| El buen pentecostal
No es correcto el título de este editorial (luego explicaremos por qué), pero expresa en su incorrección lo que queremos exponer: el movimiento pentecostal y el carismático pueden aportar –y aportan- una gran bendición no sólo al testimonio de la fe cristiana-protestante sino a la misma sociedad.
Y decimos que está mal el título como está mal el del “buen samaritano”, al que Jesús nunca llamó así, ya que empieza hablando de él como “un samaritano”. Decir “el buen” parece indicar que muchos de los demás no son tan buenos, incluso levanta las dudas de que los hay malos y en abundancia.
Y los pentecostales - carismáticos, humanos todos ellos en sus virtudes y debilidades, son sin duda una porción importante del pueblo del Libro. Son también parte de la Junta Directiva de la Alianza Evangélica Española (de quien depende esta publicación), varios de ellos están en el Consejo de Redacción de esta revista o como colaboradores, y mantienen un sobresaliente testimonio, como es el caso en España del movimiento de Asamblea Cristiana o la Iglesia de Dios en Zaragoza (por citar a los dos últimos grupos que han aparecido por diferentes y positivas causas en esta revista digital).
Su vitalidad indudable va unida a la noticia de esta semana que evidencia que en Chile (y refleja lo que ocurre en todo el mundo) las iglesias evangélicas en general y las pentecostales y carismáticas en particular no sólo llevan a una vida espiritual ordenada, sino que además logran una mejora social de sus miembros en todos los sentidos.
Esto va en contra de muchos prejuicios (dentro y fiuera de las iglesias evangélicas) acerca del pentecostalismo como poco sólido en sus bases, y más bien vinculado al emocionalismo de una marginalidad necesitada de experiencias que le hagan olvidar su realidad (como si de otro “opio del pueblo” se tratase).
Y es cierto que hay iglesias pentecostales o carismáticas que fallan, precisamente por apartarse de las bases bíblicas fundamentales en materias de fe y costumbre, viajando hacia extremismos. Pero lo mismo ocurre, cada cual a su forma, en todas las denominaciones.
Como también es cierto que en todas las denominaciones existen ejemplos de vida abundante y comprometida. Sólo citar aquí a todo un Premio Nobel como Jimmy Carter (bautista) que sigue impartiendo las verdades de Jesús, y con una vida ejemplar de lucha por la paz interior y exterior de los seres humanos (sin distinción de razas o religiones). Todo un ejemplo para los ocupantes de la Casa Blanca y de todas las Casas, sea cual sea el color.
Por eso, el título correcto de este Editorial sería: “Los pentecostales son buenos”. Lo que necesitan los pentecostales, carismáticos y evangélicos todos es ser valorados y apoyados, y si se les critica que sea desde el deseo de construir lo positivo que hacen (hacemos); sea el crítico hermano en la fe, o bien alguien socialmente más lejano.
Eso es lo que desde aquí intentamos, porque es a la vez lo que vivimos.
|