Número 40 - 15 de junio, 2004
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Editorial

Evangélicos en el poder

El peso de los evangélicos en la política de Latinoamérica es cada vez mayor. Esto es resultado cuantitativo de su número; y cualitativo de su peso en la mejora social de sus miembros. Sin embargo, se plantea una cuestión de enorme relevancia: ¿Para quién se legisla? ¿Impondrán un orden moral cristiano a quienes no lo son?

Es lícito y deseable orientar la actuación política de un cristiano hacia leyes más justas y solidarias. Sin embargo, al entrar en cuestiones de moral, sin dejar de defender sobre todo la libertad para las opciones éticas coincidentes con el cristianismo, no podemos dejar de entender que vivimos en una sociedad que no comparte nuestros principios, y para lo cual está en todo su derecho.

¿Haremos redadas continuas contra las prostitutas y sus clientes? ¿Prohibiremos las películas que no coincidan con nuestros valores? ¿Prohibiremos jurídicamente la infidelidad matrimonial y castigaremos a quienes la practiquen? Si hacemos esto, además de hacer estallar las cárceles, la paz social y la economía del país, estaremos haciendo lo mismo que los integrismos religiosos: imponer la moral de un grupo religioso de poder a todo un país, crean o no crean. Debemos influir hasta donde nos es posible con nuestras convicciones, pero sin olvidar que se legisla para todos los ciudadanos.

Por otro lado, hay una clara doble moral de las sociedades cristianas. Por ejemplo, en EEUU, y sin entrar en la cuestión de la guerra de Irak, se defiende desde el cristianismo evangélico y católico el no abortar, pero se permite la muerte de los ya nacidos si no tienen una economía saneada: la sanidad pública es muy limitada, ya que las aseguradoras de la sanidad privada son un negocio que nadie se atreve a cuestionar. Y si no tienes dinero, a empeñarse o a perder el empleo para intentar salvar la vida de tu marido/mujer/hijo. Claro que es también una doble moral defender el derecho a la sanidad pública y promover el aborto; pero quienes hacen esto, al menos, no son cristianos… en su inmensa mayoría.

El escenario para un planteamiento ideal, a nuestro entender, lo facilita la campaña del “preservativo sí, preservativo no”. No impida nadie que se diga que el preservativo previene el Sida, o el embarazo. Pero que tampoco se esconda o se ridiculice que otra opción igualmente útil -para quien libremente la escoja- es la fidelidad a la pareja o la abstinencia sexual si así se quiere. En definitiva, “Se fiel, abstente, o si no usa el preservativo. Tú eliges”. Pero siempre queremos tachar la mitad de la frase.

 
EDITORIAL
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JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
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