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Madonna y el mal de ojo
Arequipa, mi ciudad natal en el sur del Perú, era en la época de mi niñez una ciudad con mucho de cultura española. Centro agrícola y ganadero importante, en el cual los campesinos todavía saludaban diciendo “Buenos días nos dé Dios,” era también lugar de costumbres supersticiosas de larga data, que no se sabe con certeza si las llevaron los conquistadores andaluces y extremeños o si se originaron en la religiosidad indígena. Una de estas costumbres era la de atar un hilo de lana roja como brazalete en la muñeca de los niños y niñas para que no les diese el “mal de ojo,” que podía venir cuando una persona envidiosa, o poseedora de poderes especiales, mirase a los pequeños con demasiada atención.
Me acordé de esto hace unos días cuando durante un viaje a los Estados Unidos vi en la portada del diario USA Today (26 de mayo 2004) una foto de la famosa cantante Madonna. Mostraba un hilito de lana roja atado en su muñeca para que no le diera el mal de ojo. “Toma – me dije – Madonna se trajo algo de Arequipa.” No fue eso, para decepción mía. Estos hilitos los venden a 26 dólares en el Centro de la Cábala de los Ángeles, al cual Madonna acude regularmente. Según el mencionado diario, Madonna fue criada como católica pero es ahora una entusiasta propagadora de esta versión de la Cábala, y les ha regalado brazaletes a otros conversos de su culto: las actrices Britney Spear y Demi Moore, y el futbolista David Beckham y su esposa Victoria. Así estas celebridades quedan aptos para “neutralizar miradas envidiosas y de mala voluntad.”
La Cábala es una milenaria secta del judaísmo que interpreta la Escritura de manera simbólica. Esta versión moderna de la Cábala en California atrae a mucha gente joven y rica. Su director en Los Ángeles es el rabino Yehuda Berg cuyo libro Los setenta y dos nombres de Dios: tecnología para el alma se vende en los conciertos de Madonna. Berg dice que ha visto decenas de miles de personas cuyas vidas han mejorado por el contacto con su mensaje. USA Today cita opiniones críticas del rabino conservador David Wolpe, también de Los Ángeles, quien opina que “Las respuestas simples no hacen crecer el alma. Los hilos rojos y las botellas de agua mágica no cambian el mundo y no cambian a las personas.”
El auge de religiosidad de la cultura posmoderna en que vivimos requiere de los cristianos pensantes un discernimiento especial. Desde una perspectiva evangelizadora es un índice de la búsqueda de satisfacción espiritual que subyace a toda expresión religiosa y que puede ser una ventana abierta a la comunicación del Evangelio. Desde una perspectiva pastoral, a veces saca a luz la carencia de una espiritualidad evangélica. Una fe que se ha quedado en ideas acerca de Dios y la vida cristiana, sin la práctica de la oración y otras disciplinas espirituales, y sin sensibilidad a la dimensión no racional de la vida, no tiene mucho que ofrecer frente al hambre espiritual de las nuevas generaciones. La comercialización de la fe que se aprovecha de la necesidad espiritual de las personas ya va entrando en el mundo evangélico. Ya aparecen entre nosotros apóstoles ungidos y ventas de objetos bendecidos. No basta la batalla de las ideas correctas . Es también tiempo para la oración, la apertura al Espíritu Santo, y el discernimiento espiritual.
Samuel Escobar, exPresidente de las Sociedades Bíblicas Internacionales, es un conocido escritor y conferenciante internacional
© S. Escobar, ProtestanteDigital.com (2004, España) |