|
Las bases bíblicas de la autoestima
En el artículo de psicoayuda anterior , repasé algunos conceptos básicos sobre la autoestima, su origen y desarrollo temprano. En este artículo, esbozaré una mayor clarificación de las bases bíblicas de la autoestima, puesto que a veces vemos cierta confusión y malestar psíquico en aquellas personas que no tienen una adecuada instrucción sobre este tema.
La Biblia se refiere específicamente a la autoestima, si bien no utiliza dicho término. Jesús, en el Sermón de la Montaña (Mt. 7:12), habla del amor al prójimo como a nosotros mismos, principio de vida que luego se ha denominado la regla de oro de la conducta moral cristiana: hacer a los demás lo que queramos que los demás hagan con nosotros. Luego es legítimo y necesario, desde el punto de vista cristiano, el tener un adecuado concepto de uno mismo, que pasa por amarnos a nosotros para así amar a los demás. Porque nadie puede dar de sí mismo lo que primero no tiene. Por otro lado, Pablo afirma en su carta a los romanos (Rom. 12:3): “...a cada cuál que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”.
Luego, ¿cuáles son las bases bíblicas de la autoestima?. Primera base, los orígenes: somos hechos a imagen de Dios. Segunda base, la redención: Cristo murió por nosotros. El Hijo de Dios nos considera de tal valor, que da su vida por nosotros. Cristo, el segundo Adán, viene a recrear la imagen de Dios en nosotros. Esta imagen, distorsionada por el pecado, no está del todo borrada y Cristo, con su sacrificio, viene a humanizarnos. Si a estas bases bíblicas unimos las fuentes de autoestima psicológica como personas con intelecto, emociones, afectos y voluntad, con capacidad para crear y comunicarnos a imagen de Dios, entonces tenemos una base sólida y adecuada para el amor propio en armonía con la enseñanza bíblica.
No obstante, con frecuencia se ha contrapuesto erróneamente autoestima con humildad. Pareciera así que autoestima es sinónimo de presunción y egocentrismo, y humildad es sinónimo de apocado y temeroso, rasgos de alguien que respeta a los demás a expensas de su propia dignidad. Algunos entienden así la humildad y encuentran razones religiosas muy piadosas para justificarlo. Como cristianos seríamos así una especie de cáscara vacía, sin personalidad propia. Pero esto dista mucho de ser un enfoque correcto de antropología bíblica. Muy al contrario, tal y como he dicho anteriormente, Dios nos hizo a Su imagen, con personalidad y con un cerebro para pensar, sentir y tomar decisiones por nosotros mismos que le honren a El.
Con una comprensión más profunda de las bases bíblicas de la autoestima, tenemos fundamento para combatir en nuestras vidas aquellos defectos de carácter que se nutren de una baja autoestima: sentimientos de inferioridad, rechazo, culpa y temor, que son ataduras emocionales que dificultan nuestro desarrollo a imagen de Cristo. Entendiendo así que el desarrollo de la autoestima no es presunción ni egocentrismo, sino la necesidad básica de descubrir nuestro valor y significación como personas, estaremos en mejores condiciones para aplicar el consejo de Pablo en su carta a los efesios (Ef. 4:22-24): “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. (Siguiente artículo: cómo desarrollar la autoestima).
El autor,
Francisco Gómez Moreno es psicólogo y profesor de consejería del Centro de Estudios Teológicos CET-CARISMA.
(c)
Francisco Gómez Moreno, ProtestanteDigital.com, España, 2004 |