El gol de un protestante canario
“Valerón pone a Sáez en evidencia”. Con este titular abría su sección de deportes el pasado día 13 el diario LA RAZÓN. El periodista José García Candau se refería a la supuesta obcecación del seleccionador nacional, que sigue creyendo más en los nombres que en los hombres, por no haber dado entrada a Valerón al principio del partido disputado contra Rusia el día anterior y en el que Valerón marcó el gol que valió los tres puntos a España.
Mi cristal tiene diferente color. Yo juzgo el incidente desde otra perspectiva. El domingo 6, días antes del partido, Iñaki Sáez llevó a todos los jugadores de la selección, titulares y suplentes, a la catedral católica de Santiago de Compostela para que abrazaran una imagen que quiere representar al apóstol Santiago. Todos abrazaron la imagen. Todos menos Valerón, que es protestante. Y fue él quien marcó el gol que dio el triunfo a España. ¡Vaya por Dios!
Valerón ciertamente puso a Sáez en evidencia, pero en evidencia ante la imagen, que a lo que parece no está por los partidos de fútbol.
Aquél día, en la catedral, después del sermón de Calvo Tojo, Iñaki Sáez dirigió a la imagen estas palabras: “Tú iluminas y das fuerza a quien a ti se acerca. Por eso estamos aquí. Somos la selección española de fútbol, es decir, representamos de alguna manera a todos los pueblos de España unidos por una pasión común: el fútbol. Querido apóstol, el fútbol es nuestra pasión y la de millones de españoles. Somos conscientes de la influencia que ejercemos sobre los jóvenes y por eso te pedimos aquí tu inspiración divina”.
Acto seguido los jugadores abrazaron la imagen. Valerón no lo hizo. Lo destacaba Diego Torres en EL PAÍS: “El único jugador español que no abrazó la figura del apóstol Santiago. Por razones morales, se entiende; no por falta de fe”.
Otro redactor deportivo, Carlos E. Carbajosa, mostraba su perplejidad en las páginas de EL MUNDO : “Fue, la verdad, algo un poco extraño. No le hubiera costado nada hacerlo”.
¿Nada? ¿Es nada la conciencia? ¿Es nada la lealtad al mensaje de Jesús? ¿Es nada el conocimiento de la Biblia? ¿Es nada la fidelidad a la fe que se profesa? ¿Es nada la interioridad espiritual? ¿Es nada la obediencia al mandamiento bíblico que prohíbe la fabricación de imágenes? ¿Es nada la declaración del propio San Pedro de obedecer a Dios antes que a los hombres? ¿Abrazaría Carbajosa una imagen de Buda? ¿Daría vueltas en torno a la piedra negra instalada en Meca, capital de Arabia Saudita, para cumplir preceptos del Corán? ¿Permitiría que lo circuncidaran para hacer de él un buen judío?
Juan Carlos Valerón practica una espiritualidad más sincera, más intimista. No se le puede incluir en la charanga de una gente camino de diversión, sólo que revestida, o se la quiere revestir, de religiosidad. “Es un hombre místico –dice de él Diego Torres- un fervoroso creyente, cristiano no católico”. Ejemplo de humanidad. “No esperen de él ni una palabra más alta que otra –añade Enrique Ortego-. Ni en la gloria ni en el infierno. Ni en la titularidad ni en la suplencia…. Es tan tímido que hasta le da vergüenza ser protagonista”.
Por estas cualidades humanas y por sus creencias religiosas lo pasó mal cuando jugaba en el Atlético de Madrid. Jesús Gil, residente ahora en el más allá del más acá, lo increpó en varias ocasiones con la grosería que le caracterizaba exigiéndole que marcara más goles y leyera menos la Biblia. El mismo lenguaje empleaba Gil con otros dos protestantes que jugaron en el Atlético, Baltasar y Donato.
Jesús Gil ha desaparecido y Valerón sigue firme en su vocación y en su profesión, leyendo la Biblia y marcando goles. El diario SPORT cuenta que el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, “volvió a ejercer de adivino” cuando en el descanso llamó por teléfono a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien presenciaba el partido en directo, y le dijo que “la solución era que entrase Valerón”.
Entró y solucionó el problema.
Valerón tuvo la solución para los males del equipo y conoce la solución para los males del alma.
“Hay que ser de Valerón”, titulaba Jesús Alcalde en EL MUNDO.
Sí, hay que ser de Valerón en el seguimiento de la fe cristiana que da sentido a su vida. Se viva donde se viva, hay una Iglesia evangélica cerca. Una Iglesia de características similares a la que asiste Valerón cuando el tiempo se lo permite. Y si no se la encuentra, en esta página estamos para ayudar. Así que a mandar.
P.D. España no pasó del empate el pasado miércoles contra Grecia. Valerón, que salió en el segundo tiempo, no marcó. Esta vez, ni Santiago ni la Biblia inspiraron la victoria. ¡Qué le vamos hacer!
J.A. Monroy es un escritor y conferenciante internacional
© J. A.
Monroy, ProtestanteDigital.com, 2004 (España) |