| “TIMOTHY LEARY”,
Alpha Decay, Barcelona 2004, 699 páginas (CRÍTICA DE JUAN DE RABAT)
La editorial Alpha Decay acaba de publicar un grueso volumen que recoge las memorias de Timothy Leary, considerado el padre de la L.S.D. La recopilación del material corre a cargo de Scott Alexander y Larry Kazareszwski. William Barrogughs escribe el prólogo y la versión española ha sido realizada por Gabriel Dols.
Ante un nuevo libro surgen preguntas inevitables: ¿Hacía falta? ¿Aporta algo distinto? ¿Qué objetivos persigue? La memoria no es solamente útil para la composición literaria, sino también para la conducta de la vida. Y en este terreno Timothy Leary no es precisamente un ejemplo.
Leary nació en Springfield, Massachussets, ese estado que según decía Alfonso Paso tiene nombre de estornudo, en 1920.
Durante dos años anduvo recorriendo el mundo viviendo de lo que ganaba como conferenciante. En 1959 aceptó un trabajo en el Centro de Investigación de la Personalidad en la famosa Universidad de Harvard. Al año siguiente inició su gran aventura psicodélica que llegó a convertirle en el pontífice de la naciente religión de la droga sintética conocida como L.S.D., que tantas vidas ha arruinado.
En sus memorias, Leary admite que la L.S.D. encierra peligro de habituación, con síntomas tóxicos que se traducen en somnolencia, vértigo, diarrea, parálisis de los músculos oculares, inquietud, angustia, vómitos, falta de apetito y hasta accesos epileptiformes. Con todo y eso, creyó en ella, la consumió y la propagó hasta su reciente muerte en California.
Si Leary fue el sumo sacerdote de la L.S.D., Aldous Huxley, a quien le unió una estrecha amistad, fue el profeta. Huxley trató el tema de los alucinógenos en su famosa novela UN MUNDO FELIZ, publicada por vez primera en 1932. Aquí el escritor nacido en Inglaterra exalta las glorias interiores de las drogas utilizadas por los antiguos habitantes de la India en la celebración de sus ceremonias religiosas. Cuenta Huxley que cuando los sacerdotes apuraban el brebaje alucinógeno, “sus cuerpos se fortalecían, sus corazones desbordaban de valor, alegría y entusiasmo, sus mentes se iluminaban y, con una revelación inmediata de vida eterna recibían la seguridad de la inmortalidad”.
Pueden contarse por millones los adolescentes y jóvenes que en todos los países del mundo han acabado convertidos en piltrafas humanas al querer seguir esos consejos. La droga mata.
Veintidós años más tarde, en 1954, Huxley volvió a tratar el tema en otro libro conocido, LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN. Para entonces la L.S.D. ya estaba en el mercado y en los atrofiados cerebros de sus consumidores. Su defensa de la droga era tajante: “La droga –escribió- aporta el infierno y el purgatorio sólo a aquellos que han sufrido una reciente ictericia, o a los que sufren, bien de depresión periódica o de ansiedad crónica”.
Timothy Leary fue uno de los que siguieron al pie de la letra los consejos de Huxley. Cuando éste, con 67 años, declaraba en 1961 a un grupo de científicos y literatos en la Universidad de California que “ciertas drogas pueden desarrollar, rechazar y ampliar los límites del pensamiento humano”, entre el auditorio se encontraba Leary, 41 años entonces, de origen irlandés, nacido católico y convertido al induísmo.
Leary se trasladó a Cuernavaca, México, donde se dedicó a experimentar con alucinógenos. Posteriormente regresó a Harvard y se reunió con Huxley. Los dos investigadores decidieron aunar sus conocimientos. Convertidos en proselitistas de la droga, la L.S.D. pronto estuvo de moda entre la juventud de Estados Unidos.
Huxley murió el 23 de noviembre de 1963. Leary fue expulsado de la Universidad. En sus sermones hablados y escritos alababa de continuo las excelencias de la droga. “El futuro de las juventudes americanas –decía Leary- está en la L.S.D.”.
¡Menudo futuro! Un futuro de estupidez mental y de esquizofrenia. Un futuro de ruina física, espiritual e intelectual. El futuro de una juventud que mira con ojos dormidos en busca de la nada.
Toda esta historia nos la recuerdan ahora amigos de Leary que han asumido la tarea de recopilar sus escritos. ¿Hacía falta este libro? Yo creo que no, pero ahí esta y he querido darlo a conocer. Conociendo el peligro puede que resulte más fácil huir de él.
