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Elogio del lápiz bicolor
Escribir es importante, pero la retroalimentación no lo es menos. Hay que leer, y hacerlo con... espíritu crítico. Un ejercicio tremendamente didáctico para la formación del criterio por la vía de entrenar el espítitu crítico es el de subrayar textos de prensa –desde la gran revista interdenominacional al humilde boletín de la iglesia– lo que es información con un lápiz azul y lo que es opinión con uno rojo. Esto es, todo aquello que responda a las seis preguntas de la noticia –“¿qué?”, “¿quién?”, “¿cuándo?”, “¿dónde?”, “¿cómo?” y “¿por qué?”– se señala como noticia, mientras que todo lo que sean hipótesis, deseos, conjeturas, suposiciones, pareceres, especulaciones, puntos de vista corporativos, interpretaciones personales... lo el sermón directamente! se señala como lo que es: opinión. Prueben y vean.
El periodismo no consiste en imprimir sermones, sino en publicar noticias. El fin del periodismo serio no es ganar el aplauso fervoroso de audiencias cautivadas, sino difundir informaciones, datos, análisis para que los lectores reflexionen y saquen sus propias conclusiones para que puedan formarse su propio criterio.
¿Y los artículos de opinión?
Los artículos de opinión –sin descartar, por supuesto, los de contenido espiritual, a condición de que estén bien escritos y aporten algo nuevo–... en su momento y lugar. Claro que cabe la opinión en nuestros medios; lo que está leyendo el lector que haya llegado hasta aquí –en el supuesto de que alguno haya llegado– es un artículo de opinión. Pero lo primero, primero: la razón de ser de los medios es publicar y difundir noticias. Los sermones, luego.
Una entidad tan poco sospechosa de izquierdismo religioso como es el FBIS, el servicio de información bautista fundamentalista de Estados Unidos, alertaba recientemente en un comunicado del peligro de las falsas conversiones. El hecho de que una serie de personas acaben levantando la mano ante la machacona insistencia del predicador estrella de turno en el acto (“espectáculo”) central de la súper campaña evangelística equis no quiere decir que esas personas hayan “acudido a los pies del Señor” ni que al punto fueron “salvos”, sino, simplemente, que levantaron la mano ante la invitación del orador a todos aquellos que quisieran hacer pública su intención de hacer profesión de fe en Jesús.
Otro ejercicio ciertamente revelador es grabar programas de ”bustos parlantes” evangélicos de radio y tv para picarlos, imprimirlos y leerlos luego. Prueben, prueben...
(En descargo de grandes radio y televangelistas: esta “prueba del nueve” echa por tierra igualmente la leyenda de los más grandes comunicadores audiovisuales. Cuando la comunicación se pasa a papel impreso y es cada lector el que ha de ponerle la entonación y la temporalidad, las cosas cambian... El receptor pasivo que somos en los cultos o cuando se sigue un programa de radio o se convierte en un receptor activo. Entra en escena un factor crucial: la posibilidad de reflexionar sobre lo que nos están diciendo. Ya no vale apelar a la fibra emocional –el aplauso dirigido, tantas veces sin que venga a cuento, o el “amén” provocado justo para mantener anulados los resortes reflexivos).
Manuel López Rodríguez es periodista, director
de la revista FOTO ,
y profesor de Ciencias de la Información en Madrid |