D o m i n i c a l
Número 41 - 27 de junio, 2004
  E D I T O R I A L

NOTICIAS

Internacional
España
Sociedad
Ciudades
España @l día

NEWS
From Spain
International
  HEMEROTECA
Especiales
Recortes de prensa
Números atrasados
Buscar

DOCUMENTOS
Históricos
Legales
Comunicados

INTERACTIV@
Tu opinión
Cartas
Libro de visitas
Chat
Foros

Recomendar

Agregar a favoritos
Página de inicio
¿Quiénes somos?
Patrocinada por:
Alianza
Evangélica
Española
miembro de:
European
Evangelical
Alliance
World
Evangelical
Alliance
Relatos  
REDACCIÓN

La ventana

Dos hombres ancianos, seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. Ninguno podía casi moverse, pero uno de ellos (el que estaba cerca de la única ventana) tenía la suerte de poder incorporarse en su cama de vez en cuando, durante el poco tiempo que le dejaban sus escasas fuerzas, afectadas por una grave enfermedad. El otro paciente, totalmente escayolado por un terrible accidente de tráfico, tenía que permanecer quieto y boca arriba, en un auténtico tormento de quietud.

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus vidas, de la coincidencia de no tener ya ninguna familia ni amigos que les visitasen, sus recuerdos... Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el rato describiendo a su vecino el panorama que podía ver desde su privilegiada posición. El hombre inmovilizado llegó a desear con toda su alma esos momentos, en la que el reducido mundo de la habitación se ensanchaba, y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior que él no podía ver.

La ventana, le decía su compañero, daba a un parque con una preciosa fuente y un pequeño lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de vivos colores. Frondosos árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista del perfil de la ciudad. El paciente que estaba junto a la ventana tenía el arte de hacer un relato exquisito, lleno de detalles y de vida. Desde el otro lado de la habitación, su compañero cerraba los ojos e imaginaba las escenas.

Así pasaron un par de semanas. Una mañana, la enfermera del turno de día entró como cada mañana, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Tras superar el vacío de su compañero, al que había llegado a apreciar mucho, el otro hombre pidió ser cambiado a la cama que estaba junto a la ventana, a lo que los médicos accedieron.

En cuanto se quedó solo, lentamente y con enorme esfuerzo, el anciano aprovechó la progresiva mejoría que estaba teniendo para apoyarse en su codo, y conseguir lanzar su primera mirada al ansiado mundo exterior que le había relatado su fallecido amigo. ¡Por fin tendría la alegría de verlo por él mismo! Se esforzó para girarse despacio y mirar a través del cristal... ¡y se encontró con la pared blanca de un edificio!

El hombre se quedó mitad asombrado y mitad enfadado. En cuanto volvió a entrar la enfermera en la habitación le contó la extraña experiencia, y le preguntó qué podría haber motivado a su antiguo compañero a describir cosas tan hermosas y falsas a través de la ventana. La enfermera le explicó que aquel hombre casi no podía ver, y que difícilmente habría alcanzado a vislumbrar más allá de diez o veinte metros. Sin embargo, se quedó pensativa, y le contestó finalmente: "Quizás sólo quería animarle a usted".

En todo tiempo ama el amigo.
Y es como un hermano en tiempo de angustia ( Proverbios 17:17 )

© Tomado de internet. Edacción y adaptación de la redacción de ProtestanteDigital (ProtestanteDigital.com, España, 2004)

 
mARTEs
JOSÉ DE SEGOVIA
De par en par
JUAN SIMARRO
Orbayu
MANUEL LEÓN
dLirios
Luis Marián
Letra pequeña
MANUEL LÓPEZ
La voz
CESAR VIDAL
Claves
WENCESLAO CALVO
Íntimo
YOLANDA TAMAYO
. PUBLICIDAD






© 2003 Protestante Digital, España.
Las opiniones vertidas por nuestros colaboradores se realizan a nivel personal, pudiendo coincidir o no con la postura de la dirección.
Colabora: