un hombre erudito, altruista y filántropo que nos legó uno de nuestros mayores tesoros, la obra y la memoria de los evangélicos que nos precedieron. Sirvan estas humildes letras para rendirle un cálido homenaje.
Poco se ha escrito sobre los españoles alejados de la ortodoxia católica. Durante siglos se ha preferido ignorar su labor. Esta es una de las razones por las que nuestro biografiado, ha sido olvidado en los anales de la Historia de España. Tan sólo la breve biografía de nuestro afamado Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos Españoles . En tiempos más recientes, el profesor Vilar escribió un breve libro titulado La formación de una biblioteca de libros prohibidos en la España Isabelina y su otro libro, Intolerancia y Libertad en la España Contemporánea , más recientemente, Vilar ha publicado parte de la correspondencia de Usoz con el reformado Matamoros . También nos informa sobre Usoz en su trabajo Domingo Ricart , sobre todo en relación a la amistad de este con Wiffen. El historiador Cánovas del Castillo habla de Usoz, en relación a su tío Serafín Estévanez Calderón, pero de manera despectiva, intentando resaltar la extravagancia del reformado. Robert Johnson publica y comenta la correspondencia entre Usoz, Wiffen y el canónigo Riego, además de hacer un estudio detenido de las ediciones de la RAE, coste y año de publicación.
Marcelino Menéndez Pelayo titula la pequeña biografía de Luis Usoz y Río como Luis Usoz y Río: un cuáquero español . A pesar de que Menéndez Pelayo, afirmara el cuaquerismo de Luis Usoz y Río, este nunca proclamo su adhesión a dicho movimiento, en cambio es innegable que sentía simpatía hacia él. Menéndez Pelayo llega a decirnos que:
El nombre de Usoz es inseparable de la literatura protestante del siglo XVI, que él recogió, ordenó, salvó del olvido e imprimió de nuevo, dejándonos, a costa de enormes dispendios, la más voluminosa colección de materiales para la historia del protestantismo español. Su entendimiento, su actividad, su fortuna, su vida toda, se emplearon y consumieron en esta empresa, en la cual puso no sólo fe y estudio y entusiasmo, sino el más terco e indómito fanatismo. Porque Usoz era fanático, de una es especie casi perdida en el siglo XIX e inverosímil en España, de tal suerte que en su alma parecían albergarse las mismas feroces pasiones que acompañaron hasta la hoguera al bachiller Herrezuelo, a Julianillo Hernández y a D. Carlos de Sesé .
Con este contradictorio elogio, Menéndez Pelayo reconoce la titánica labor de Usoz, a pesar de que la considere loca. Incluso fanática, pero que Menéndez Pelayo asocia a Luis Usoz y Río con cualquier tipo de fanatismo, rompe la lógica del propio personaje, ya que el propio historiador nos dice más adelante, que no lo trató ni había leído nada acerca de su vida . El mismo Menéndez y Pelayo reconoce más adelante que su opinión sobre Usoz es especulativa, si base científica y por tanto, arbitraria. Aunque, no duda de la buena fe del disidente religioso. La interpretación que sostiene más adelante Menéndez y Pelayo es muy literario, pero sigue alejada de la realidad de Usoz, ya que nos comenta que entregado Usoz a la lectura y libre interpretación de los sagrados textos y a la de varios controversistas, más o menos herejes, del siglo XVI, fue forjándose una especie de protestantismo sui generis , cuyos dogmas y artículos no se fijaron hasta el memorable día en que un librero de viejo le trajo a vender un ejemplar de la Apología , de Barclay, traducida por Félix Antonio de Alvarado . La génesis del pensamiento de Usoz puede estar en esta lectura y otras similares. Su atracción por los cuáqueros y de su doctrina, continuó hasta que logró visitarlos en Londres en 1839, provisto de una carta de recomendación de Jorge Borrow, dirigida a Jonatás Forster, uno de los principales miembros de la So ciedad de los Amigos, en Inglaterra.
A pesar de que Menéndez y Pelayo no profundiza en la amistad de Usoz y Borrow, esta fue intensa, y en la actualidad se conoce gracias a la correspondencia que los dos mantuvieron. Al parecer el contacto entre los dos partió de Borrow, que quería traducir parte de la Biblia al caló y contactó con Usoz, que era un verdadero especialista en diferentes lenguas. Usoz quedó prendado de la idea de difundir las Sagradas Escrituras en español y decidió hacerse miembro de las sociedades bíblicas. En un artículo de Usoz, en el periódico que colaboraba, El Español, afirmaba algo tan rotundo y revolucionario para la sociedad de su época como que nada, sino la lectura de la Biblia, puede construir la base de una sólida libertad en España .
