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Número 40 - 15 de junio, 2004
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MANUEL DE LEÓN

El ecumenismo está cambiando

El movimiento ecuménico significa varias cosas a la vez y, según desde qué ángulo de fe se mire, este puede verse diferente. Mientras para la iglesia católica significa además de la preocupación por la unidad, también el de una renovación que la haga menos exclusivista y pontifical. Desde principios del siglo XX y dentro del marco protestante, la visión de la unidad se ampliaba a la expansión del evangelio por todo el mundo a través de sociedades misioneras. Hoy, desde mi óptica personal que no es de especialista en la “oihumene”, parece que el ecumenismo es una batalla menos universal o de encuentro de religiones y si mas personal. Estos días me han invitado a formar parte de un foro interreligioso. Son muchos los intelectuales que no caben dentro de las estructuras de las instituciones eclesiales o denominacionales y quieren compartir experiencias de fe y analizar otros puntos de vista. También hay grupos de base comprometidos con la verdad de un solo cuerpo, un solo espíritu en el vínculo de la paz.

Es cierto que el protestantismo sintió primero la necesidad de la unidad, por la misma estructura denominacional que creaba una imagen exterior de división. Las Sociedades misioneras y de la Biblia, o las Sociedades de Jóvenes cristianos y cristianas, impulsaron causas comunes y, en el siglo XX, el movimiento ecumenista estaba desempeñado en exclusiva por los protestantes. En 1910 la Conferencia Misionera Mundial impulsó de manera irreversible el ecumenismo de la modernidad y el Consejo Mundial de las Iglesias fundado en 1948 con el objetivo de evangelizar, servir y orientar doctrinalmente, engloba una buena cantidad de iglesias de todo el mundo. Con el propósito de evangelizar el Consejo Mundial de las Iglesias promovió la Conferencia de la Fe y el Orden y las corrientes de servicio y doctrinal se fundieron en el Consejo Mundial de Iglesias.

La Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II, aunque sea a trompicones e impulsada por los movimientos internos y fundamentalmente de base, se ha integrado con habilidad y aprovechando bien todos los medios de comunicación para hacer ver sus avances en este sentido. Reuniones con ortodoxos o protestantes mas afines al modelo católico, han dado una imagen menos intransigente y exclusivista: (fuera de la iglesia no hay salvación). Sin embargo, los cambios que la postmodernidad origina con sorprendente rapidez, no son absorbidos fácilmente por la Jerarquía católica.

Por ejemplo. En las noticias por correo que un grupo de hermanas del Centro Ecuménico “Misioneras de la Unidad” me manda habitualmente y de las que se hacen eco de muchas noticias de “Protestante Digital” tenemos esta servida por Zenit sobre el movimiento migratorio y la necesidad de “dialogo” con los que profesan otra religión. El Consejo Pontificio concluyó en «necesidad de un método de diálogo para ayudar a los refugiados a comprender los valores cristianos y la noción de desarrollo integral de la persona y de igualdad del hombre y de la mujer». Sin embargo, la Asamblea plenaria pidió a toda la Iglesia «un conocimiento más profundo de los conceptos de verdad y de diálogo, de identidad y de relación con los demás, a la luz de la novedad de la revelación cristiana y del magisterio de la Iglesia». Un diálogo sometido al magisterio de la iglesia es un diálogo de sordos, porque nadie sabe lo que es el magisterio de la iglesia en la práctica. ¿Acaso es “magisterio”el obispo? ¿Acaso las encíclicas? ¿Acaso el Papa en sus bien elaborados sermones?¿Acaso es la Curia?¿Acaso el Concilio, como consenso de todas las tendencias? Pues los mismos Concilios son malinterpretados y- como en el caso de España- son papel mojado.

Hoy los católicos comprometidos huyen de este magisterio que impone, aunque sea bajo capa de “diálogo”. Hoy el ecumenismo está cambiando, no porque se haya hecho sincretista y quepan todas las “tradiciones”, sino porque hay gente comprometida en buscar, sin relativizar la Revelación, en entender la conversión personal y no la impuesta desde las Instituciones. El diálogo no será impuesto por la Organización, sino que nacerá en los rincones del alma y se posará en lugares de concordia. La era de la globalización, donde las religiones se hacen mas cercanas y las formas de vivir la fe nos sorprenden muchas veces, ya sea en las maneras de abordar la paz o la guerra, ya con sus valores altruistas y menos “económicos” frente a los del dinero y el poder, nos obligan a los cristianos a una Santidad de Vida con la que demos ejemplo y seamos testigos de Cristo.

Manuel de León es escritor, historiador, y director de "Vínculo"
(revista de las Iglesias de Cristo de España).

© M. de León, Asturias, España.

 
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