Juan de Rabat es escritor y crítico literario.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
LA ESPAÑA EVANGÉLICA AYER Y HOY, José María Martínez,
Editorial CLIE
y Andamio , Terrasa
1994, 528 páginas
(CRÍTICA DE JUAN A. MONROY)
Ya denuncié en un comentario anterior que en la relación de libros escritos por José María Martínez que me envió su editor figura uno que no tengo, CRISTIANOS EN EL MUNDO DE HOY, supuestamente escrito en colaboración con otros autores. Hoy me quejo de otra falta. Entre SALMOS ESCOGIDOS, de 1992, y este titulado LA ESPAÑA EVANGÉLICA, de 1994, encuentro una referencia a otra obra que llevaría por título EL PROBLEMA DE LA HOMOSEXUALIDAD, publicada también en 1992.
No la conozco.
¿Escribió José María Martínez sobre la homosexualidad? ¿Alguien conoce este libro? ¿Alguien podría mandármelo? No quisiera que este repaso a la bibliografía de Martínez quedara incompleto.
En menos de 40 años se han publicado cinco libros sobre historia del protestantismo en España. Habrá otros, pero estos son los más destacados y más conocidos: SAMUEL VILA: UNA FE CONTRA UN IMPERIO, de 1979, cuya autoría está firmada por David Muniesa . JOSÉ CARDONA: LA DEFENSA DE UNA FE, de 1998, escrito por Eliseo Vila. HISTORIA ILUSTRADA DE LOS PROTESTANTES ESPAÑOLES, por Valentín Cueva, de 1997, y NUESTRAS RAICES, de Rafael Arencón, aparecido en el 2000. A estos libros habría que añadir los once tomos que recogen parte de las Obras Completas de Juan Antonio Monroy, publicados entre 1998 y el 2003, que recogen en sus páginas los principales avatares vividos por los protestantes españoles en los últimos cincuenta años.
El libro de José María Martínez está escrito con rigor, con absoluta fidelidad histórica.
Leí el libro cuando salió de la imprenta y a la mitad de sus páginas, en otras lecturas mías, tropecé con estas palabras de Miguel de Unamuno: “La primera honda lección de patriotismo se recibe cuando se logra conciencia clara y arraigada del paisaje de la patria, después de haberlo hecho estado de conciencia, reflexionar sobre éste y elevarlo a idea”.
Es lo que hace José María Martínez en su obra magistral. Tiene conciencia clara del paisaje evangélico de España y después de haberlo hecho estado de conciencia en carne propia, reflexiona sobre él y lo eleva a idea.
Resulta difícil exponer sumariamente el contenido de LA ESPAÑA EVANGÉLICA DE AYER Y HOY por la cantidad y la calidad de los temas que trata.
Martínez divide la obra en dos partes principales. Una dedicada a la exposición histórica y otra a la reflexión teológica.
Arranca la primera parte con un bosquejo histórico del protestantismo en España. Desde sus inicios hasta el siglo XV. Los albores de la Edad Moderna. Lo que supuso para España la Reforma del siglo XVI, el contexto político-religioso de la Segunda Reforma, beneficiada por la corriente de liberalismo que dio lugar a un clima favorable a la libertad religiosa.
En las primeras décadas del siglo XX se fue avanzando en el tímido reconocimiento de los derechos de la minoría protestante. Pero llegamos a los años revueltos de 1931 a 1936, la guerra civil, los duros años del franquismo, la transición democrática.
La concentración del pensamiento, la energía intelectual y el riguroso proceso de investigación que José María Martínez ha condensado en este libro lo convierte en una obra única. La prosa, a veces regada con lágrimas, sostiene un elevado nivel que apunta a los esfuerzos gigantescos del autor.
Ni en varios artículos de la dimensión que este tiene podría darse un resumen cabal del contenido del libro.
Al concluir la exposición histórica José María Martínez escribe 38 páginas sobre los evangélicos en la España actual. Esto también es historia. Pero, además, es sociología y análisis denominacional. Imposible sintetizar el contenido de estas páginas. Hay que leerlas.
La segunda parte del libro sólo tiene cuatro capítulos. El autor trata en ellos de la perspectiva teológica, que constituye la base de la fe cristiana, la perspectiva eclesiológica, insistiendo sobre las características de la Iglesia, la perspectiva misiológica –un capítulo bello y rico en contenido-, donde el autor confiesa que el espíritu evangelizador ha sido característica de los evangélicos españoles, y la perspectiva sociocultural. Aquí Martínez considera la responsabilidad del cristiano en dos vertientes: la cultural y la social en su aspecto más netamente antropológico.
El libro de José María Martínez se enriquece con dos importantes textos legales que afectaron muy directamente las relaciones del Estado con las iglesias evangélicas. La Ley de libertad religiosa de 1980 y los Acuerdos de 1992.
Tres páginas de bibliografía básica y siete páginas de índice onomástico concluyen una obra que debería ser leída por cada evangélico español desde la adolescencia hasta el siglo de vida.
Juan Antonio Monroy es un conocido escritor y conferenciante internacional.
© J. de Rabat, ProtestanteDigital.com, 2004 (España)
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