La descripción que hace Menéndez y Pelayo de Usoz, no termina en lo dicho anteriormente, más adelante nos comenta que D. Luis de Usoz era un protestante arqueológico, pero no con la frialdad y calma que la arqueología infunde . Por su carácter le parece, una reencarnaciones del espíritu de Antonio del Corro o del doctor Constantino. Un hombre tan enfrascado en sus estudios, tan apasionado en su labor, que aquella única lectura de libros teológicos del siglo XVI, puso en la mente de Usoz, algo semejante al que produjeron los de caballerías en la mente del Ingenioso Hidalgo . Si bien es cierto, que Usoz vivía alejado de la convulsa España de Isabel II, aislado voluntariamente del mundo intelectual, al que había pertenecido, prefiriendo a la manera que Pomponio Leto y sus amigos no sabían vivir sino entre los recuerdos de la Roma pagana, el pensamiento de Usoz volaba sin cesar a aquellas reuniones dominicales de Chiaja, en que Juan de Valdés comentaba las Epístolas de San Pablo ante los más bizarros galanes y apuestas damas de la corte del virrey D. Pedro de Toledo . Menéndez Pelayo nos descubre intimidades imaginadas de Usoz al afirmar que Usoz anduvo toda su vida platónicamente enamorado de Julia Gonzaga , convirtiéndola en señora de sus pensamientos.
CONTINUARÁ
VILAR, Juan B., La formación de una biblioteca de libros prohibidos en la España Isabelina,
VILAR, Juan B., Intolerancia y Libertad en la España Contemporánea, Los origienes del protestantismo español actual, ISTMO, Madrid, 1994.
VILAR, Juan B., Manuel Matamoros, Biografías Granadinas, Editorial Comares, Granda, 2003.
RICART, Domingo, Notas para una biografía de Luis Usoz y Río, Studia Albortoniana, XIII, 1973. Pp. 437-532.
CÁNOVAS DEL CASTILLO, Antonio, El solitario y su tiempo, Biografía de don Serafín Estébanez Calderón y crítica de sus obras , 2 vol., Dubril, Madrid, 1883.
JOHNSON, Robert, Notas para una biografía de Luis Usoz y Río, Studia Albortoniana, XIII, 1973. Pp. 533-551.
MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Historia de los Heterodoxos Españoles , BAC, Madrid, 1987, Tomo II. Vol. 3º, Cap II, “Un cuáquero español: Usoz y Río.
Ibidem , Tomo II. P. 900. Como no existe ninguna biografía de Usoz, ni yo le he alcanzado ni tratado, ni sé que él se franqueara con nadie sobre esta materia, no puedo escribir aquí punto por punto, como yo deseara por ser caso psicológico curiosísimo, las variaciones y tormentas de su conciencia, que es el punto principal en la vida de todo disidente de buena fe.
Ibidem, 901.
Este texto lo comenta el propio Borrow a al Rv. Brandam, secretario de la sociedad Bíblica en una carta a principios de 1836.
Ibidem, P. 900.
Ibidem , P. 900.
Ibidem , P. 900.
Viuda del Virrey de Nápoles y discípula de Juan de Valdés.
Usoz incluyó esta obra en IV volumen de la RAE, redescubriendo a Alfonso de Valdés sin saberlo. VALDÉS, Juan, Dos Diálogos, Tomo IV RAE, LDGF, Barcelona, 1981.
MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Historia de los heterodoxos españoles , BAC, Madrid, 1987, Tomo I,. Capítulo sobre Alfonso de Valdés. (edición de Froben, año 1538) se llama a Alfonso de Valdés, profesor de teología y eclesiastes o predicador en Burgos; pero tengo para mí que es por confusión, fácil en un editor extranjero, de Alfonso de Valdés con Alfonso de Virués, a quien competen estas calificaciones.
Ibidem, Tomo I , Capítulo sobre Alfonso de Valdés.
De ello habla largo y tendido Marcelino Menéndez Pelayo en su capítulo dedicado a Valdés.
Todo esto estudiado por Marcelino Menéndez Pelayo en sus Heterodoxos de una manera más exhaustiva.
De Egidio hemos hablado en capítulo Doctores tiene la Iglesia. De esta forma puede verse la estrecha relación entre erasmistas y luteranos.
MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Op cit, Tomo I, Capítulo sobre Alfonso de Valdés.
Comentario del abad de Nájera, comisario del ejército del duque de Borbón.
NIETO, Valdes y los orígenes de la Reforma en España e Italia, FCE, Madrid, 1979, p 109.
Según nos informa Nieto, por desgracia esta traducción se ha perdido. NIETO, Op cit, p 109.
MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Op cit, Tomo I, Capítulo sobre Alfonso de Valdés.
Menéndez Pelayo informa en su libro, que Alfonso de Valdés la tradujo al italiano, lo que no tiene sentido, ya que no era este un idioma cotidiano para Carlos V. MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Op cit, Tomo I, Capítulo sobre Alfonso de Valdés.
LLORENTE, Juan Antonio, Historia crítica de la Inquisición en España, Tomo II, HIPERION, Madrid, 1980.
NIETO, Op cit, p 110. MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino, Op cit, Tomo I, Capítulo sobre Alfonso de Valdés.
Mario
Escobar Golderos es licenciado en historia y director de la
revista “Historia para el debate”.
(c) M. Escobar, ProtestanteDigital.com (España, 2004) |
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